Ramalakshmi: “El 'sangham' me ha convertido en una mujer valiente”

  • Desde 2010, diez lideresas de sangham de la FVF han impartido formaciones a los grupos de mujeres impulsados por el gobierno de Andhra Pradesh.
  • Las asociaciones de mujeres actúan como sistema de apoyo para compartir problemas y encontrar soluciones de manera colectiva.

Ramalakshmi tiene 50 años y ha vivido toda su vida en Dharmavaram, una pequeña localidad a 40 km de Anantapur. En 1994 entró a formar parte del sangham local (asociación de mujeres) y, desde entonces, no se ha perdido ni una de las reuniones mensuales del grupo. Hace casi diez años, el Gobierno la seleccionó, junto a otras nueve mujeres asociadas a la Fundación Vicente Ferrer, para ser formadora de los grupos de mujeres que impulsa el Gobierno en todo el estado de Andhra Pradesh.

 

¿Cómo te convertiste en formadora para otros grupos de mujeres?

Durante un breve período de tiempo trabajé como cocinera para una escuela. Los maestros, sorprendidos por mis habilidades de liderazgo, me animaron a sacar de ello el máximo partido y me inscribieron en un programa formativo dirigido a líderes locales. Con lo que aprendí en el curso, más mi experiencia en el sangham de la FVF, me sentía preparada para este reto. Desde 2010, doy formaciones y apoyo a los grupos de mujeres del Gobierno.

 

¿Cuáles son los problemas más comunes a los que has tenido que enfrentarte?

Realizamos las formaciones según los intereses y las habilidades de las mujeres que participan. Empiezo cada sesión hablando sobre mi propia experiencia y cómo he tenido que lidiar con la pobreza para conseguir ser autosuficiente. Creo que es una buena manera para que las mujeres empaticen: les demuestra que ellas también pueden lograrlo. Luego discutimos varios temas de interés: los matrimonios precoces, la salud e higiene, la educación... Así como también temas relacionados con el trabajo: las condiciones precarias y de servidumbre o las oportunidades comerciales para las mujeres.

En todas las charlas, me satisface ver las ansiar por aprender. Reconozco que tener la oportunidad de realizar estas charlas es una experiencia maravillosa y a través de la cual he adquirido muchos conocimientos.

 

¿Cuáles han sido los principales aprendizajes que comentas?
Algunos distritos que he visitado no sufren la sequía que padecemos en Anantapur y tienen mejores oportunidades de empleo e ingresos. Sin embargo, en la mayoría de estas zonas, hay una enorme falta de concienciación sobre los graves problemas sociales y de salud. Esto me ha servido para darme cuenta de que el hecho de tener dinero no es garantía de tener una mejor vida; la solidaridad y el conocimiento son igualmente o más importantes.
 
¿Han cambiado los temas de los que habláis en tu sangham después de tantos años?
Cuando me uní al sangham por primera vez en 1994, los ingresos de mi familia eran muy escasos. Resultaba muy difícil administrar los gastos familiares y enviar a los niños a la escuela. La mayoría de los miembros de los sangham, incluyéndome a mí, no podíamos pagar sus materiales escolares. Pero para nosotras, la educación era una prioridad, así que buscamos soluciones. Solíamos discutir sobre las deudas y los problemas con los prestamistas.
Hoy la situación económica de la mayoría ha mejorado. Todavía persisten ciertos problemas sociales, como los matrimonios tempranos, el alcoholismo y las cuestiones de higiene. Estos son los temas centrales de nuestras sesiones.
 
¿Cómo ha influido el sangham en tu vida?
Cuando la FVF acudió a nuestra aldea para formar un grupo de mujeres, inmediatamente me atreví a dar un paso adelante. Entre todas las mujeres que formaban parte del sangham, yo era la única que sabía leer y escribir y me hicieron lideresa.
Al cabo de un tiempo, recibí un préstamo del Fondo de Desarrollo de la Mujer para poder emprender y abrir una tienda. Más tarde pude comprar ganado y crie a mis búfalas. ¡Además logré pagar las deudas de mi esposo e igualmente asumir la educación de mis hijos! A título personal, ser parte de los sangham me ha servido para ganar conocimiento y tomar conciencia, saber resolver los asuntos por mí misma y aprender a expresar mis opiniones ante cualquier circunstancia. A lo largo de estos años, interactuar con mujeres de diferentes sanghams me ha servido para convertirme en quien soy hoy: una mujer valiente.

 

Texto: Felita Viegas