El arte y la cultura no entienden de discriminación

  • Comunidades tribales, clases bajas, niñas y niños con y sin diversidad funcional se unen en un concurso artístico e inclusivo

Gopi, profesor de baile en la FVF, sabe de las enormes capacidades de sus alumnos y alumnas con diversidad funcional. “El arte y la cultura no entienden de discriminación. Estoy muy orgulloso de que puedan participar en este evento”. Desde el año 2000, la FVF organiza competiciones de canto y baile entre niños hasta los 17 años para fomentar el aprendizaje en diferentes artes y cultura de la India. ‘Vikasam’ (florecer, en telugu, lengua local), es el nombre de este festival, en el que participan cientos de niñas y niños de Andhra Pradesh.

Sus alumnos con diversidad funcional han participado en este festival. 

Chineri, de 15 años, bailarina.

“Gracias a estas competiciones los niños y niñas no reparan en sus discapacidades y además, es un buen lugar para que el resto vea que quienes han sido siempre estigmatizados, pueden ser capaces de todo”, argumenta. Chineri, su alumna de 15 años, observa a sus compañeros y compañeras mientras corretean nerviosos antes de actuar. “Este año no compito, pero estoy muy orgullosa de verles. Cuando Gopi no está, yo también les doy clases”. Chineri tiene problemas de visión y piel debido al albinismo. “El baile me ha permitido desarrollar confianza en mí misma. Y valor, mucho valor”, cuenta. “Nunca he sentido discriminación en mi entorno, porque he crecido y en la escuela de la FVF. En otros ambientes es diferente”, señala. “Hay una parte de la sociedad que los ignora. Hemos tenido que reinventar el sistema comunicativo en la danza”, añade Gopi.

Venkatamma tiene 10 años y es la primera vez que sale de su pueblo. Pertenece al grupo tribal de los Chenchus, quienes habitan desde hace décadas en los bosques de Nallamala, entre los estados de Andhra Pradesh y Telangana. También es la primera vez que participa en una competición de baile. “Nunca creí que saldría de mi comunidad porque soy una niña chenchu”, dice mientras se retoca la larga trenza.

 

El peso de la masculinidad y la clase

Narsima, bailarín, 17 años.

“En la escuela siempre he sido para todos mis compañeros el trans”, cuenta Narsima, bailarín de 17 años. La danza bharatanatyam, es un tipo de baile que tiene sus origines en el sur de la India, es considerado la evocación espiritual del fuego a través del cuerpo humano. “Como soy un hombre he sido criticado y discriminado por bailar esta danza que se considera de mujeres. La sociedad dice que los chicos no debemos bailar y solo se puede cambiar este pensamiento a través de la educación”, señala. Narsima estudia en la escuela de artes de Tirupati gracias a una beca de la FVF y también le gustaría ser profesor de historia. “La presión social y la tradición a veces, resultan agotadoras. Hay adolescentes que como yo, no lo soportan, por eso hay que cuidarse a uno mismo y seguir adelante”, cuenta. Muchas veces ha pensado en cambiar por sentirse excluido. “Soy de un pueblo remoto y todo el mundo habla. Al principio mis padres no me apoyaban, pero ahora sí. He nacido para bailar”.

 

Nitim, bailarín de 17 años.

Nitim, de 17 años, al igual que Narsima, también estudia en Tirupati: “Soy pobre pero voy a seguir bailando. La danza siempre ha estado disponible para las castas altas, pero no es cierto, el escenario es un lugar para todas las personas”.    Tiene claro que su vocación es el baile y en el futuro le gustaría ser coreógrafo. “Los niños de familias desfavorecidas tenemos que tener las mismas oportunidades y por eso estoy muy orgulloso de participar en este evento”, señala. Narsima empezó a bailar cuando estaba en segundo curso, en sus inicios, su padre no le apoyaba porque no veía un futuro que asegurarse la economía de su hijo. “Cuando me rompí la pierna él vio lo que significaba el baile para mí. Fue muy duro no poder bailar durante aquellos meses, y después de eso, me animó a seguir bailando”. 

Los alumnos de Gopi salen a escena. Él se queda frente al escenario, de pie. Con una tranquila postura, dirige a sus pequeños bailarines.

 

Texto y fotos: Aurora Díaz Obregón