Artesanía profesional

El proyecto de Comercio Justo de la Fundación ha dado un salto en los últimos años gracias a la búsqueda de nuevas vías de distribución de los productos que multiplican las posibilidades

Detrás de una iniciativa artesanal y solidaria se esconde un gran proyecto con una gestión profesionalizada, que hace que sea sostenible a largo plazo. El programa de Comercio Justo y Solidario de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) tiene el objetivo de integrar a mujeres del estado de Andhra Pradesh con discapacidades físicas o mentales, ofreciéndoles formación en talleres (de yute, joyería, costura, papel maché, papel reciclado y hojas secas de palmera) para que elaboren casi 1.000 productos diferentes de artesanía como bolsos, huchas, bisutería y objetos de decoración destinados a la venta. Alrededor de 200 mujeres trabajan actualmente en este programa, aunque está previsto que lleguen a 270 a finales de año. Estas beneficiarias reciben un salario por su trabajo en los talleres, así como pensión completa en las instalaciones de la FVF y atención sanitaria. “Es un programa que, lejos de ser asistencialista, empodera a las mujeres, que de otra forma tendrían muy difícil ser autosuficientes y respetadas en su comunidad”, explica su responsable en la India, Sebas Vidal.

Pero para conseguir que este proyecto funcione, hay detrás una gestión meticulosa. Desde 2011, la Fundación apostó por profesionalizar esta tarea (primero con la economista Cristina Ballester y ahora con Vidal) y está dando un gran rendimiento. El principal trabajo es dar salida a los productos. ¿Cómo se está haciendo? Por un lado, a través de la clásica tienda del campus principal de la FVF en Anantapur, así como las tres de España (en Mallorca, Menorca y en la oficina de Barcelona) y la tienda online. Pero, tal y como explica Sebas, se está yendo más allá para “exprimir el máximo potencial del proyecto”. En España, la colaboración del voluntariado es indispensable para montar mercadillos con los productos de la FVF que son importantes para dar a conocer la labor de la organización. Esta actividad se complementa con el nuevo plan de venta a distribuidores con tiendas físicas en el territorio (Natura y Hard Rock Café, por ejemplo). Por su parte, en la India también se está acudiendo a ferias de artesanía en las que la FVF realiza ventas al por menor (recientemente, ganó el premio a la mejor parada en un reconocido mercadillo de la capital de Andhra Pradesh, Hyderabad) en las que también consigue posicionarse como productora para distribuidores indios, tanto físicos como online.

Hasta 2011, el 70% de los productos se vendían en España. A día de hoy, alrededor del 60% ya se venden en la India. Esto se debe a que en los últimos años ha habido una apuesta por incrementar las ventas para hacer crecer el volumen de negocio y, así, posibilitar que cada vez más mujeres se integren como artesanas. “Es un proyecto con enormes posibilidades y lo que estamos intentando es ser ambiciosos para hacer llegar las artesanías que hacen las chicas al mayor número de manos posible”, ha argumentado Sebas Vidal.

De hecho, los próximos pasos son tanto o más motivadores: la FVF está en proceso para conseguir el sello de la organización internacional de Comercio Justo, un reconocimiento que puede abrir muchas puertas al proyecto, y también tiene previsto abrir una pequeña tienda en la ciudad de Anantapur para dar a conocer sus productos en la propia zona en la que trabaja.

Sebas añade que los grupos de talleres de trabajo son independientes, es decir, que en el futuro podrán funcionar como cooperativas que venden a la Fundación y al mismo tiempo pueden fabricar para otros distribuidores, algo que refuerza su trabajo y no pone límite a su desarrollo. “Es un proyecto maravilloso porque busca empoderar a las mujeres con su propio trabajo. Y la finalidad de cualquier proyecto de desarrollo es que acabe siendo sostenible y autosuficiente”, resume Sebas.