¿Cómo es un día en la vida de una “blue angel”?

• Usha, trabajadora de salud rural, viaja de aldea en aldea concienciando a la población antes de la llegada de una posible tercera ola.
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Usha acaricia cuidadosamente los pliegues de su sari azul, mientras se coloca una mascarilla a juego. “La gente de los pueblos nos llama ‘blue angels’ (ángeles azules)”, confiesa con una sonrisa.

Su día empieza tan pronto como amanece. Se levanta a las 4:30, limpia su casa, cocina la comida para la familia y se prepara para emprender su misión diaria como trabajadora de salud rural en la región de Bukkarayasamudram.

Los últimos meses han sido devastadores. A Usha le cuesta verbalizar las experiencias y el miedo vivido. “En ocasiones, fue difícil llegar a la gente”, comenta con la mirada caída. “Había una sensación de desorientación sobre qué y cómo comunicar a la gente la emergencia y la falta de oxígeno en el país. Pero me dije a mi misma: si yo tengo inseguridades, ¿entonces quién irá a concienciar a los pueblos?”, añade.

Ante la previsión de una tercera ola, la Fundación Vicente Ferrer continúa con las actividades de prevención para reducir el impacto y paliar las consecuencias de la covid-19. Actualmente, una de las acciones más importantes es combatir la desinformación sobre las vacunas. En la India rural, el acceso a la información y a los servicios es limitado y, además, en algunas áreas, hasta el 40% de la población es analfabeta.

La gente muestra desconfianza hacia la vacuna”, comenta Usha, al salir de una de sus visitas a domicilio. Con 20 años de experiencia, Usha visita cada día una media de 25 familias y también organiza charlas de concienciación. A estas acciones, se suman otras iniciativas como el teatro en la calle (pale solodhu), donde los actores hacen llegar las medidas de prevención a través del arte.

Me encanta mi trabajo, dice con entusiasmo. “En la infancia, participé en actividades de concienciación organizadas por la Fundación. Esto me motivó a realizar estudios de Enfermería y a trabajar en la red de hospitales de la Fundación”, añade.

Usha entra en la cuarta casa de hoy y los niños, curiosos, la rodean mientras habla con la madre. “No había oído nada sobre la vacunación. Ni rumores buenos, ni malos; simplemente nada”, afirma Laxmidevi, que reside con su familia en la aldea de Cherlopalli. “Tras hablar con Usha, he decidido que tanto mi marido como yo iremos a vacunarnos”, explica.

Tras completar la ronda a domicilio, Usha organiza una sesión grupal con Renuka, profesora del centro de atención infantil (Anganwadi). “Yo había oído que enfermaríamos con la vacuna”, confiesa Varalaxmi, una de las asistentes. “Hablé de la vacuna con Usha y con Renuka, contestaron a todas mis preguntas y decidí vacunarme”, explica. Desde que está vacunada, Varalaxmi no teme contagiar a su bebé de dos meses.

Yo pensaba que podía morir con la vacuna. Pero mi hijo se vacunó y está sano. Ahora tengo confianza en la vacuna”, comparte Channama con el grupo.

La concienciación es una herramienta que debemos utilizar bien”, constata Renuka, profesora del centro de atención infantil. Resolver las dudas es clave para crear confianza y conseguir que más personas se vacunen. Por ese motivo, Usha siempre deja su número de teléfono a cada familia que visita, una “blue angel” disponible a toda hora.