Mythili: “En el hospital de la Fundación se respeta y dignifica el trabajo de las enfermeras”

Mythili Tapila es la jefa de enfermería del servicio de Urgencias del Hospital de Bathalapalli de la Fundación Vicente Ferrer (FVF). Una mujer que ha luchado por lograr lo que quería; estudió, encontró un buen trabajo y se enfrentó a las imposiciones sociales para casarse por amor. A sus 29 años, es un ejemplo de mujer empoderada, consciente y orgullosa de lo que ha conseguido. Nos dedica un rato libre para explicarnos qué significa ser enfermera en urgencias de un hospital de la India rural. 

¿Cuál ha sido tu trayectoria?
Estudié la carrera para ser responsable de enfermería, que son tres años y medio, y en 2009 entré a trabajar aquí en Bathalapalli, pero en el Hospital General. Hace cinco años empecé en Urgencias como jefa de enfermería.
¿Cómo funciona el servicio de Urgencias y qué cambios has visto durante este tiempo?
En 2013 había 12 enfermeras y ahora somos 16, incluyendo dos hombres. Cada día atendemos entre 30 y 40 casos, y suele venir más gente a partir de las 12 del mediodía porque muchos pacientes vienen de pueblos lejanos y mal comunicados. Los domingos, como están cerradas las consultas generales, podemos atender más de 50 personas. Otro de los cambios es que se ha ampliado el espacio y se han añadido puertas para separar salas y dejar a las familias fuera de la zona de trabajo. Esta es una de las mayores dificultades con que nos encontramos, hacer entender a familiares y amigos que no pueden entrar con los pacientes.
¿Qué tipo de casos atendéis habitualmente ?
Tenemos muchos pacientes con problemas respiratorios y estomacales, con fiebre y enfermedades infecciosas como dengue o malaria, gente que ha sufrido accidentes de tráfico y también intentos de suicidio.
¿Nos puedes explicar más sobre la problemática de los suicidios?
El año pasado atendimos a más de 300 personas que habían intentado suicidarse, la mayoría de ellas mujeres jóvenes. Nos encontramos intentos de envenenamiento, de prenderse fuego o de colgarse. Las causas suelen ser problemas y conflictos con la familia, muchas veces por matrimonios concertados, porque las chicas no saben cómo afrontar esa nueva vida que se les impone. Una trabajadora social las atiende y ellas pueden denunciar a la policía si son víctimas de algún tipo de acoso o práctica ilegal. 
¿Qué es lo que más valoras y lo que menos te gusta de trabajar en el Hospital de la FVF? 
En otros hospitales el trabajo de las enfermeras no está tan dignificado. Aquí podemos estar más tiempo con los pacientes y darles mejores cuidados que en otros centros.  Otra ventaja es que tratamos a todo tipo de pacientes y el aprendizaje es continuo. Cada semana hacemos sesiones de formación, impartidas por el propio personal o por especialistas externos. Los únicos casos que no podemos atender son los de quemaduras extremas, que tenemos que derivar a otros hospitales especializados de Anantapur. Esto es seguramente lo que menos me gusta.
¿Has encontrado dificultades añadidas por el hecho de ser mujer y joven?
Bueno, yo estoy en una posición intermedia, entre los altos cargos y el personal, así que estoy en medio de todos los problemas… (ríe). No pasa muy a menudo. Ketty Arce, la doctora responsable del servicio de Urgencias, me ayuda y me da mucho apoyo en estos casos. Hay cinco médicos y ante las emergencias somos un solo equipo y trabajamos coordinadas. 
¿Cómo llevas la conciliación familiar?
Vivo aquí mismo en el Campus de Bathalapalli y las responsabilidades del puesto me obligan a estar disponible a cualquier hora del día cuando tengo guardia. No tengo mucho tiempo para estar con la familia, con mi marido y mi hijo, que tiene siete años, pero el trabajo me gusta y sinceramente me veo muchos años aquí.
¿Cómo era tu situación familiar antes de casarte?
Mi madre es enfermera en este hospital y mi padre también trabaja para la Fundación. Cuando fuimos a casa del que hoy es mi marido para pedirle matrimonio, sus padres me rechazaron. Al final, nos casamos a escondidas. En ese momento ya trabajaba como enfermera aquí y eso me dio fuerzas para dar ese paso tan complicado.

Texto: Oriol Petit