Campesinos al límite

De los miles de casos de suicidios que se registran cada año en la India, un 10% son de agricultores y ganaderos ahogados por las deudas
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Cada hora se suicidan al menos 15 personas en la India, según datos del gobierno del país. Un 10% de los casos corresponden a campesinos que no pueden hacer frente a sus créditos. Agricultores y ganaderos ahogados por las deudas e incapaces de devolver el dinero a bancos, compañías de microcréditos y prestamistas privados, que a menudo les imponen intereses desorbitados. Esto les lleva a situaciones extremas al no poder afrontar los crecientes costes de producción.

Las cifras reveladas este año por la Agencia Nacional de Registro Criminal (NCRB, siglas en inglés) apuntan que 135.445 personas se quitaron la vida en 2012 en la India, lo que representa un aumento del 25% en la última década. Estos datos son ligeramente más leves que los aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 2010 contabilizó 190.000 casos. Las cifras de recuento de casos de suicidios son poco claras debido a la dificultad que representa su registro y al hecho que muchas personas evitan declarar esta causa de muerte porque el suicidio está tipificado como delito en la India. Aunque la pobreza, los asuntos familiares y las enfermedades se citan como las mayores causas de suicidio, los problemas del campesinado por sí mismos copan el 10% de los casos, según un estudio elaborado por la London School of Hygiene and Tropical Medicine (LSHTM).

En muchos casos, la introducción de semillas modificadas, fertilizantes y pesticidas supone un coste cada vez mayor para los campesinos. Por otro lado, la creciente expansión de los monocultivos tiene como consecuencia un mayor riesgo, por jugárselo todo a una cosecha. Otros factores como la sequía, las inundaciones, las plagas y la reducción de los precios de los productos agrarios resultantes de las políticas de libre comercio han creado un contexto que propicia el endeudamiento y la angustia de los campesinos indios.

El caso de Satyavani
Ashok, un ganadero de la localidad de Toopalli, al norte de Anantapur, se quitó la vida hace casi un año, cuando tenía 30, al no poder pagar las deudas contraídas tras la compra de dos vacas. Diferentes prestamistas privados le dejaron dinero a un alto interés que no pudo devolver. Tras su muerte, su viuda, Satyavani, de 25 años, tiene que encargarse sola del negocio familiar de venta de leche y de la educación y sustento de sus dos hijos, además de devolver las 150.000 rupias –unos 1.700 euros- más intereses que debía su marido. Hace unos meses, después de que una de las vacas muriera por enfermedad, Satyavani decidió hacer un curso de costura para poder trabajar como modista. La Fundación Vicente Ferrer (FVF) le ha financiado ahora parte del coste de una máquina de coser que le permite aumentar así sus ingresos. “Los prestamistas nos presionan continuamente para que devolvamos el dinero y paguemos los intereses. Con la máquina de coser puedo ganar un poco más”, ha afirmado Satyavani.

El sector de Ecología de la Fundación lleva a cabo diferentes proyectos para dar apoyo a los campesinos que afrontan situaciones difíciles, a través de la implementación de sistemas de irrigación, energías renovables y construcción de embalses y pozos, entre otros. No obstante, también considera indispensable apoyarles en paralelo en otros ámbitos como la educación, la vivienda o la sanidad, según las necesidades de cada caso.

Satyavani, que supo que estaba infectada por el virus del VIH al morir su marido, ha recibido además apoyo y orientación por parte de la FVF sobre la medicación y precauciones que debe tomar y cómo actuar ante la infección. “Aunque mi situación continúa siendo difícil, ahora tengo una mayor confianza en que saldré adelante”, ha asegurado la joven.