“No entendemos la arquitectura sin el compromiso, la colaboración y el diálogo con la comunidad”

  • La Fundación colabora con la ONG Australiana The Anganwadi Project para la construcción de un centro de atención infantil en una pequeña aldea

Allison Stout y Sarah Schoffel son dos arquitectas que han dejado su vida y su trabajo en Australia para venir a Anantapur como voluntarias durante cinco meses y liderar el primer proyecto de construcción de un ‘Anganwadi’ en el que participa la Fundación Vicente Ferrer (FVF). Los ‘Anganwadis’ son centros de atención infantil para menores de seis años en los que se ofrece educación preescolar, controles de salud básicos y programas de nutrición para niños y niñas, embarazadas y madres lactantes, entre otros servicios. Aunque normalmente son gestionados y financiados por el Gobierno, la FVF ha empezado a colaborar con la ONG australiana “The Anganwadi Project” para llegar allí donde no llegan los recursos públicos.

Bondalawada, un pequeño pueblo cerca de Anantapur donde viven 150 familias, será el primero que se beneficiará de esta iniciativa en la que Sarah y Allison han puesto tanto empeño y cariño. Después de 12 años de trabajo y 16 ‘Anganwadis’ construidos en Ahmedabad, en el estado indio de Gujarat, este es el primer centro que la organización australiana impulsa en una zona rural. El primero de muchos ‘Harivillu’, que es el nombre escogido para el proyecto y que significa “arco iris” en telugu, el idioma local de Anantapur.

¿Cómo ha sido el proceso de trabajo?

S: Básicamente se divide en unos dos meses para la documentación y diseño y otros tres para la construcción. Cuando llegamos, la Fundación había preseleccionado cinco pueblos potenciales para acoger el proyecto. Nuestra primera tarea fue verlos y decidir dónde íbamos a construir el ‘Anganwadi’, en función de las necesidades de cada comunidad.

A: Nuestra manera de trabajar se fundamenta en el compromiso, la colaboración y el diálogo constante con la comunidad. Implicarles en el diseño del edificio y en todo el proceso genera un sentimiento de pertenencia y facilita la aceptación y el futuro uso del equipamiento. Especialmente, cuando trabajas en otro contexto cultural, hay cosas que pueden ser malinterpretadas y esta colaboración es clave para el éxito del proyecto. Lakshmi, la profesora, ha revisado en todo momento el diseño, los niños y niñas nos ayudarán a pintar, a hacer el mosaico, etc. El objetivo es convertirse en una parte real del lugar donde estás construyendo, en este caso Bondalawada, para que la gente confíe y crea en ti.

No debe haber sido fácil…

S: Bueno, para mí esto ha sido lo mejor de todo, la conexión con la comunidad. Hemos pasado mucho tiempo con Lakshmi, observando a los niños, identificando sus dinámicas y necesidades, hablando con la gente del pueblo. Es cierto que a veces ha habido algunos malentendidos y dificultades pero ha sido un reto fantástico.

A: Al principio no entendían que quisiéramos pasar tanto tiempo en terreno, trabajando físicamente en la obra. Creían que íbamos a estar en la oficina, yendo solo de vez en cuando para hacer fotos y supervisar. Desde que comprendieron que esto era importante para nosotras, todo ha funcionado muy bien. Hay que estar en contacto con la comunidad, conocer sus opiniones y explicarles los motivos de las decisiones. Si te sientas en tu despacho, como hacen muchos arquitectos, no confiarán en ti.

La adaptabilidad es fundamental en un proyecto así.

A: Sí, completamente. Y muchos arquitectos no lo entienden. En este tipo de trabajo tienes que ser flexible y saber aceptar los cambios respecto a tu diseño. Porque lo importante es entregar el proyecto a tiempo, que sea bueno, funcional y de fácil mantenimiento. Si olvidas esto y te obstinas con tu idea inicial, es cuando las obras se retrasan y se encarecen.

S: Hay que saber priorizar. Nosotras, por ejemplo, sí que insistimos en la necesidad de tener un doble techo, porque solo con el tejado de hormigón el aula se hubiera convertido en un horno. En cambio, por disponibilidad y ajuste del presupuesto, hemos utilizado mucho más hormigón de lo que nos hubiera gustado. En el futuro seguro que se puede apostar por materiales sostenibles como los bloques de tierra comprimida.

¿Habéis tenido algún problema añadido por el hecho de ser mujeres?

A: No es tanto por ser mujer, sino por ser una mujer blanca. Algunos piensan que no nos corresponde hacer trabajos físicos. Nosotras les mostramos que trabajar en la obra es parte de nuestro trabajo como arquitectas. Me costó un mes pero ahora voy a terreno y hago prácticamente todo lo que quiero. En la obra hay mujeres haciendo lo mismo que yo, entonces, ¿cuál es la diferencia conmigo? Eso les hacía pensar. Se trata de encontrar un equilibrio gradualmente, saber insistir y también dar marcha atrás cuando conviene. De todas formas, ser mujer en el sector de la arquitectura es un reto en cualquier parte del mundo.

S: En mi caso se añade el respeto que tienen por las personas mayores. Simplemente tienen miedo de que me muera si me da demasiado el sol… (ríe). El primer día que estábamos intentando trabajar con ellos, cogí un fardo de arena pero inmediatamente me lo quitaron de las manos y me dijeron que me sentara y bebiera agua. He renunciado a levantar peso porque realmente no quieren que lo haga, es casi una falta de respeto seguir intentándolo. Son cosas a las que te tienes que acostumbrar, y entender también el choque cultural que supone para ellos.

¿Qué os lleváis de estos meses de trabajo en la India?

S: Cuando dejas tu zona de confort para hacer un voluntariado de este tipo, la gente suele comentar que es un acto generoso, pero yo siempre siento que recibo mucho más de lo que doy. Como decía antes, me quedo con el sentimiento de conexión vivido con la maravillosa gente de Bondalawada y Anantapur. Trabajar conjuntamente para encontrar soluciones a sus problemas y alcanzar sus metas es algo que nunca olvidaré.

A: Me llevo conmigo lecciones de vida que cambian mi visión del mundo y mi sistema de valores. En la India he descubierto el poder de la verdadera paciencia y la expresión de la bondad sincera a través de actos y no solo palabras. También me llevo el amor y la amistad que brinda la India, ya que su gente y su cultura son increíblemente hermosas y conmovedoras. Las mujeres con las que hemos tenido el privilegio de trabajar están cambiando prejuicios con su ejemplo de liderazgo, voy a recordar siempre su inmenso coraje y amabilidad.

Texto: Oriol Petit