Amor de hermanas, la terapia de Sita

Deena nació con parálisis cerebral y apenas responde a los estímulos, excepto a uno: las travesuras de su hermana mayor, Sita, quien hace todo lo posible por sacarle una sonrisa.
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Entre bananos y árboles de nibuwa, se alza una minúscula vivienda construida de paredes de aluminio que contrasta con el verdor de las montañas de Dhankuta, en el este de Nepal. “Meow meow, biralo, yeta tira aau” (“Miau miau, gato, ven conmigo”), se oye tararear a una voz infantil. En el interior del habitáculo, Sita, de cinco años, hace las delicias de su hermana pequeña, Deena, que nació con parálisis cerebral. Canta y baila para ella mientras le pinta los labios de color cereza.

Un par de cortinas floreadas actúan como bambalinas. Del techo, cuelga un osito de peluche y un móvil de cuna hecho con trizas de bolsas de patatas chips. Los colores plateados se proyectan sobre el colchón-escenario, ante la atenta mirada de Deena, que justo acaba de cumplir tres años. “Apenas reacciona a los juguetes, pero sí a todo lo que hace su hermana. Cuando Sita juega, Deena se pone muy feliz. Se quieren mucho”, cuenta Chitra, su madre.

Sita canta para su hermana Deena, que nació con parálisis cerebral

Hace dos años que empezaron terapia, de forma prácticamente fortuita. “Un día iba por el bazar de Dhankuta y una desconocida me paró. Me preguntó por mi hija y me recomendó acudir al centro de día de SGCP Nepal (Self-help Group for Cerebral Palsy), donde ella trabajaba”, recuerda. Hasta aquél momento, ni ella ni su marido Nischal sabían exactamente qué era la parálisis cerebral.En el centro, ví a otras niñas y niños con parálisis pero nunca pensé que mi bebé tendría lo mismo”, añade la joven.

En las zonas rurales de Nepal, hay tan solo un médico por cada 3.300 habitantes, según un estudio de Rural and Remote Health. Muchas familias se encuentran desorientadas, sin apoyo psicológico ni atención médica, en la crianza de sus hijas e hijos con discapacidad. “En el hospital, el doctor me dijo que sería un parto normal, pero tuvieron que practicarme una cesárea. Cuando Deena nació, estaba azul. Tardó dos horas en llorar y tuvieron que ponerla en cuidados intensivos durante once días”, recuerda Chitra.

Sita agita un sonajero fabricado con una botella de plástico rellena de piedrecitas y ayuda a su madre con la terapia de su hermana, una rutina que practican a lo largo de tres horas al día. “Deena ha mejorado mucho, ahora consigue controlar la cabeza y mantener contacto visual. Si no hubiera ido al centro, nunca habría dedicado tanto tiempo a terapia. Allí me dí cuenta de que tenía que dedicarle mucho tiempo a mi hija”, afirma Chitra. Durante la jornada, padre y madre se turnan para trabajar en la plantación de arroz, pastar el ganado y cuidar de la pequeña.

Sita, Nitisha y Pragya haciendo travesuras

Entre ejercicios, Sita se pone a deletrear a toda velocidad palabras en inglés, uno de sus pasatiempos preferidos. “¡Zebra: z-e-b-r-a!”, exclama soltando una carcajada, cuando se le pregunta por su animal preferido. La energía de Sita se transforma en vitaminas para Deena, consiguiendo que la terapia se convierta en un momento familiar de diversión pero también de relajación. La pequeña, entretenida por su hermana mayor, destensa la musculatura de forma que logra seguir todos los movimientos sin molestias.

En el umbral de la puerta, se asoman Nitisha y Pragya, impacientes por jugar. Tras la terapia, Sita sale disparada al encuentro de sus amigas. Un pequeño rebaño de cabras las sigue hasta un arroyo, donde acaban en remojo, para mayor alegría de su madre y Deena, quienes las observan desde la orilla.

La Fundación Vicente Ferrer, a través de la alianza con SGCP Nepal, apoya a menores con parálisis cerebral de zonas rurales y a sus familias proporcionando atención sanitaria y una red de apoyo para promover su desarrollo y autonomía.

Chitra y Deena se entretienen con Sita

Texto: Eva Galindo Soriano | Fotografías: Katia Álvarez Charro | Traducción: Sarna Maharjan