"Las niñas sin discapacidad auditiva también aprenden lengua de signos para comunicarse con sus compañeras"

Nayakula Bheemaiah tiene 30 años y desde hace dos trabaja como profesor en las Escuelas Inclusivas de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) en el distrito de Anantapur. Hace solo un par de meses que ha llegado a la escuela-residencia de Kanekal, donde niñas sin discapacidad y con discapacidad auditiva y física comparten aula y alojamiento. Bheemaiah tiene también una discapacidad en su pierna, algo que en ningún momento le ha impedido desarrollarse y disfrutar ahora del placer de dar clase y compartir conocimientos a través de la lengua de signos.

¿Cuál es tu trabajo en la FVF?

Trabajo como profesor de inglés y matemáticas en la Escuela Inclusiva para chicas de la FVF en Kanekal. Tenemos una hora de estudio antes del desayuno, y después alternamos inglés y matemáticas cada 45 minutos hasta la hora del almuerzo. Antes trabajaba en la escuela para niñas con discapacidad auditiva de la FVF en Bukaraya Samudram.

Tú no tienes discapacidad auditiva, ¿cómo te formaste en lengua de signos y cómo desarrollas tus clases?

Me diplomé en lengua de signos gracias a la Fundación antes de empezar como profesor, pero obviamente no es fácil. Cada día me preparo las clases para transmitir a las niñas toda la materia. La Fundación ha creado mucho material para formar en lengua de signos al profesorado, así que si tengo alguna duda siempre puedo recurrir a los libros o a mis compañeros.

La clase la imparto de dos maneras a la vez: en lengua de signos y oralmente. En el aula comparten espacio niñas con y sin discapacidad auditiva, pero las que no tienen también hablan lengua de signos y ayudan a sus compañeras en el estudio. Es muy gratificante comprobar cómo niñas que no necesitan la lengua de signos la aprenden para comunicarse con sus compañeras.

¿Por qué crees que es importante la educación inclusiva?

La inclusividad permite un espacio de aprendizaje para todos y todas, sin diferencias. Este concepto hace comprender que todos somos iguales a pesar de las distintas capacidades de cada uno y permite una integración real de las personas con discapacidad. Antes de la creación de las escuelas inclusivas, una vez a la semana los profesores llevaban a los niños y niñas con discapacidad a las escuelas públicas para que se integraran, pero al final siempre quedaban relegados en aulas especiales, lo que le impedía desarrollarse educativamente con otros estudiantes.

Tengo un ejemplo de la importancia de la inclusividad en mi clase. Lakshmi es una niña sin discapacidad de mi aula, muy inteligente y que capta los contenidos de la materia muy rápido. Me di cuenta de que ella misma le explicaba la materia a sus compañeras cuando no la entendían, así que ahora es mi aliada en clase cuando alguien necesita apoyo.

¿Cómo ha sido tu desarrollo personal y profesional teniendo discapacidad?

Estudié en una escuela pública, ni especial ni inclusiva, pero nunca fue una barrera para mí. Se me daban bien los estudios, así que siempre sentí que me tenían en cuenta, tanto los profesores como los compañeros y compañeras. A pesar de no haberme formado en una escuela inclusiva, sí que supe enfrentarme a las dificultades y no considerarme una persona cuya discapacidad le impide cumplir sus sueños.

Socialmente, en el entorno, sí que he encontrado dificultades para desplazarme, en el transporte o en el acceso a los edificios. La arquitectura aún debe avanzar y adaptarse para ser accesible a todos y todas.

Hace poco participaste en unos talleres de formación con dos profesores españoles, ¿qué has aprendido?

He aprendido nuevas formas de enseñar, haciendo a los alumnos y alumnas los protagonistas del aula. Pero no solo han sido técnicas educativas sino también sobre el entorno físico de la clase. Por ejemplo, hemos aprendido la importancia de que la clase se desarrolle en formato circular, donde el profesor sea parte de ese espacio y no imparta la clase de pie, en la pizarra, donde los estudiantes no pueden compartir lo que está haciendo.

También se hace hincapié en la importancia de transmitir emociones y expresiones con la cara. Gran parte de las niñas de esta escuela no oyen, lo que ven es esencial para comunicarse con ellas.

¿Qué es lo que más te gusta de dar clase?

Me encanta el ambiente, el profesorado, la escuela… pero sobre todo las niñas. Son muy colaboradoras las unas con las otras y aprenden juntas no solo en el aula, sino también en el día a día. Sin duda, ser profesor de una escuela inclusiva te hace ver la realidad de un modo distinto, comprobando de primera mano que todos y todas tenemos las mismas oportunidades. Solo tenemos que seguir trabajando en ello. La educación es la base.

Texto: Irene G. Dugo