Salamma: “Lo que más valoro en mi vida es ser propietaria”

  • De pequeña, trabajaba con su padre cultivando la tierra de los terratenientes y apenas podían sobrevivir. Hoy es dueña de 5 acres y dos búfalas y saca adelante a su familia

Me siento orgullosa de ser propietaria” afirma Salamma mientras maneja su carro de bueyes a primera hora de la mañana. Mujer de 60 años,  vive con su marido,  Vannurappa, en Mamipalli, una pequeña localidad del distrito de Anantapur. Ha dedicado su vida a la tierra y a su familia.  Es madre de dos hijos y dos hijas y  propietaria de 5 acres y 2  búfalas.  Dos roles para ella inseparables.  

Salamma abandonó la escuela cuando tenía 8 años para ayudar a su familia en el cuidado de la tierra. De sus ocho hermanos, siete chicas y un chico, solo dos terminaron la secundaria. “Era la cuarta hermana mayor así que a mí me tocó ayudar a la familia, los más pequeños pudieron estudiar unos años más”.  

Desde que contrajo matrimonio con 16 años poco ha cambiado. La tierra sigue siendo su principal preocupación y también el sustento de su familia. Participa del sangham, asociación de mujeres, de su pueblo desde finales de los años ochenta y a través del Fondo de Desarrollo de la Mujer obtuvo un microcrédito con el cual comprar búfalas. “Hay que diversificar la economía para no depender de nadie”, cuenta entre risas.

Con solo ocho años empezaste a trabajar en el campo… ¿Cuál era la situación de tu familia?

En esa época era muy difícil sobrevivir. Mi padre trabajaba en las tierras de los terratenientes y lo que ganaba no era suficiente para nuestra familia. Soy la cuarta de ocho hermanos, y los mayores somos siempre los responsables de los más pequeños. Me gustaba estudiar pero mis padres no tenían recursos para pagarme la educación. Si hubiera tenido la oportunidad por supuesto me habría gustado seguir formándome.  

Con ocho años ayudaba a mis padres a vender la cosecha de lentejas, mijo, cacahuetes y cereales. Vendíamos lo que nos sobraba. Mis padres siempre tuvieron muy claro que primero había que cubrir nuestras necesidades. También llevaba a pastar a las cabras y las vacas.  Después de casarme seguí trabajando como campesina, es lo que he hecho toda mi vida. No me da miedo ir sola al campo, Y soy la única mujer del pueblo que conduce un carro de bueyes. Aprendí rápido, no había alternativa.

¿Qué te gustaría cambiar de tu vida si pudieras volver atrás?

La sociedad respeta a las personas con formación. Por eso en otra vida me gustaría poder estudiar y tener así un futuro mejor. Sin educación estas atrapada.

¿Cómo es un tu día  a día?

Cada día me levanto a las cuatro de la mañana, cocino, limpio el establo, barro la casa y recojo a los trabajadores con el carro de bueyes. Alrededor de las ocho de la mañana llego al campo y le entrego la comida a mi marido. 

En el campo trabajo codo con codo con mi marido y el resto de jornaleros. Quito las malas hierbas, enciendo la bomba de agua, superviso el sistema de riego por goteo, llevo a pastar a los animales...Vuelvo a casa a las tres del mediodía, como alguna cosa, limpio la ropa y los cacharros, alimento a los bueyes y me pongo a prepara la cena.

¿Qué es lo más duro de trabajar en el campo?

El calor y el esfuerzo físico, pero, ¿qué puedo hacer? El trabajo del campo no tiene horarios. Tengo 60 años y esto es lo que he hecho toda mi vida, aunque tengo que reconocer que cada día me duelen más las rodillas.

Recuerdo que cuando estaba embarazada seguí trabajando hasta los ocho o nueve meses. Terminaba agotada. Después de dar a luz me quedé un mes en casa y luego volví al campo. Colgaba la cuna al carro de bueyes para poder seguir trabajando al tiempo que cuidaba de los pequeños.

¿Qué es lo que más te gusta de ser agricultora?

Lo que más valoro en mi vida es tener una propiedad a mi nombre, me siento muy orgullosa. Es cierto que no he tenido otra opción que la de trabajar en el campo, pero me gusta.  No tengo miedo de los hombres y les trato como hermanos. Soy una mujer valiente. Es muy importante que las mujeres salgamos de casa para trabajar y poder así tener nuestros propios ingresos y ser independientes.

Mi marido y yo tenemos dos reglas básicas a la hora de gestionar nuestros terrenos, la primera es diversificar cultivos para intentar paliar los efectos adversos del clima y mejorar el rendimiento, tal y como nos recomendaron desde el Sector Ecología de la FVF, y la segunda, contraer el mínimo de deudas posibles, para poder estar libres de amenazas.