Bailar hasta acabar con la discriminación

Gopi es profesor de baile en la Escuela Inclusiva Infantil de la FVF desde hace 12 años.
© FVF / Aurora Díaz Obregón
Gopi es profesor de danza y enseña a alumnas y alumnos con diversidad funcional a romper con la exclusión social a través del baile.

La iluminación de la tarde traspasa las ventanas de una de las aulas de la Escuela Inclusiva de Infantil de la FVF. Unas bombillas se encienden y apagan simultáneamente mientras se escucha una canción de fondo. Cada toque de luz marca un paso de baile. Algunos niños prestan atención a las luces; otros, escuchan los sonidos que Gopi, su profesor, hace con las palmas de sus manos. Repasan cada detalle coreográfico para la próxima actuación.

Gopi enseña a bailar a niños y niñas con diversidad funcional desde hace doce años. La danza clásica como instrucción y arte siempre ha estado vinculada a las castas altas, los brahmanes. Este profesor, a pesar de pertenecer a una casta baja, accedió a los estudios de danza. Durante años trabajó en un instituto como profesor, hasta que un día lo dejó todo por la escuela en la que ahora enseña.

¿Por qué tomaste esta decisión?

No estaba satisfecho con mi vida. En el instituto ganaba más dinero, pero sentía que no me llenaba el trabajo que estaba haciendo. Cuando me ofrecieron trabajar con niños que tienen diversidad funcional, ni me lo pensé. De nada sirve tener más dinero si uno no está en paz con lo que hace.

¿Qué fue lo que te atrajo de este proyecto? Supongo que fue un cambio bastante grande a nivel personal, incluso en el método de enseñanza…

En la sociedad también existen este tipo de niños, son iguales que el resto. Descubrí que a través de la danza todos son igualmente capaces de bailar. Me di cuenta de todo esto mientras les daba clases. Al principio, no sabía qué hacer con ellos. Conceptos como parálisis cerebral, sordera o discapacidad intelectual eran nuevos para mí en este ámbito. Hemos tenido que reinventar el sistema comunicativo en la danza.

Al principio, ¿cómo te comunicabas con ellos?

En los inicios, tenía dificultades de comunicación hasta que aprendí la lengua de signos para poder transmitir el mensaje a todos y todas. Ha sido un proceso complicado. Hemos tenido que desarrollar otros métodos, por ejemplo, con la FVF hemos creado un sistema de aprendizaje a través de luces. Las bombillas y sonidos funcionan como indicadores de un paso u otro. Es un trabajo en equipo, no solo mérito de una persona.

¿Cómo es el proceso de aprendizaje de los niños?

Hay que tener mucha constancia, paciencia. Todo depende de la motivación de los niños y su esfuerzo, pero cuando ven sus resultados o hacemos actuaciones en otros sitios, entienden que el sacrificio es satisfactorio. No importa cuál sea su clase social, ni su problema de aprendizaje.

¿Recibís ayuda de otros profesionales del mundo artístico?

Si por ejemplo una niña o un niño es bueno en una disciplina y nosotros no disponemos de los suficientes recursos en esa área, la FVF nos proporciona un bailarín específico. Los profesores recibimos una formación profesional para poder enseñar a los alumnos.

Además, en el centro se enseñan diferentes disciplinas, no solo baile…

Sí, es labor de los profesores impulsar y observar el talento de cada uno. Una niña fue galardonada con 40.000 rupias tras ganar un concurso de canto y ahora ha podido especializarse en esta rama en otro centro más profesional. Este tipo de cosas me producen mucha satisfacción, por eso continúo en este trabajo.

Hace unos años me ofrecieron un buen puesto como funcionario, en una escuela del gobierno. Era una buena oportunidad y ganaba más dinero, pero renuncié. Regresé aquí porque esto es lo que me hace feliz.

Texto: Aurora Díaz Obregón