Ivan Puerta
Iván Puerta (La Rioja 1983) es ingeniero industrial y arquitecto técnico por la Universidad de Zaragoza que ha desarrollado su carrera en España y Perú. En los últimos años se ha especializado en la bioconstrucción. En la India ha desarrollado una pequeña planta de producción de ladrillos ecológicos, además de la construcción de la primera casa sostenible de la Fundación Vicente Ferrer.

“Construyamos un futuro más bello y sostenible”

La Fundación

Llegué a la India hace año y medio con muchas ilusiones. Quería transformar, aunque sólo fuera en una milésima parte, los sistemas constructivos que se estaban empleando, para evitar que se cometieran los mismos errores que se han producido en España con el uso indiscriminado del hormigón y de materiales químicos que atentan contra la salud de las personas.

Mi apuesta era la bioconstrucción que es una forma de construcción más razonable, sostenible, que usa materiales naturales y que sabe aprovechar lo que el entorno nos ofrece. Las ventajas son muchísimas:

Ambientales: reduce los vertidos, mejora la calidad del agua, aire y suelos, disminuye el consumo de los recursos no renovables, apuesta por el uso de materiales no manufacturados, con procesos químicos contaminantes y finalmente, adecúa las edificaciones al clima y al entorno, mejorando su integración paisajística.

Sociales: incrementa la calidad de vida, mejora el bienestar y confort interior y exterior de los espacios, mejora la salud y también favorece los trabajos manuales y participativos, así como la autoconstrucción.

Económicas: reduce considerablemente el mantenimiento, disminuye el consumo de recursos al crear edificios más eficientes, la mano de obra propia y los materiales son de proximidad lo que favorece a la disminución del coste final.

El máximo exponente de todo ello será la casa prototipo que estamos construyendo  desde el Departamento de Hábitat de la FVF. Sus objetivos son varios, pero, sobre todo, mejorar la calidad de vida de la familia que finalmente la habite. Durante los meses de verano, que son principalmente de marzo a mayo, en Anantapur permanecer dentro de una casa y conciliar el sueño es realmente complicado, pues las temperaturas suelen superar los 40ºC. Debido a ello, muchas familias optan por dormir en las azoteas, con los riesgos que esto supone: inseguridad, posibles picaduras de insectos y enfermedades infecciosas.

Por todo ello, gracias a un proceso participativo en el diseño y planificación de la vivienda, empleando sistemas pasivos de refrigeración, cambiando el material principal de construcción a bloques de tierra comprimidos y estudiando muy bien cada detalle, hemos podido llegar a un resultado que es práctico, cómodo y ofrecerá una habitabilidad durante todo el año además de cumplir con el resto de ventajas antes mencionadas.

Una vez dicho esto me gustaría señalar que nosotros no hemos inventado nada, simplemente hay que echar un vistazo al mundo que nos rodea donde el 40% de la población sigue viviendo en casas hechas con tierra y tenemos muchísimos edificios con varios siglos de antigüedad que siguen todavía en pie. Me viene a la mente cuando visitamos unas de las primeras casas que construyó la Fundación hace casi 50 años con técnicas tradicionales, vernáculas de esta zona y que eran muy frescas en comparación a las más modernas de reciente creación. Eso nos hace darnos cuenta que utilizando la tecnología, maquinaria y experiencia de la que disponemos hoy en día la apuesta no puede ser otra que la construcción natural y sostenible.

Llegados a este momento, cuando estamos a punto de finalizar la construcción, confío que este nuevo modelo de casa llegue a convertirse realmente en un punto de inflexión para el futuro, y pueda ser un ejemplo de promoción, siendo la FVF estandarte del cuidado del medio ambiente y la salud de las personas.

He de confesar que he intentado dar lo mejor de mí mismo y tras año y medio en la India sigo fascinándome con cosas nuevas cada día y cada una me llega a sorprender más que la anterior. Como ejemplo, sin ir más lejos, hoy mismo hemos realizado el techo de la casa ecológica. Me ha resultado todo un espectáculo observar cómo un grupo de doce o catorce obreros, mujeres y hombres, trabajaban de una manera tan armoniosa y sincronizada que cualquier cadena de montaje española habría pasado dificultades para seguir el ritmo que estas personas han llevado durante toda la jornada.

Los peruanos tienen una palabra que me encanta, es Ayni que en lengua quechua significa: ‘una forma de ayuda mutua, un trabajo comunal en tareas para el beneficio común’. Y es que, para mí, es de esta manera como entiendo que deben comportarse las personas y la bioconstrucción es un claro ejemplo de ello