Vivir sin agua

“No tenemos agua para beber y por eso nos vemos obligados a cogerla de los pozos de los terratenientes, con peleas continuas”, ha justificado Lakamma, vecina de un pueblo de Madakashira, que junto con Uravakonda son las zonas más afectadas por la sequía que afecta al distrito de Anantapur. El aumento de las temperaturas agrava la crisis de agua subterránea a la que se enfrenta Anantapur cada año.

Según el diario Deccan Chronicle, la mitad de los pozos del distrito se han secado. La causa, aseguran los representantes del Gobierno, es la sobreexplotación del agua subterránea. Existen leyes que limitan el número de pozos que se pueden perforar en cada zona, pero “nadie las respeta”, han afirmado los hombres del pueblo entre risas ante lo ingenuo de la pregunta. Los agricultores entienden que el agua que está en su tierra les pertenece. Desde los años 70 la utilización del agua subterránea para regadío ha aumentado exponencialmente hasta el punto de que en la actualidad, según una reciente encuesta nacional, el 80% de la tierra de regadío del país se nutre de este recurso. Además, desde esa misma década Andhra Pradesh ha protagonizado cinco de los diez conflictos que se han producido en el país por la distribución del agua de los ríos que comparten varios Estados. Tres de ellos todavía sin resolver.

Un grupo de hombres del pueblo de Ramanapalli han explicado que tienen problemas para conseguir agua durante todo el año, una situación que se agrava durante el verano. “En la zona hay que excavar a más de 300 metros para encontrar agua”, han apuntado. No falta quien intenta hacer negocio vendiendo agua en bidones. “¿Cómo vamos a comprar agua si nuestro jornal tan sólo alcanza para comer?”, se pregunta Narsamma, una mujer de 40 años que, como el resto de los habitantes del pueblo, trabaja como jornalera. Por ello, un vecino de un pueblo cercano ha decidido dejar de cultivar su cosecha y repartir el agua de su pozo. “Compré con mi dinero una cisterna para traer dos cargas de agua al día por las que el Gobierno me paga 1.200 rupias. Estoy perdiendo dinero sin cultivar mi campo, pero las personas son mucho más importantes”, ha afirmado Nagaraju. Gracias a esto, cada familia consigue 60 litros de agua al día que, si bien no es suficiente para cubrir todas sus necesidades, al menos puede paliar temporalmente la dura situación a la que se enfrentan las 150 familias del pueblo.

Los vecinos de Ramanapalli acudieron durante meses a las oficinas de la administración pública para pedir una solución que nunca ha llegado. Por ello, la Fundación Vicente Ferrer (FVF) ha decidido intervenir y en las próximas semanas construirá un pozo cerca de un riachuelo, enviando el agua hasta el pueblo a través de una tubería. Sin embargo, el cercano pueblo de Thonasapalli no ha tenido la misma suerte. Los hidrólogos de la FVF creen que no podrán encontrar agua y actualmente están buscando una solución. Ni con la tradicional prueba del coco para encontrar agua, ni con la de las varillas de los zahoríes. Ya nadie se arriesga a perforar un nuevo pozo.

Mujeres y niños, los más afectados
“Quienes más sufren son los niños. A veces beben agua salada que encuentran en algún campo y enferman”, ha comentado Jayamma, una mujer de 55 años que trabaja como cuidadora en un colegio. “En la escuela el profesor riñe a nuestros hijos porque van sucios. Ya se lo hemos dicho muchas veces, no tenemos agua para bañarles cada día y mucho menos para lavar la ropa, porque se malgasta mucha agua”, ha afirmado Sunita, una joven de 24 años que vive en la aldea de Thonasapalli. Allí ni si quiera el Gobierno envía agua en camiones-cisterna como sí lo hace en otras zonas. Cada semana Sunita y sus hermanas recorren varias veces los cinco kilómetros que separan su pueblo del pozo de un terrateniente para traer agua a su casa. “Lo hacemos de noche para que nadie nos vea, porque sino tendremos problemas”, ha confesado sentada frente a las diez tinajas de diferentes formas y tamaños donde almacena el preciado líquido. Ellas son las otras grandes perjudicadas, afectadas por problemas ginecológicos debido a la falta de higiene, ya que ni si quiera pueden lavar los paños que utilizan a modo de compresa cuando tienen la menstruación.