Blog

Aurora Díaz
29.05.2019
La Fundación

©Cristòfol Oliver

Abren los ojos con los primeros rayos de sol, cada mañana, Bharathi y Netravathi se despiertan a las cinco y media. Antes de preparar el ritual a sus respectivos dioses, toman un baño y se peinan trenzando el cabello. A las ocho y media desayunan y a en punto Bharathi ya está sentada en su máquina de coser en el taller de confección; Netravathi, al lado de su bastidor, en la sección de bordados. Esta es la matinal rutina de las chicas que hacen vida en Udegolam, uno de los cuatro talleres de artesanía para mujeres con diversidad funcional de la FVF.

En este taller de artesanía, chicas jóvenes con polio superan un pasado de discriminación y pobreza para construir un futuro de esperanza

Un total de cuarenta mujeres, todas ellas con polio, confeccionan carteras, fundas de gafas y bolsos en este taller iluminado con la luz natural que entra por el florecido patio interior. Este proyecto rompe con su vida anterior, un pasado de discriminación social y familiar. Ser mujer con diversidad funcional en la India rural significa a menudo no ser nadie, no moverse, no hablar. Inútil, Invisible. “El coordinador del vikalangula shangam (asociación de personas con discapacidad) de mi pueblo me habló de los talleres. Al principio tenía miedo de formar parte de esto. No sabía cómo relacionarme con las personas. Nunca había interactuado con gente. Tampoco me veía capaz de realizar las tareas”, contaba Bhanrathi, de 28 años y llegada hace tres años.

"Las compañeras del taller son mis hermanas. Aquí tengo libertad", cuenta Netravathi

Antonio Torres
20.02.2019
Islas Baleares

Llegó febrero casi sin avisar y una alerta en el móvil me avisó de que la salida hacia Anantapur (India)  estaba ya muy cerca. En ese momento no puede evitar mirar hacia atrás y esbozar al instante una sonrisa de completa felicidad. Un año más, el esfuerzo de tantas y tantas personas había valido la pena y estaba a punto de dar sus frutos. Los nervios en los preparativos, las largas reuniones, las múltiples salidas de fin de semana a las noches de arte es lo que nos ha permitido llegar de nuevo hasta aquí y poder decir bien alto: “Lo hemos logrado. Hemos conseguidos los recursos necesarios para construir una segunda escuela de refuerzo en el sur de la India gracias al proyecto ‘Mata Ombres’.

‘Mata Ombres’ (Mata Sombras) nació hace dos años con el objetivo de unir e impulsar el arte, la educación, la solidaridad y la transformación social. El proyecto se divide en tres partes. La primera es la realización de obras gráficas por parte de reconocidos artistas baleares, cuya distribución y venta sirve para recaudar dinero para construir una escuela en el área de actuación de la FVF. La segunda, el viaje a Anantapur, donde cada artista realiza una obra de arte que quedará en la Fundación. Y una tercera que consiste en una exposición itinerante con las obras que hacen los artistas, inspirándose en su experiencia en la India. Cuando empezamos a plantear esta iniciativa éramos conscientes de que era difícil, un verdadero reto, pero se ha demostrado que no era imposible.

Sheeba Baddy
Sheeba Baddy
24.12.2018
La Fundación

Cuando empecé a trabajar para la FVF, en 1996, tenía 20 años y acababa de salir de la universidad. Me pareció una gran oportunidad, me ofrecían trabajar para la organización en la que me había criado, al tiempo que aprendía un idioma, el castellano. Ni lo dudé. En ese momento, en el departamento de Apadrinamiento había dos traductoras y unos 6.000 niños y niñas apadrinados. Lo que significa unas 10.000 cartas anuales a traducir. Por suerte contábamos con el apoyo de alumnos de español que venían expresamente desde Hyderabad. Con sus clases y las de algunos voluntarios y voluntarias españoles que empezaron a venir por esa época, al cabo de un año, ya me defendía bien en castellano.

Recuerdo con especial cariño esos primeros años y, en concreto, una anécdota que vivimos con Vicente Ferrer, Father, como le llamamos en la India, a pocas semanas de Navidad. Era temprano por la mañana, entró en la oficina con paso decidido y una enorme sonrisa. Nos reunió a todos y nos dijo: “Necesito 8.000 nuevas fichas de niños y niñas apadrinados para mandar a España antes de Navidad”. Nadie dijo nada, nos quedamos en shock, pero si esto era lo que la organización necesitaba había que lograrlo. Nos pusimos a trabajar sin pausa durante los siguientes días. Father venía a diario, nos preguntaba cómo íbamos y nosotros solo le respondíamos: “Todo controlado”. Fue una locura ahora que lo pienso, pero una locura de las que te sacan una sonrisa.

Marta Espasa
21.12.2018
La Fundación

La Navidad es sinónimo de fiesta, luces y regalos. La publicidad y la sociedad de consumo nos han hecho creer que la cantidad de regalos que recibe un niño o niña por estas fechas es directamente proporcional a su felicidad. Nada más lejos de la realidad. El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, padre de tres hijos y autor del libro ‘El cerebro del niño explicado a los padres’, traducido a 11 idiomas, defiende que los niños no necesitan más juguetes sino menos porque tienen demasiados y eso les impide ver el valor que tienen. De hecho, afirma que la ciencia ha demostrado que tener más cosas, consumir o acumular no contribuye a la felicidad de las personas.

La Navidad es una buena época para enseñar a los más pequeños de la casa que en la carta de Papa Noel o los Reyes Magos, además de juguetes, también tienen cabida otro tipo de peticiones: regalos con valores, regalos con futuro para los niños y niñas de la India. Esto es lo que pensó la familia Moreno Rodríguez cuando buscaba un regalo distinto para sus hijas Mariona y Lia, de seis y cuatro años, respectivamente. “Queríamos que fuera un regalo no material y que las niñas fueran las protagonistas” explica Mónica Rodríguez. 

El 6 de enero, al levantarse Mariona y Lia encontraron debajo del árbol una caja con una carta de Vennela. “Enseguida entendieron que tenían una amiga muy especial que vivía muy lejos, en la India. Porque desde el primer momento se sintieron ligadas a ella” recuerda Mónica. La llegada de Vennela ha servido a la familia Moreno Rodríguez para trabajar la diferencia, la solidaridad y el compromiso con las personas más desfavorecidas.

Raquel Artiles
18.12.2018
La Fundación

©Marc Puig

Desde 1997, el fotoperiodista Ángel López Soto hace seguimiento de los 150.000 tibetanos exiliados en el mundo tras la invasión de China, en 1950. En una ocasión, fue recibido por el Dalai Lama. El líder tibetano había sido un aficicionado a la fotografía y López Soto le preguntó por ello. Él le contestó: “Ya no tengo tiempo, además, ¿qué importancia tiene una fotografía?”,a lo que el fotoperiodista le respondió: “Yo soy fotógrafo”. “Lo tuyo es diferente. Tú estás haciendo un servicio”, respondió Dalai Lama.

Las palabras del líder político y espiritual del pueblo tibetano reflejan la utilidad de la fotografía social para proyectar al mundo las injusticias y establecer conexiones con la sociedad a través de la empatía y los valores humanos.

“A lo largo de mi experiencia profesional en los viajes he descubierto que la educación es la única herramienta de transformación, algo que no apreciamos en los países en desarrollo”, señaló López Soto en el marco de su conferencia ‘La educación, una herramienta para erradicar la pobreza’. Retrató las Tibetian Children’s Villages que acogen a 12.000 niños y niñas refugiados, y que se han ido estableciendo en la India y Nepal. “Sus padres les dejan allí para que puedan estudiar según sus tradiciones (algo que no pueden hacer en su propio país) y regresan al Tíbet. Las autoridades tibetanas sabían que se enfrentaban a un exilio duradero, así que con esta iniciativa tratan de normalizar en lo posible sus vidas y no perder sus costumbres”. En estos centros “hay mujeres que asumen el rol afectivo de las madres, al que sus pequeños han tenido que renunciar por el exilio. Cada una de ellas tiene a su cuidado a unos 30 niños y ninas”, explicó.

Raquel Artiles
18.12.2018
La Fundación

 ©Marc Puig

Cuando Save The Children encargó a Mingo Venero (Santander, 1977) retratar la pobreza infantil en España, se encontró ante uno de los trabajos más complicados de su vida profesional, “porque estamos condicionados por un estereotipo de la pobreza vinculada a los países en desarrollo”, explicó el fotoperiodista en su ponencia de las III Jornadas de Fotografía Social. Laia Tort, periodista que le acompañó en este proyecto desde el área de Incidencia Ciudadana de la organización, señaló que la ausencia de imágenes es uno de los factores que impiden que la ciudadanía empatice con la pobreza local. “Si vas en el metro no puedes distinguir si un niño es pobre o no”. No obstante, 1/3 de los niños y niñas en España están en riesgo de exclusión: No tienen una adecuada alimentación, ni recursos para abordar situaciones inesperadas, acceso al ocio o a temperaturas adecuadas para afrontar el frío del invierno, como retrata una de las fotografías más demoledoras de Venero, en la que una familia calienta el agua con una resistencia para bañar a su pequeña: “No es hambruna, pero es una forma de vida que existe y debemos conocer todos”, explica.

Ante este reto profesional Mingo Venero optó por enfocar su trabajo sin mensajes directos, sino invitando a leer entre líneas. En sus fotos hay tristeza, pero también juego y afecto “porque la dignidad no está reñida con la pobreza”.

Raquel Artiles
14.12.2018
La Fundación

 ©Marc Puig

Ana Palacios, (Zaragoza, 1972) dio un giro a su vida a los 37 años. “Vi por televisión a una voluntaria de la Fundación Vicente Ferrer que se llamaba Sara Crespo y el trabajo que hacía en la India para la rehabilitación de niños y niñas con discapacidad. Irradiaba fuerza, energía y carisma. Y me dije: yo quiero hacer eso”. Hasta entonces, esta licenciada en Periodismo, que había estudiado un máster de Cine en Los Ángeles, trabajaba para distintas productoras, como Fox o Paramount, produciendo películas americanas con un altísimo presupuesto y trabajando con directores como Polanski y actores como Sean Penn u Orlando Bloom. “Se me daba muy bien organizar, pero también me molestaba el despilfarro de esa industria”.  Conocer a Sara Crespo marcó el punto de inflexión en su vida personal y profesional. Quiso ir a la India y lo hizo a través de unas monjas misioneras. Viajó hasta un orfanato de un slum de Mumbai y empezó a retratar  a las personas que allí encontró desde la distancia “de una niña hipocondríaca y pija. No sabía qué haría con las fotos”. Hasta que uno de sus últimos días conoció a Raju, un niño afectado por la polio “desnudo y atado en su casa y, a pesar de eso sonreía. Por primera vez sentí rabia y dolor”.

Le explicaron que sus padres debían dejarlo atado para ir a trabajar y evitar que rodara y se golpeara con todos los objetos de la casa. “Descubrí entonces que existen otros parámetros, que no podía mirar esa realidad con mis gafas de primer mundo, y que aún menos podía juzgarlo. Fue una lección de humildad y entendí la sombra en la que viven 2/3 de la población”.

Dr. Meddipatla Rangaiah
14.11.2018
La Fundación

©Aina Valdaura

El año pasado, casi un millón de personas murieron en la India por causas relacionadas con la diabetes, según estimaciones de la Federación Internacional de Diabetes (FID). La mitad de ellas tenían menos de 60 años. Aquí, la enfermedad no ha parado de aumentar en los últimos años y se prevé que lo siga haciendo a un ritmo vertiginoso en las próximas décadas.

El reto es mayúsculo: de los 73 millones de casos detectados en 2017, se prevé que la India tenga más de 134 millones de personas diabéticas en 2045, convirtiéndose en el primer país del ranking mundial por delante de la China. Además, la FID calcula que actualmente sólo un 46% de los enfermos están diagnosticados. Esto multiplica el riesgo de que la enfermedad derive en graves complicaciones como ceguera, pie diabético, úlceras, gangrenas, infartos o insuficiencia renal.

Los factores de este crecimiento desbocado de la diabetes en la India son varios. El arroz es la base de la dieta en esta zona de la India, con una media de 3 platos al día, lo que tiene como resultado un exceso de carbohidratos. A esto debemos sumarle el escaso consumo de verduras y otros alimentos ricos en proteínas, ya sea por los elevados precios o por la entrada de alimentos procesados, normalmente más baratos y especialmente atractivos para el público más joven. La pobreza y la malnutrición han hecho de esta enfermedad un problema crónico también en las zonas rurales, a diferencia de lo que pasaba años atrás.

En las zonas rurales, las personas consumen tres platos al día de arroz. Esto, unido al bajo consumo de verduras y alimentos ricos en proteínas, explica la alta incidencia de diabetes

Carla Fibla
15.10.2018
La Fundación

“Cada día me levanto a las cuatro de la mañana, cocino, limpio el establo, barro la casa y recojo a los trabajadores con el carro de bueyes. A las ocho llego al campo, le entrego la comida a mi marido y me pongo a trabajar codo con codo con mi marido y el resto de jornaleros. Quito las malas hierbas, enciendo la bomba de agua, mezclo los fertilizantes, superviso el sistema de riego por goteo, llevo a pastar a los animales...Vuelvo a casa a las tres del mediodía, como algo, limpio la ropa y los cacharros, alimento a los bueyes y me pongo a preparar la cena. Me voy a dormir alrededor de las 21.30 y las 22h”. Esta es la ardua jornada de Salamma, una mujer de 60 años que vive en Vannurappa, una pequeña localidad del distrito de Anantapur (en el sur de la India). Aparentemente, podría pensarse que la sumisión a su familia y al campo, sin tiempo para ella, no ha evolucionado en las últimas décadas, pero los 2 hijos y 2 hijas de Salamma son la prueba de que la mentalidad y determinación de su madre ha logrado materializar el cambio en la siguiente generación.

 

Ivan Puerta
01.10.2018
La Fundación

Llegué a la India hace año y medio con muchas ilusiones. Quería transformar, aunque sólo fuera en una milésima parte, los sistemas constructivos que se estaban empleando, para evitar que se cometieran los mismos errores que se han producido en España con el uso indiscriminado del hormigón y de materiales químicos que atentan contra la salud de las personas.

Mi apuesta era la bioconstrucción que es una forma de construcción más razonable, sostenible, que usa materiales naturales y que sabe aprovechar lo que el entorno nos ofrece. Las ventajas son muchísimas:

Ambientales: reduce los vertidos, mejora la calidad del agua, aire y suelos, disminuye el consumo de los recursos no renovables, apuesta por el uso de materiales no manufacturados, con procesos químicos contaminantes y finalmente, adecúa las edificaciones al clima y al entorno, mejorando su integración paisajística.

Sociales: incrementa la calidad de vida, mejora el bienestar y confort interior y exterior de los espacios, mejora la salud y también favorece los trabajos manuales y participativos, así como la autoconstrucción.

Económicas: reduce considerablemente el mantenimiento, disminuye el consumo de recursos al crear edificios más eficientes, la mano de obra propia y los materiales son de proximidad lo que favorece a la disminución del coste final.

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"Desde la Fundación Vicente Ferrer siempre hemos notado vuestra cercanía, pero queremos aproximarnos todavía más. Por eso ponemos en marcha una sección de blogs para trasladar directamente nuestros mensajes, nuestros proyectos, contar a la sociedad lo que hemos hecho desde hace 45 años y los retos que quedan por abordar. Queremos, fomentar en las nuevas generaciones el espíritu de la solidaridad, contribuir a expandir su mirada, en ocasiones condicionada por las constantes  propuestas consumistas y por un cierto conformismo social."

Anna Ferrer

Autores

Ana Pastor
Reconocida periodista que destaca por su compromiso social.
Rosa Maria Calaf
Rosa María Calaf Solé es una periodista española y antigua corresponsal de RTVE
Moncho Ferrer
Director de Programas de la Fundación Vicente Ferrer
Jordi Folgado
Director general de la Fundación Vicente Ferrer
Raquel Artiles
Periodista, especializada en los últimos años en el tercer sector.
Anna Ferrer
Presidenta de la Fundación Vicente Ferrer.