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Cómo combaten la COVID-19 las comunidades tribales

• 104 millones de personas de la India son de origen tribal, comunidades que también están expuestas al virus, pero con poco o nulo acceso a servicios de salud
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“Tanto jóvenes como mayores de cada pequeño rincón del mundo deberían tener acceso a la vacuna contra la COVID-19” afirma Guruvamma, miembro de la comunidad tribal de los Chenchus, quienes viven en el bosque de Nallamala situado entre los estados indios de  Andhra Pradesh y Telangana. En mitad de lo que se ha convertido en una carrera de fondo para garantizar una vacunación masiva en el segundo país más poblado del mundo, es imprescindible asegurarse que todos sus ciudadanos y ciudadanas, vivan en las zonas más remotas o las metrópolis más concurridas, estén informados y protegidos.

Los pueblos indígenas y tribales constituyen una población de más de 476 millones de personas que viven en 90 países distintos. En la India, componen el 8,6% de la población - más de 104 millones de personas-, siendo el país que da hogar a un mayor número de comunidades tribales. Con la llegada de la pandemia, el conjunto de la población ha estado expuesta a las amenazas socioeconómicas que han acompañado la emergencia sanitaria. Sin embargo, “los pueblos indígenas y tribales corren un mayor riesgo en las emergencias de salud pública, volviéndose más vulnerables debido a la falta de acceso a servicios de salud”, expone B Pushpamma, directora regional de FVF en el área de Srisailam,  donde la Fundación lleva trabajando más de 11 años conjuntamente con la Agencia del Desarrollo Tribal (ITDA por sus siglas en ingles) y el Gobierno de Andhra Pradesh y Telangana.

Foto: Nuria Navarro

 “Cuando llegó la primera ola de la COVID-19 tuve miedo porque vivimos muy lejos de cualquier centro médico, pero al mismo tiempo me sentía seguro en nuestra aldea porque está en los adentros del bosque Nallamala, a más de 60 km del pueblo más cercano”, afirma Guruvaiah. Los Chenchus son una comunidad tribal que durante siglos han subsistido en las profundidades del bosque recolectando frutos, raíces y miel de la naturaleza. Sin embargo, aunque la comunidad habite en un área protegida de acceso restringido - la reserva natural de tigres de Srisailam- siguen necesitando ir a los pueblos de los alrededores para vender aquello que recolectan y cultivan, y conseguir provisiones básicas. Eso les expone al virus y puede agravar sus consecuencias por la falta de instalaciones médicas en las aldeas y su difícil acceso.

“Si hay una emergencia nos llaman y enviamos una de las ambulancias de la Fundación, pero como muy pronto puede llegar en 45 minutos”, explica B Pushpamma. Sin embargo, el  tiempo que tardan en llegar los servicios médicos no es el mayor de sus retos. Lo es conseguir comunicarse, hacer la llamada. “Tenía miedo de infectarme porque en los pueblos no hay conexión, solo hay cobertura en algunos puntos concretos del bosque. Si hay alguna emergencia tenemos que andar varios kilómetros para poder avisar a la Fundación”, confiesa Guruvaiah.

El acceso a servicios médicos es esencial, pero también lo es la información para poder prevenir cualquier necesidad médica. Con la llegada del nuevo coronavirus, la incertidumbre y el desconcierto se convirtieron en la realidad de muchos. “Antes de recibir sesiones de sensibilización solo sabía que había un virus que podía matar a la gente. Después entendí como me puede afectar y como puedo evitar contagiarme”, afirma Guruvamma.

Foto: Nuria Navarro

Las sesiones de sensibilización empezaron en marzo de 2020 y siguen en marcha hasta día de hoy, aunque se han ido adaptando a las necesidades del momento. “Durante la primera ola nos centramos exclusivamente en explicar qué es la COVID-19, cómo puede afectar a nuestro cuerpo, cuáles son las medidas de prevención que se deben tomar, y la importancia de testarse”, explica B Pushpamma.

Ahora, después de una segunda ola devastadora que ahogo el país en una de las peores crisis sociales y sanitarias desde hace décadas, el gobierno y la sociedad civil están trabajando conjuntamente para lograr una inoculación masiva y evitar otro terrible episodio como el vivido en abril y mayo del 2021. “Visitamos cada pueblo y aldea para poder ofrecer la información necesaria sobre las diferentes vacunas y sus beneficios a nivel social e individual”, explica B Pushpamma.

India lanzó el programa de vacunación más grande del mundo para la COVID-19 el 16 de enero de 2021, con el gran reto de vacunar a sus 900 millones de habitantes elegibles. Pero no solamente tiene que afrontar este desafío, sino que debe hacer frente al desconocimiento y al miedo infundado por los rumores. “Yo no quería vacunarme. La gente de los pueblos cercanos decía que podía morir a causa de la vacuna”, confiesa Guruvaiah. “Me daba miedo, no sabía que podía pasarme. Había escuchado que si me vacunaba me contagiaría de COVID-19 y no podría ir al bosque a trabajar”, añade Guruvamma.

Las trabajadoras de salud de la Fundación que van a los pueblo mensualmente a hacer un seguimiento a las personas que habitan en el bosque Nallamala, son las mismas que han recorrido cada aldea para crear conciencia sobre la campaña de vacunación a través de los programas culturales. Pale Soludu, el teatro al aire libre vestido de discursos, canciones y bailes ha acercado la información a la comunidad  de los Chenchus.

Foto: Nuria Navarro

“En una de las representaciones la trabajadora de salud se vacunó delante de todos. Allí fue cuando entendí que si era bueno para ella era bueno para nosotros. Ella siempre cuida de nuestra salud y esta vez no va a ser diferente”, declara Guruvamma. La información accesible a través del arte ha ayudado a Guruvamma a tomar una decisión. Y como a ella, a muchos otros.

“Además de explicarnos qué es la vacuna, la FVF nos facilita el acceso a ella”, explica Nagamma. El gobierno ha acondicionado centros de vacunación a lo largo del país, sin embargo el acceso a estos para la comunidad Chenchu es complicado. “Desde la Fundación organizamos el transporte para ir y volver, o acompañamos a un equipo médico a la aldeas para identificar a las personas elegibles y vacunarlas en nuestras ambulancias”, explica B Pushpamma.

El acceso a las infraestructuras sanitarias, a la información y a la vacunación se convierte en un imprescindible cuando el planeta sigue sumergido en una pandemia. “La vacunación contra la COVID-19 es muy beneficiosa para nosotros porque vivimos muy lejos de cualquier hospital. Si toda nuestra comunidad se vacuna estaremos protegidos”, afirma con seguridad Nagamma, quién ya ha convencido a 41 de sus vecinos a vacunarse.