Conoce a Anna Ferrer y su compromiso por crear una sociedad más igualitaria

La Fundación Vicente Ferrer (FVF) es hoy lo que es gracias al compromiso entusiasta, la capacidad organizativa, la racionalidad, la constancia, la integridad y el sentido común de Anna Ferrer. La que fue compañera de Vicente Ferrer e impulsora con él del proyecto de la fundación, es actualmente presidenta de la Fundación Vicente Ferrer y directora ejecutiva de la FVF en la India.Vicente representaba el idealismo y la determinación. Ella aporta la parte práctica y estratégica para diseñar los recursos necesarios para llevar a cabo las ideas que emanaban de la mente de Vicente Ferrer”, explica Jordi Folgado Ferrer, director general de la Fundación Vicente Ferrer en España. Al sumarse a esta misión, Anna siempre ha manifestado que nunca ha sentido que estuviera renunciando a nada. Muy al contrario, descubrió enseguida el propósito de propia existencia.

Actualmente dirige e impulsa el programa integral de desarrollo –un modelo pionero en cooperación–, que ha conseguido sacar de la pobreza extrema a miles personas en la India rural. Anna ha trabajado intensamente en la revalorización del papel de la mujer en todos los ámbitos sociales.

“Las mujeres están progresando muchísimo. Y si la mujer progresa y tiene educación, habrá educación en toda la familia. Pero lo que necesitan millones de familias ahora es concienciarse sobre la importancia de la igualdad entre hombres y mujeres. Si no hay un cambio en esto, no puede cambiar la situación actual de violencia sufrida por las mujeres. Necesitamos un cambio en esto. Y hay que hacer mucha concienciación en las familias”.

Que las mujeres sean valoradas y respetadas en su entorno no ha sido su único objetivo. La creación de la red sanitaria de la Fundación, en los estados de Andra Pradesh y Telangana, lleva también su impronta. Durante quince años fue la responsable del programa sanitario de la Fundación Vicente Ferrer en la India. Se encargó personalmente de crear un amplio equipo de trabajadoras sanitarias que recibían formación y velaban por la salud de los habitantes de las aldeas. La atención sanitaria de calidad y la prevención de enfermedades a través de talleres sobre hábitos saludables y la formación del personal sanitario han sido los pilares de este proyecto.

En 1987, Anna fijó otro importante objetivo para la organización al entrar en contacto con otro colectivo fuertemente discriminado en la India rural, y así se inició el programa de Personas con discapacidad de la Fundación.

 

En 2019 se cumplirán 50 años de la creación de Rural Development Trust en Anantapur (la contraparte de la Fundación Vicente Ferrer en la India), medio siglo del inicio de un proyecto que, liderado por Vicente y Anna Ferrer, cambiaría para siempre el destino de miles de personas en la India rural. Hoy Anna lidera, junto a su hijo Moncho Ferrer, Director de Programas de la Fundación, los nuevos retos de la organización. Además del cambio generacional que se está produciendo en toda la organización con respecto a las personas que dirigen los diferentes proyectos, la Fundación está ampliando sus horizontes poniendo en marcha nuevos proyectos en nuevas zonas que se suman a la labor de desarrollo de este medio siglo. Durante los próximos años Anna, Moncho y todo el equipo de la Fundación Vicente Ferrer se enfrentan a grandes desafíos con una misión clara: promover el desarrollo de comunidades que aún hoy no acceden a los servicios más básicos: vivienda, agua, escuelas y atención médica.

 

El inicio de todo. La llegada a la India

Anna Ferrer nació Essex, una localidad del sureste de Gran Bretaña, el 10 de abril de 1947. Siempre ha sido una mujer atípica que ha buscado su propio espacio cuando otras mujeres de su generación apenas decidían por ellas mismas. Con solo 16 años se embarcó en un viaje con su hermano y la familia de este alrededor del mundo. Eran los años 60. Con 16 años decidió establecerse en la India, un país especialmente marcado por la discriminación hacia las mujeres y vivió en un piso en Mumbai (su hermano y su familia se habían establecido en otro estado). Allí estudió y en 1963 comenzó a trabajar como reportera del semanario The Current.

Anna era una joven que siempre fue a contracorriente, quería conquistar su propia libertad. Esa libertad, paradójicamente, le ha generado otras cadenas, porque ha establecido un compromiso de por vida con los más débiles en una de las regiones más empobrecidas de la India. Sin embargo, esta responsabilidad le ha proporcionado también una enorme felicidad.
“Algunas personas me dicen que he sacrificado mi vida, pero yo siento que he sido muy feliz”.


Primer contacto con Vicente Ferrer

Anna conoció a Vicente Ferrer cuando le entrevistó para el semanario en el que trabajaba en 1968. Por entonces, el cooperante español había recibido una orden de expulsión del Gobierno y debía abandonar el país en plazo de dos meses. Miles de campesinos se manifestaban para reclamar que se quedara y el caso ocupaba portadas en los periódicos de toda la India. Vicente se había convertido en una persona incómoda para los terratenientes locales al haberse posicionado como defensor de los agricultores y las injusticias.

Anna conoció entonces a activistas de la India y, sobre todo, una causa con la que inmediatamente se sintió identificada. Durante un tiempo, compatibilizó su trabajo en el semanario con un voluntariado en el Comité de Ciudadanos por la Justicia para Vicente Ferrer, formado por cientos de personas que reclamaban la revocación de la orden de expulsión. Finalmente, dejó su empleo como periodista para dedicarse a fondo a este propósito.

La primera ministra, Indira Gandhi, permitió a Vicente Ferrer volver a la India. Anna Ferrer y otros cuatro voluntarios (ella fue la única mujer) le acompañaron hasta Anantapur, el segundo distrito más seco de toda la India, después del desierto de Rajastán. Según ellos mismos describieron al llegar: “En ese lugar había la nada”. Se establecen en Emma Bungalow, una pequeña vivienda ubicada donde actualmente se encuentra el campus central. “Al entrar en Emma Bungalow, encontramos una pieza de cartón que alguien había recortado. Había escritas las siguientes palabras: ‘Espera un milagro’”. Ella lo interpretó como un aviso de las dificultades que les esperaban, pero también como una declaración de intenciones.

 

Anna y Vicente se casaron en abril de 1970, unos meses después de que él abandonara la Compañía de Jesús. Entre 1970 y 1974 nacen sus tres hijos: Tara, Moncho y Yamuna.

 

Un programa de desarrollo singular

Comenzaron en los años 70 con el programa “Alimentos por trabajo”. La mayor necesidad de Anantapur era entonces proporcionar fertilidad a la tierra. Para ello construyeron pozos para acceder al agua. Implicaron en esta tarea a la población, a cambio de entregarles semillas para cultivar.

Anna Ferrer se puso al frente del Programa de Nutrición y Salud para dar asistencia sanitaria a una población que jamás había acudido a un médico. También puso en marcha el Programa de Personas con Discapacidad con el objetivo de dar dignidad a un colectivo marcado por los estigmas y la marginación.

Entonces los dálits, antiguamente llamados intocables, eran jornaleros que trabajaban en condiciones de semiesclavitud. Sobre ellos pesaban estigmas crueles, entre ellos, no poder usar los mismos recipientes que otras castas o caminar alejados del resto para asegurase de que nadie pisaría su sombra “contaminada”.

 

Las mujeres, doblemente discriminadas

Anna fue consciente inmediatamente de la terrible situación de las mujeres rurales. “No podíamos hablar con ellas directamente, no miraban a los ojos de los hombres. Si querías ayudarlas, debías convencer a sus maridos”. Anna sabía que las mujeres debían liderar los cambios para erradicar la pobreza extrema en la India rural, así que emprendió iniciativas para favorecer su incorporación en las escuelas e ideó la creación de asociaciones de mujeres. Era el germen de un programa que ahora aborda todos los aspectos que favorecen la igualdad: educación, salud, lucha contra los matrimonios infantiles, prevención de la prostitución, emprendimiento y liderazgo.

 

“Las mujeres sufrían la doble discriminación por ser dálit y ser mujer. Las casaban muy temprano, con once o doce años, y pasaban por multitud de embarazos y abortos. En aquella época, nunca se había oído hablar de los cuidados médicos prenatales en las comunidades dálit y eran matronas sin preparación alguna las que se encargaban. Había un altísimo porcentaje de mortalidad entre las madres y los recién nacidos. Las agresiones contra las mujeres dálit por parte de otras castas también eran muy habituales y a menudo se ocultaban. Si la familia intentaba denunciar el caso, los tribunales los rechazaban automáticamente. Las mujeres luchaban muchísimo y trabajaban en los campos de sol a sol, se ocupaban del cuidado de los niños y de la familia, y la escasísima comida de la que disponían, se la entregaban al resto de la familia”. (Pag. 162. Un pacto de amor. Anna Ferrer)

 

Hoy  en Anantapur más de 113.000 mujeres se reúnen periódicamente en los sangham (asociaciones de mujeres). En estos espacios, las mujeres de la India rural están promoviendo su propio cambio. Son lugares de debate donde hablan, comparten vivencias, superan la resignación hacia la violencia contra ellas, se fortalecen individual y colectivamente a través de pequeños negocios que les permiten más autonomía para ellas y una garantía para que sus hijas estudien y protagonicen el ansiado y necesario cambio de sus aldeas. A pesar del trabajo de estos años Anna es consciente de que "La mujer en la India tiene más voz que hace años pero todavía queda mucho por hacer".

 

El reconocimiento al compromiso de Anna

A lo largo de su trayectoria Anna ha recibido diversos premios, entre los que destacan, Encomienda de Número de la Orden del Mérito Civil, en Nueva Delhi, I Premio al “Compromiso con la Salud” del Colegio de Médicos de Bizkaia y Premio Gaudí-Gresol a la Notoriedad y la Excelencia en la categoría de Obra Social, entre otros. En marzo de 2015, el ministro jefe de Andhra Pradesh, Chandrababu Naidu, le entregó el premio Hamsa, el más prestigioso del estado “por el excepcional trabajo en beneficio de la población rural”. En 2018 fue galardonada con el Premio Humanitario Robert Burns de Escocia, el primero que recibe en su país natal, el Reino Unido.

Anna Ferrer no solo ha trabajado para mejorar la situación de la mujer india, sino que ha puesto todo su empeño para que las mujeres ocupen puestos de responsabilidad dentro de la organización. También ha jugado un papel importante en mantener la unidad y el espíritu humanista de la FVF.