Doreen Reddy: “Durante la pandemia nuestra consigna ha sido: 'Estamos siempre que nos necesites'”

• La directora del Childline reconoce que la pandemia ha incrementado el trabajo infantil y los matrimonios precoces como consecuencia del parón educativo.
Aina Valldaura
Compartir:

Doreen Reddy fue durante más de 30 años directora del Programa de Mujeres de la FVF. Hoy dirige el Childline, un teléfono de atención para denunciar abusos contra la infancia. Esta línea telefónica es iniciativa del Gobierno indio, que se apoya en la Fundación para gestionar las llamadas en el distrito de Anantapur. Con Doreen repasamos las acciones de la Fundación para abordar el desafío global de la eliminación de la violencia contra las mujeres y su adaptación al contexto de la pandemia.

Cuando hablamos de ayuda a la cooperación internacional es importante mantener un enfoque local para conseguir esos objetivos globales. ¿Cómo explicarías el trabajo de RDT en la lucha para erradicar la violencia de género y el avance hacia una sociedad más igualitaria?

La igualdad de género significa que hombres y mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades para lograr sus objetivos, vivir una vida digna y alcanzar su completo potencial. Cualquier acción que busque acabar con la violencia de género tiene que trabajar especialmente en lo local, tener en cuenta los problemas específicos a los que se enfrentan las personas en general y las mujeres en particular.

A lo largo de mis años de trabajo en el marco de la igualdad de género, me he dado cuenta de que uno de los pilares del cambio real es la educación y la sensibilización de las personas, hombres, mujeres, jóvenes. Educar a las personas en igualdad es esencial para lograr el cambio.

Los sangham son también una iniciativa útil. Son asociaciones de mujeres, espacios donde se crean lazos de solidaridad, acuden a charlas de sensibilización, participan de la celebración de días internacionales, acceden a programas de desarrollo económico... Y todo esto lo hacen juntas, como grupo.

En todo el mundo, la pandemia ha provocado un aumento en el número de situaciones de violencia hacia las mujeres. ¿Por qué? ¿Cómo han respondido las autoridades y organizaciones, a esta situación en la India?

La pandemia y el consecuente confinamiento ha puesto a muchas familias en una situación extrema, tanto a nivel económico como emocional. Muchas personas perdieron no solo su empleo sino su forma de subsistencia. Si no van a trabajar no pueden comprar alimentos y por lo tanto hay un sentimiento de fracaso porque no poder proveer a su familia. Esto deriva en una espiral muy peligrosa de estrés, frustración y desesperación, y quienes normalmente pagan el precio son aquellos y aquellas que son vistos como más vulnerables, los menores y las mujeres. Ha pasado en India y en todo el mundo.

El Gobierno distribuyó alimentos a las familias en situación de vulnerabilidad, una labor de la que también participamos desde la FVF. Llegamos a distribuir provisiones a más de 8.000 familias y más de 400.000 paquetes de comida cocinada.

Si nos centramos en el ámbito de la violencia de género habría que destacar el compromiso de las consejeras de la organización durante la pandemia. Algunas participaron de las tareas de distribución de alimentos, lo que les permitió seguir moviéndose por los pueblos y poder hacer seguimiento de las mujeres y familias que tenían a su cargo. Por otro lado, se facilitó a todas las personas que estaban haciendo terapia el número de teléfono de la consejera, y este fue pasando de una mujer a otra. La consiga era: “si nos necesitas, estamos siempre disponibles”. El objetivo era garantizar que nadie se sintiera sola o desamparada en esta situación ya de por si tan extrema como es un confinamiento domiciliario.

Estás a cargo del Childline en Anantapur, ¿habéis notado un incremento en el número de llamadas desde el inicio de la pandemia? ¿Cuál es el motivo?

El Childline, es una línea de atención a la infancia impulsada por el Gobierno. En el distrito de Ananatpur, y desde 2005, la Fundación es la encargada de gestionar este servicio. Durante el confinamiento, este servicio siguió en marcha, los 7 días de la semana, las 24 horas del día, para seguir dando respuesta a llamadas de denuncia de situaciones de vulneración de derechos de la infancia.  

Efectivamente en los últimos meses ha habido una tendencia al alza en cuanto al número de llamadas. Lo que a mi entender, se debe al cierre de las escuelas. Desde marzo, las escuelas de primaria permanecen cerradas, y solo recientemente los institutos han reabierto de forma presencial para los cursos superiores de 8º, 9º y 10º, aunque aún son muchas las familias que no quieren que sus hijos e hijas acudan al colegio por miedo. En esta situación se dibuja para las familias un futuro incierto, por lo que aumenta la predisposición a mandar a los hijos a realizar distintos trabajos y en el caso de las hijas se puede materializar en matrimonos precoces.

El cierre de las escuelas tiene también un impacto notable en la nutrición de los menores de familias en situaciones de vulnerabilidad, para los cuales la comida del mediodía en la escuela era su alimento principal.

Desde el Childline, cada vez que recibimos una llamada, ya sea por parte de un vecino o vecina, un familiar o el mismo menor ponemos en marcha un protocolo de actuación en coordinación con la policía, el Child Welfare Comitee y el Ministerio de Desarrollo de la Mujer y la Infancia.

En los últimos meses para frenar esta tendencia de incremento en el trabajo infantil y los matrimonios precoces, participamos junto con las autoridades de Andhra Pradesh en la ‘Operación Muskaan’, una operación coordinada entre varias administraciones para rescatar a menores de situaciones de trabajo infantil o vulneraciones de derechos. Un total de 2.206 menores fueron rescatados en el Estado de Andhra Pradesh (417 en el distrito de Anantapur) durante los últimos meses gracias a esta iniciativa.  

Durante tus más de 25 años al frente del Sector Mujeres, una de las iniciativas que promoviste fue la de realizar talleres de género con chicos jóvenes (de entre 11 a 20 años). ¿Podrías contarnos un poco más acerca de estos talleres, su objetivo y como fueron recibidos?

En RDT creemos que la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres es esencial para vivir una vida digna. Para conseguir dicho objetivo en un inicio empezamos a trabajar con mujeres y hombre adultos, a veces juntos y a veces separados.

En las charlas para hombres hacíamos especial énfasis en los roles de género, la discriminación cultural ligada a valores fuertemente patriarcales, la discriminación en la educación, los peligros de los matrimonios precoces…

En el caso de las mujeres, el primer paso era que entendieran que estaban siendo discriminadas. Muchas de las prácticas que hoy nos parecen imperdonables como la violencia contra la mujer, restringir sus movimientos… eran percibidas como normales durante décadas. Así que empezamos por desnormalizar esas prácticas para luego pasar a hablar de los derechos de las mujeres, de las herramientas legales, las causas de dicha discriminación... El cambio se iba produciendo pero muy lentamente y de forma gradual.

Así que pensamos que a lo mejor si atajábamos antes ese problema, si hablábamos de ello durante la etapa formativa de la persona, ese cambio y compresión se podría producir de forma más rápida. Así que sin abandonar el trabajo con adultos, empezamos a trabajar con jóvenes. 

Recuerdo que la primera sesión con chicos jóvenes la hicimos en Kuderu. Cuando llegamos no había nadie, así que nos fuimos a pasear por el pueblo a ver qué pasaba. Nos dijeron que no querían ir, que ese tema no iba con ellos, que eso era cosa de chicas. Les dijimos que todo lo contrario, que de lo que íbamos a hablar si que iba con ellos, iba con su futuro y que estaba estrechamente ligado con su felicidad, con su bienestar, y no solo con la suya sino con la de sus hermanas y madres. Al final accedieron y cuando terminamos la primera sesión, fueron ellos mismos quienes nos pedían más.

Has estado trabajando durante muchos años con mujeres que han pasado por situaciones traumáticas y que han sufrido mucho. Te hemos visto hablando con ellas, desde la empatía, el respeto y sin juzgar. ¿Qué necesita el mundo para acabar con este tipo de violencia? ¿Qué debe cambiar para lograr ese objetivo de un mundo libre de violencia?

La violencia de género es un problema estructural, no es un problema familiar aislado. Entender que se trata de un problema sistémico, profundamente arraigado en la sociedad y en la cultura es algo que debemos asimilar para acabar con esta lacra.

Debemos empezar por analizarnos a nosotros y nosotras mismas: nuestro comportamiento, nuestras actitudes, nuestros pensamientos…Que entendamos de dónde vienen, cómo el sistema patriarcal nos afecta desde que nacemos, para luego poder cambiarlos.

La sensibilización y la educación son esenciales para cambiar siglos de discriminación y prácticas discriminatorias. Esa conciencia debe ser individual pero también colectiva. En mi experiencia he visto que la presión de la comunidad, de la sociedad es esencial para dejar de normalizar la violencia y la discriminación hacia las mujeres.

Esta presión debe ir además de la mano de un marco legal favorable a la víctima, que le dé garantías, que le de apoyo y sobre todo que inspire confianza. En este ámbito, el  asesoramiento es esencial para que la personas que está pasando por ese proceso sea consientes que no están solas, que tiene herramientas para afrontarlo y que hay una alternativa.

Es hora de que entendamos que los derechos humanos también son nuestros derechos, los de las mujeres y que se ponga en valor la contribución que cada día millones de mujeres hacen para sacar adelante sus familias, sus comunidades y países enteros. Si nosotras paramos, el mundo para y eso se debe saber.

Entrevista de Aina Valldaura y Raquel Artiles

Foto de Aina Valldaura