Día Internacional de las Viudas

Las mujeres viudas son uno de los colectivos más vulnerables de la sociedad india. Algunas de las antiguas supersticiones aún prevalecen en las zonas rurales, considerando que traen mala suerte y en muchos casos culpándolas de la muerte de sus maridos. Se las discrimina, aislándolas de eventos sociales y religiosos, e incluso algunas comunidades rechazan cualquier tipo de contacto visual o físico con ellas. A pesar de que su situación ha mejorado en los últimos años, algunas aún deben afrontar el estigma social y la carga de sacar adelante su familia.

En el estado de Andhra Pradesh más de cuatro millones de mujeres son viudas (Censo 2011). La Fundación Vicente Ferrer (FVF) apoya desde hace años a estas mujeres en las zonas rurales para disminuir la discriminación de este colectivo y fomentar su integración social.

A pesar del estigma y la vulnerabilidad, muchas consiguen salir adelante. Estas son las historias de algunas de ellas. Mujeres que demuestran que todo puede cambiar.

Texto y fotografía: Constanza González, Irene G. Dugo y Aina Valldaura.

Durgamma: "Mi familia no me dejó estar cerca de mi hija en su boda"

© Irene G. Dugo/FVF

Hace nueve años que Durgamma se quedó viuda y desde entonces ha tenido que soportar las creencias de muchos que aseguraban que traía mala suerte. Tras la muerte de su marido le tocó enfrentarse sola a cuidar de sus tres hijos para proporcionarles un futuro, sin ningún apoyo familiar ni de sus vecinos. Dejó de asistir a eventos y bodas porque consideraban que podía ser perjudicial para la futura pareja, un estigma que se arrastró hasta la boda de su propia hija. "Mi familia prefirió que no estuviera cerca de mi hija en su boda, porque todos los invitados sabían que era viuda y que podía ser dañino para ellos", afirma Durgamma mientras se le entrecorta la voz. El apoyo de sus hijos le motivó a terminar décimo curso, y el sangham (asociación de mujeres) de su pueblo le orientó para solicitar un préstamo. Ahora trabaja en el campo, compra cabras que más tarde vende por el doble y es ayudante de guardería. A pesar de lo que ha vivido es firme y positiva, cree que las cosas pueden cambiar. "Estoy segura que en la generación de mis hijas la situación no será igual que la que yo he vivido, pero para ello hay que luchar".

D. Parvathi "Sigo soportando las presiones de los prestamistas tras el suicidio de mi marido"

© Constanza Gonzalez/FVF

D. Parvathi se casó a los 12 años y hace dos que su marido, agobiado por presiones y deudas económicas vio como única salida quitarse la vida."Llegué un día a casa y le encontré vomitando. Le llevé al hospital y los médicos me dijeron que se había envenenado". Hoy cuida de sus tres hijos, de 15, 11 y 6 años, quienes la apoyan en su lucha diaria para salir adelante y darles una educación. "Si les doy una buena educación, tendrán un futuro".

D. Parvathi tiene una mirada profunda que refleja dolor pero también la fortaleza de quién se enfrenta no solo a los prejuicios de la sociedad sino también a las deudas que ha arrastrado su familia desde hace años para poder cultivar sus tierras. Hoy, gracias a su esfuerzo y al apoyo de la FVF ha logrado instalar una tienda en el pueblo, donde vende verduras, golosinas y artículos de primera necesidad."Antes de que mi marido muriera, vendía vegetales en los pueblos. Cuando llegó el equipo de la FVF a verme a mi hogar se me ocurrió que podía vender productos en mi pueblo, sin tener que salir de aquí y estar cerca de mis hijos".

Mallaka: "He conseguido que mis vecinos me respeten"

© Irene G. Dugo/FVF

Mallaka tiene 28 años y hace nueve se quedó viuda. "Cuando me casé tenía 14 años, no sabía ni lo que significaba ser viuda". Era una niña. Su marido murió ahogado en un pozo, y ella quedó a cargo de dos hijos y una hija con parálisis cerebral, que necesita de su ayuda las 24 horas. Desde entonces ha tenido que soportar la discriminación de sus vecinos a su paso. "Me han hecho mucho daño", pero no está dispuesta a rendirse. Mallaka tiene claro que aún es muy joven, demasiado para renunciar a llevar bindi -punto rojo que suelen llevar en la frente-, pulseras y la cadena de oro que le regaló su madre. "¿Por qué debo dejar de sentirme guapa por ser viuda?". Llevaba joyas antes de casarse y quiero seguir llevándolas". Además, explica que le sirven como defensa. "Los hombres reconocen a la mujeres casadas por las joyas, así que mientras las siga llevando creen que estoy casada y me siento más segura". Hace unos meses fue elegida por los vecinos de su pueblo para ser trabajadora sanitaria rural de la FVF, todo un reconocimiento que evidencia que poco a poco está consiguiendo romper el estigma que la rodea. Su vida ha sido una lucha constante, pero desde hace un año ha encontrado en las compañeras de su sangham las aliadas con quien librar la batalla.