Nageswari: "Cada día soy testigo de que este hospital es la última esperanza de muchas personas"

  • En su quiosco, situado en el complejo Hospitalario, atiende y habla cada día con el personal y los pacientes
  • Su discapacidad no frenó sus ganas de emprender y montó el negocio gracias al Fondo de Desarrollo de la Mujer de la FVF

El quiosco de Bathalapalli o "la tienda de Mary Poppins", como la llaman los que la conocen, es parada obligada para médicos, enfermeras y las decenas de familiares de pacientes que transitan cada día por el Hospital de Bathalapalli de la FVF. En esta pequeña tienda se puede encontrar, casi, de todo: galletas, bolsas de patatas, trapos, bebidas e incluso utensilios para la casa. Nageswari es la propietaria de este pequeño negocio que, tras 14 años, se ha convertido en un elemento más del hospital. El nombre del quiosco es un cariñoso homenaje de agradecimiento a las hijas de Vicente Ferrer y Anna Ferrer, Yamuna y Tara.

Nageswari es una mujer de 33 años, luchadora y emprendedora. Casada y con una hija a su cargo y un padre ciego del que tiene que cuidar, su vida no ha sido nada fácil. Desde pequeña sufrió el rechazo por parte de sus padres y el resto de familiares. La razón: ser mujer y sufrir una discapacidad. Al igual que miles de menores en la India, cuando tenía 3 años, contrajo la polio, enfermedad le afectó la movilidad en una de sus piernas. Ni sus padres, ni ningún miembro de su familia la quisieron aceptar, ni considerar como un miembro más. “Mis padres solo deseaban deshacerse de mí por tener una discapacidad que no entendían, me insultaban e incluso había días en los que no me daban de comer”, confiesa la joven cuyos ojos se humedecen al recordar su infancia. Aunque ha querido borrar ciertos recuerdos insiste en que hay cosas que nunca olvidará.

Finalmente, fueron sus tíos quienes se hicieron cargo de ella, y afortunadamente las cosas fueron mejorando poco a poco hasta convertirse en propietaria, a través de un microcrédito del Fondo de Desarrollo de la Mujer.  “Al principio ni mi familia, ni mis vecinos confiaban en que lo pudiera lograr; sin embargo no quise oírles y con mi tesón pude seguir adelante”, recuerda Nageswari con una enorme sonrisa.

Actualmente, ella y su marido se encargan de gestionar el almacén. El trabajo del matrimonio es incansable. Abren todos los días, incluso los domingos porque aseguran que de momento no pueden permitirse contar con nadie más. Con los beneficios de su intensa labor, aseguran, pueden pagar todos sus gastos e incluso son capaces de ahorrar. Respecto a su clientela, Nageswari explica que aunque la gran mayoría pueden pagar sus compras; muy a menudo dejan fiado a los clientes que realmente no se lo pueden permitir. “Hay familiares de pacientes que vienen de muy lejos y este hospital es su última esperanza, y yo soy testigo de ello cada día”, relata mientras atiende a una enfermera del Hospital que ha venido a comprar un coco. “Es mucha la gente que pasa por aquí cada día, pero mi mejor clienta es Anna (Ferrer), cada vez que viene se sienta y charla conmigo. Es una gran mujer a la que siempre he admirado y admiraré”, relata emocionada.

Nageswari es también paciente del Hospital, concretamente del taller Ortopedia, al que acude una vez cada tres meses para sus sesiones de rehabilitación. “El trato que recibo de todo el personal es muy amable. Además creo que es el único taller de la zona en el que se fabrican las ortopedias a medida”, subraya orgullosa.

Ente sus planes de futuros figura la ampliación de su tienda e incluso abrir un pequeño restaurante. Aunque lo más urgente es reformar el deteriorado techo del establecimiento, especialmente ante la llegada inminente del monzón.

 

Texto: Fátima Yráyzoz Aranda