Alzando el vuelo

  • Estas semanas más de medio centenar de estudiantes de la Escuela Profesional se enfrentan a exámenes oficiales de idiomas
  • Conocer alguna lengua extranjera y tener ciertas habilidades sociales les abre la puerta a empleos cualificados y bien remunerados

Han dormido poco, pero ya están todas listas para dar comienzo a un día importante. Son las cuatro y media de la madrugada y al sol no le ha dado tiempo a despuntar. Les esperan cuatro horas de viaje hacia Bangalore. Allí harán un examen oficial de alemán que puede acercarlas un poco más al objetivo para el que llevan ocho meses preparándose: encontrar un empleo que les permita crecer personal y profesionalmente. Esto se traducirá en autonomía económica y tranquilidad. Tranquilidad para ellas y para sus familias, mayoritariamente dedicadas a la agricultura en una tierra donde tener agua es una preocupación diaria.

Las 54 alumnas de la cuarta promoción de la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer tienen entre 21 y 25 años, son graduadas o posgraduadas, proceden de pequeñas aldeas rurales y la situación económica de sus familias está por debajo del umbral de la pobreza. Hoy diecinueve de ellas, las que estudian alemán, se examinan en una academia para certificar todo lo que han aprendido desde que empezó el curso en agosto. Si aprueban, en un par de meses intentarán subir un nivel más. Si no, tendrán una segunda oportunidad. Lo mismo que las alumnas de español y las de francés, los otros dos idiomas que se imparten en la escuela.

Desde que empezó a funcionar en 2012, la Escuela Profesional trabaja para que jóvenes de comunidades desfavorecidas de Anantapur tengan las mismas oportunidades de encontrar un empleo cualificado que otras personas de su edad y nivel académico. Es un centro residencial y acoge a chicas y chicos en años alternos. Allí refuerzan sus conocimientos de informática, contabilidad e inglés, y reciben 16 horas semanales de clases de otra lengua extranjera, a escoger. “Tenemos contacto con empresas multinacionales y nos asesoran sobre qué idiomas es importante dominar para encontrar empleo”, explica José Antonio Hoyos, coordinador del proyecto.

Una brecha a eliminar
“La gran brecha con que se encuentran muchos de nuestros estudiantes es su poca capacidad para comunicarse y su falta de habilidades sociales. Si sabes idiomas y también cómo relacionarte, te será muchísimo más fácil adaptarte a situaciones nuevas”, subraya la directora de la escuela, Geetha Vallivedu. Un total de 120 alumnas y alumnos de las tres primeras promociones ya han pasado por este proceso, de los cuales 94 trabajan en empresas multinacionales. El año pasado más de medio millar de chicas presentaron su candidatura para formar parte de la cuarta promoción. Amaravathi, graduada en Química, es una de las que lo consiguieron: “Nunca había pensado que aprendería idiomas extranjeros. En mi pueblo la gente sólo habla telugu y muchos dejan los estudios en secundaria”, relata.

Talentos conscientes
El día avanza y al llegar el mediodía las estudiantes van terminando sus exámenes. Por la tarde habrá un rato para visitar esta ciudad que algunas de ellas nunca habían tenido oportunidad de pisar. En tres meses tanto estas mujeres como sus compañeras de español y francés empezarán a buscar trabajo y la mayoría descartan contraer matrimonio mientras no tengan empleo. Gran parte de las chicas serán contratadas por compañías internacionales que tienen su sede en ciudades indias como Hyderabad, Chennai, Pune, Pondicherry o la misma Bangalore. El talento se irá a la ciudad, sin olvidar donde empezó el camino. “Puede ser que dentro de un tiempo, con su aprendizaje y experiencia, decidan volver y cooperar a desarrollar sus aldeas”, vaticina Hoyos. “Me gustaría trabajar fuera pero también regresar y ser parte del cambio”, ratifica Amaravathi.

Empieza a anochecer y la luna llena aparece en escena junto al sol. Pero hay otro elemento en el cielo que acapara absolutamente la atención de las estudiantes: los aviones que aterrizan o despegan de Bangalore. Los ven más de cerca que nunca, justo en el momento en que ellas empiezan a alzar el vuelo.