Con la educación llega el cambio

  • Kusuma y Venugopal, ex alumos de la Escuela Inclusiva de la FVF, explican a futuros estudiantes del centro cómo la educación están cambiando los prejuicios hacia las personas con discapacidad.

Venkaatanarayana fija la mirada en su hija como si fuera su talismán, su fe en el futuro de esta familia de agricultores. Kusuma sostiene de pie un micrófono, dirige sus palabras hacia algunos compañeros que, como ella, llevan el peso social de tener diversidad funcional. Cuenta sus logros y experiencia tras haber estudiado en la Escuela Inclusiva de la FVF. Luego regresa a su sitio, se sienta con sus compañeras.

En este encuentro los alumnos y alumnas que han obtenido becas de la FVF para estudiar, comparten su trayectoria y logros con los futuros estudiantes. “131 jóvenes procedentes de áreas rurales han tenido la oportunidad de alcanzar una educación superior. Muchos de ellos ahora están trabajando y otros continúan formándose en la universidad”, cuenta Rafiq, director del Sector de Personas con Discapacidad.

La vida de Kusuma, de 19 años, habría sido distinta si hubiera permanecido en Kadiri, su pueblo natal. “Mi familia trabaja en el campo, mi única salida era seguir estudiando, tengo problemas de movilidad en una mano y en los pies, ¿cómo iba a poder trabajar como agricultora?”, explica mientras su padre la escucha con atención. Kusuma ya ha terminado bachillerato y quiere continuar la rama de ciencias. Ahora mismo su educación es lo más importante. Solo eso puede darle la independencia como mujer y sostenerse económicamente. Su madre y yo ya somos mayores, trabajamos en la tierra y algún día no podremos cuidarla”, añade Venkaatanarayana. La diversidad funcional es una llaga para los jóvenes que viven en los pueblos. A menudo son señaladas, consideradas inútiles por no poder realizar ningún trabajo ni ayudar a su familia. “Creo que esto va cambiando poco a poco, pero el estigma sigue ahí”, argumenta el padre de Kusuma.

 

 

Cuando tenía cinco años, Venugopal iba a hombros de su abuelo, con las manos reposando en la cabeza, el cuerpo de su abuelo se convirtió en una extensión del suyo. “No podía andar, iba con él a todos los sitios”. Desde pequeño recibió asistencia de la FVF. “En décimo curso saqué notas altas y la me proporcionaron educación durante seis años”. Ahora, con 22 años, trabaja en un departamento de construcción y en el control de carreteras en Telangana. “La discriminación en personas como nosotros en la India todavía no ha terminado. Por eso he decidido mostrarme como soy, y trasmitir mi mensaje de apoyo a quien pueda, a jóvenes como yo”.

Texto: Aurora Díaz Obregón