Costurera en tiempos de pandemia

El confinamiento ha obligado a Lakshmi Devi a reconvertir su negocio: de vender fruta a la fabricación de mascarillas
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Lakshmi Devi es una mujer sencilla, decidida y de rutinas firmes, pero el confinamiento puso patas arriba su vida entera. “Mi marido y yo teníamos una pequeña parada de fruta en el cruce de Bathalapalli, pero con el confinamiento, la policía nos obligó a cerrarlo. Nos quedamos sin nuestra principal fuente de ingresos”, recuerda. “El Gobierno nos dio arroz y lentejas, algunas verduras y 1.000 rupias la primera semana del confinamiento, pero pasé miedo, especialmente por mi hijo y mi hija y por si no podíamos volver a abrir el negocio”.

Además de vender fruta, Lakshmi Devi es una costurera todoterreno. “Sé coser todo tipo de ropa, estilos y piezas, pero el trabajo de modista es normalmente inestable”. Con el confinamiento, su habilidad con la máquina de coser le ha permitido mantener a flote a su familia durante la pandemia. 

Cuando tenía 12 años, mi familia y yo nos mudamos a Bangalore, mis padres creían que ahí podrían ganarse mejor la vida. Durante esa época, una vecina me enseñó a coser. Empecé a trabajar en una fábrica textil y hacía blusas y kurtas para mis conocidas”, explica.

Con 18 años, Lakshmi Devi se casó y regresó al distrito de Anantapur. Inmediatamente, se unió al sangham de mujeres de Bathalapalli, al que pertenece desde entonces. Cuando empezó el confinamiento, la lideresa del sangham contactó con ella para realizar un taller de elaboración de mascarillas y contribuir a la lucha conjunta contra la COVID-19. “En el taller, nos explicaron qué era el coronavirus, cómo prevenirlo y nos enseñaron a elaborar las mascarillas de tela. Desde entonces, son centenares las que he producido. La Fundación me provee de tela, mi marido me ayuda a recortar los patrones, yo coso y mi hijo y mi hija me ayudan a poner el cordón. Además he enseñado a otras cinco mujeres a coser mascarillas”, añade.

Debido al confinamiento, en los últimos meses no se ha podido reunir con sus compañeras del sangham, pero está deseosa de reencontrarse con ellas. “Las reuniones del ‘sangham’ siempre son muy interesantes porque aprendo cosas, sobre cómo gestionar las finanzas domésticas y sobre los problemas que tienen otras mujeres y cómo lidian con ellos”, cuenta.