Marta García
Marta García (Albacete, 1989) es licenciada en Historia y graduada en Integración Social. Desde septiembre de 2017 es voluntaria del Sector Personas con Discapacidad de la Fundación Vicente Ferrer. Sus tareas han estado centradas en el llamado Vocational training, un programa de formación profesional para jóvenes con discapacidad intelectual. El objetivo es demostrarles que ellos son también capaces de hacer lo que se propongan y superar las barreras, que tanto ellos mismos como la sociedad les ha impuesto desde su nacimiento.

En la India, si no puedes ayudar en casa eres una carga

La Fundación

Trabajar en la India, en un entorno rural y con personas con discapacidad no es tarea fácil. Son muchos retos diarios, como el idioma, las antiguas y arraigadas tradiciones o las duras condiciones de vida. Pero, sin duda, el desafío más potente es la discriminación.

En el caso de las personas con discapacidad viene marcada por la imposibilidad que experimentan al no ser capaces de ayudar económicamente en sus aldeas o a sus familias. Recuerdo una frase que escuche nada más llegar, y que le dio sentido a mi estancia y trabajo en la India: “Aquí, si no puedes ayudar en casa, te conviertes en una difícil carga que mantener”.

Desde el Proyecto de Capacitación Profesional de la Fundación Vicente Ferrer (FVF), conocido como Vocational Training, proporcionamos a los 36 chicos y 34 chicas (de entre 11 y 25 años) con discapacidad intelectual, actividades para potenciar sus habilidades, mejorar sus capacidades psíquicas y físicas, y sobre todo intentar que ganen autonomía para que se integren en sus comunidades.

Hacemos talleres de cocina, yute, mantenimiento, lavandería, clases de baile…, pero el que me parece más interesante es el taller de huerto y ganadería. Mí día en la India consiste en pasar horas bajo el cálido sol de Kanekal, rodeada de tomates, judías, berenjenas, especias de mil sabores, vacas y búfalos. En lo personal, estoy convencida de que me ofrece una enriquecedora interacción cultural con la India más profunda y auténtica. Mi trabajo en la India es un aprendizaje constante, una experiencia apasionante. Llegué con la idea de enseñar, y siempre acabamos aprendiendo.

 


Mi tarea es la de acompañamiento. Llevo a los chicos a los talleres y les hago un seguimiento. Me aseguro de que asistan a las clases y que tengan una actitud positiva. Al ser chicos con discapacidad intelectual hay que ayudarles y estar un poco más pendientes de ellos.
A los alumnos también se les proporcionan habilidades académicas, donde se les da formación escolar básica. Pero, como la mayoría de familias son agricultoras, damos mucha importancia al taller del huerto, donde se les enseña como cultivar distintos alimentos. Estos mismos alimentos son los que ellos aprenden a cocinar en sus centros. También llevan el mantenimiento del hospital de Bathalapalli, donde se forman en carpintería y electricidad. Y aprenden a hacer prótesis para niños con polio en el taller de ortopedia. En la lavandería del hospital hacen algodón y gasas para los quirófanos. El objetivo en la Vocational Training es que las chicas y los chicos lleguen a ser independientes, puedan conseguir un trabajo y se sientan totalmente autónomas.

 


Los chicos y las chicas viven por separado. A las nueve de la mañana les repartimos por los distintos talleres donde se quedan trabajando hasta la una. Mis alumnos son los mismos chicos que participan en los Special Olympics, un programa de deporte para niños y niñas con discapacidad intelectual. A parte de acudir a los talleres también entrenan practicando deporte. Muchas veces su día a día se ve interrumpido por las competiciones con equipos de fuera de Anantapur.

En la FVF he aprendido a trabajar en el presente para mirar hacia el futuro, para convertir a estos jóvenes en personas autónomas y sobre todo intentar erradicar la discriminación. El cariño y la pureza incondicional que he recibido, de todos y cada uno de ellos, es el mejor regalo que me puedo llevar a casa.

Durante mi estancia en el proyecto de la FVF tanto en Bathalapalli como en Kanekal he tenido la suerte de ver cómo, los chicos y chicas que participan en el proyecto, disfrutan aprendiendo, ganan confianza en sí mismos y lo más importante han dejado de ser una carga participando y son uno más en la familia.