Silvia García
Silvia García
Silvia García (Sevilla, 1973), es licenciada en Economía, especializada en el tercer sector. A lo largo de los últimos tres años ha coordinado el proyecto de comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer, a través de Integrated Development Trust (IDT). Antes de liderar esta iniciativa junto a Safia Begum, directora adjunta, había trabajado en El Salvador, Honduras, Paraguay, Ecuador y Bangladesh en distintos proyectos para impulsar la economía local.

El esfuerzo ha merecido la pena

La Fundación

Cuesta ponerse a resumir lo que ha sido tu trabajo y en definitiva tu vida durante un período tan largo. Me preparo un cafelito, me siento y me traslado mentalmente al IDT -proyecto de comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer- que conocí nada más llegar y al IDT que dejo estos días. Hemos avanzado mucho y en muy poco tiempo, lo que me hace pensar que el esfuerzo ha merecido la pena. 

Con muy pocos recursos hemos conseguido mucho. Hemos sido capaces de entrar como miembros definitivos de la Organización Mundial de Comercio Justo y hacer un proyecto de artesanías sostenible que ha mejorado sustancialmente la vida de más de 300 mujeres con discapacidad.

He trabajado como coordinadora de artesanías y comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer en India durante 3 años y medio y, a pesar de ser un trabajo precioso, no ha sido nada fácil. Tengo la sensación de que siempre queremos cambiar las cosas, que todo vaya mejor y más rápido, dejar nuestra huella. Pero a la que llegas a Anantapur enseguida te das cuenta de que todo aquí tiene su ritmo, sus plazos, su forma y su lógica.

Hemos sido capaces de entrar como miembros definitivos en la Organización Mundial de Comercio Justo, mejorando la vida de más de 300 mujeres

Desde el principio tuve muy claro que para poder aportar algo, lo primero que tenía que hacer era desaprender mi propia manera de hacer las cosas y poner mucha atención en cómo realiza su trabajo las personas de aquí. Bajo mi punto de vista, solo entendiendo su forma de procesar la información y de actuar, iba a ser capaz de hacer pequeñas mejoras.

Mi labor parecía más la de una cirujana que meticulosamente va diseccionando por partes a un paciente que la de una economista. Desgrané cada una de las áreas hasta poder entender qué hacía falta. El resto del trabajo y lo que faltaba por venir se convirtió en un gran reto.

El trabajo que he realizado en handicrafts ha consistido principalmente en dar apoyo a mi compañera  Safia Begum.  No me gusta usar la palabra empoderamiento en el caso de una mujer tan potente como ella, pero si tuviera que definir nuestra relación laboral, mi parte ha sido de coaching y asesoramiento en gestión empresarial para que ella acabara tomando decisiones fundamentadas en criterios técnicos. Intentar que salga adelante el trabajo requiere de mucha paciencia y pedagogía, de hacer preguntas constantemente e ir canalizando las respuestas hasta lograr que el trabajo se realice conjuntamente con el equipo indio. Para mí, el éxito de este proyecto ha sido precisamente ese, el crear una sinergia con personas que tanto cultural como socialmente estamos a años luz, evitando actitudes invasivas por nuestra parte y creando puentes.  

Estoy muy enamorada de este proyecto y sé que, de una forma u otra, siempre estaré vinculada a IDT y a sus mujeres

Tenemos que tener en cuenta que el personal que trabaja en IDT no ha tenido una educación reglada, no son profesionales, son sobre todo mujeres que han ido aprendiendo con la experiencia, de los errores y de muchos granitos de arena a lo largo de los años. Con todo ello, han sido capaces de poner en funcionamiento 11 talleres (7 técnicas artesanales distintas), y un volumen de facturación de más de 200.000 euros. Por lo tanto, en términos empresariales, se podría considerar que este proyecto ha sido y sigue siendo un éxito.

En mi caso, además he tenido la gran suerte de contar con un equipo de personas que se han implicado en el proyecto tanto como yo. Me refiero al voluntariado con el que he trabajado. Cada persona ha representado un aporte imprescindible en cada una de sus áreas, desde producción y marketing al área social o administrativa, sin dejar de lado el diseño y la calidad. Yo solo he intentado hacer una radiografía correcta de cada situación (al tener una visión más global) y  coordinar así todas las áreas de IDT.

Por lo que respecta a la parte más personal, he tenido días de todo tipo y de todos los colores. Días en los que todo sale bien y días de estrés absoluto. En cualquier caso, los días más intensos fueron aquellos en los que te das cuenta de que sí, de que merece la pena, de que el trabajo que estamos haciendo va en la dirección correcta. Esos días son los mejores porque tienes la sensación de que tu trabajo y tantas energías invertidas en el proyecto, pues sirven para algo.

Me voy con un sentimiento muy positivo y muy emocionada por la reacción de quienes me han acompañado en la India. Me he sentido muy arropada, valorada y querida. Evidentemente, para mí, eso es lo más importante.  Estoy muy enamorada de este proyecto y sé que de una forma u otra siempre estaré vinculada a IDT y a sus mujeres.