Susana Malumbres: “Otros hospitales recomiendan a los pacientes nuestro laboratorio. Eso es un orgullo”

  • Lleva casi una década viajando anualmente a Anantapur y trabajando con técnicos del Hospital de Bathalapalli en el diseño de protocolos para mejorar los historiales clínicos de los pacientes

A Susana Malumbres le gusta presentarse diciendo simplemente que trabaja en un laboratorio. Sin embargo esta doctora con especialidad en Bioquímica Clínica, tiene una responsabilidad crucial en el programa de Sanidad de la FVF. Vino por primera vez a la India en 2010 como voluntaria para hacer la tesina del Máster de Salud Internacional y Medicina Tropical, pero ese objetivo quedó enseguida en un segundo plano.

La absorbió el trabajo de mejorar los procesos y protocolos en el laboratorio del Hospital de Bathalapalli, alargó su estancia otros seis meses y desde entonces ha seguido viniendo a la India cada año y coordinando desde España un proyecto que siente “como un hijo”. Ella ha sido la encargada de marcar el camino hasta lograr que, actualmente, los laboratorios de los tres hospitales de la FVF sean reconocidos y elogiados en todo el distrito de Anantapur.

¿Cuál fue tu reacción cuando entraste por primera vez en este laboratorio hace casi 10 años?

Lo primero que pensé fue: ¡Madre mía, no me entero de nada! Por un lado estaba la dificultad del idioma y por otro una organización que yo veía como un caos absoluto. Lo primero que tenía que hacer era entender su forma de trabajar, así que durante tres semanas me dediqué a pasar por todas las áreas y observar, preguntar, tomar notas, etc. De manera inevitable, ya fui viendo las cosas que se debían corregir.

¿Cuáles?

Trabajábamos con el objetivo a largo plazo de conseguir la acreditación de calidad de la NABL, el equivalente en la India de la certificación ISO. Hice la comparativa de ambas normativas y empezamos a trabajar en esa línea para sistematizar procesos, fijar protocolos, preparar documentación, etc. Teníamos empezados a la vez unos 50 ciclos de mejora de algún proceso en concreto, cuando en España quizás tienes cuatro o cinco al año. Al final, lo que queremos es que los resultados que generamos en el laboratorio se ajusten a la realidad clínica del paciente, que sean útiles y válidos para hacer un diagnóstico correcto.

Me imagino que el inicio fue complicado…

Sí, costaba bastante que los técnicos adquirieran algunos hábitos. Avanzamos mucho durante el primer año junto a la bióloga Blanca Gómez, pero me fui con cierto miedo. Cuando volví al cabo de un año y medio me llevé una grata sorpresa. No sólo hacían lo que se les había enseñado, sino que habían implementado de manera intuitiva cosas que yo pensaba introducir en el futuro. Solamente necesitaban tiempo para asimilar todo lo que habían aprendido y poner en práctica los cambios.

¿Cuáles son los principales obstáculos que te has encontrado?

Lo peor es que aquí, en Anantapur, el medio te puede. Hace mucho calor, la calidad del agua es muy mala, y las infraestructuras no soportan las máquinas de mayor capacidad y calidad analítica. Por mucho que quieras tener un altísimo nivel, a veces el entorno no te lo permite.

¿A pesar de esto, estás satisfecha con los avances logrados?

Sí, ha sido muy gratificante, aunque todavía queda bastante por hacer. Vamos poco a poco pero en la buena línea. Los técnicos se implicaron muchísimo desde el principio y todos queremos llegar al mismo sitio. Ellos lo harán a su manera, pero lo importante es que tienen ganas de llegar. A pesar de la rotación de personal y de que se ha ido gente que trabajaba bien, los técnicos más veteranos tienen la ilusión de inculcar a los nuevos nuestro modo de trabajar. Esto es muy positivo y es lo que queremos seguir potenciando, la autogestión de la formación.

¿En qué tipo de pruebas hay más volumen de trabajo?

Tenemos un repertorio de pruebas bastante amplio para un área rural, parecido al de un laboratorio de urgencias en España. La principal enfermedad para la que nos piden analíticas es la diabetes. Luego tenemos mucha patología tiroidea y también enfermedades infecciosas como malaria o dengue.

¿Cómo valoran los médicos la función del laboratorio?

Al principio había cosas que no me gustaban. Debido a una jerarquía muy marcada, los médicos solían mandar en el laboratorio sin tener mucha idea y los técnicos obedecían a ciegas. Trabajamos mucho con ellos para que se creyeran el trabajo que hacían, hasta que logramos que cuando entraba un médico en el laboratorio los técnicos ya no bajaran la cabeza. Eran capaces de decir: “Esto yo no lo haría así”. Conseguir esto en la India no es fácil.

Desde hace tiempo, sabemos que muchos médicos privados del distrito de Anantapur recomiendan a sus pacientes venir a hacerse las analíticas a los hospitales de la Fundación. Dicen que son laboratorios en los que se puede confiar porque trabajamos muy bien. Incluso los técnicos que vienen a revisar las máquinas nos dicen que son los laboratorios mejor organizados de la zona. Esto es un gran orgullo y le da una fuerza enorme al personal que trabaja aquí día a día.

¿Qué te ha llevado a comprometerte tan a fondo con el proyecto?

Este es un proyecto muy querido, es como nuestro hijo. A nivel profesional es un reto y me ha enriquecido mucho. Aquí he aprendido muchas cosas que luego he implementado en España, el aprendizaje es recíproco. Pero lo más importante sin duda ha sido la relación con la gente, sobre todo los técnicos de Bathalapalli, los que tiraron del carro desde el principio con tanta ilusión. Ellos son mi familia india. Yo siempre insistía en que no me llamaran ‘Madame’, sino Susana. Un día, al sexto año de venir, estábamos tomando café y me dijeron: “Dentro del laboratorio serás ‘Madame’, pero fuera eres nuestra hermana. ¡Cómo quieres que no venga a verlos cada año!

Texto de Oriol Petit