Del circo y las películas a los hospitales de la Fundación

  • Miembros del equipo de Cultura se transforman periódicamente en payasos hospitalarios para visitar a las niñas y niños ingresados
  • Además de arrancar sonrisas a los más pequeños, su función también es concienciar a las familias sobre cuestiones sanitarias o sociales

Probablemente las actividades culturales no sean lo primero que se asocie a un programa de desarrollo integral para comunidades desfavorecidas como el que la Fundación Vicente Ferrer (FVF) implanta desde hace casi medio siglo en el distrito de Anantapur, en la India rural. Sin embargo, la formación artística que se lleva a cabo en las escuelas de refuerzo y en los centros educativos para niñas y niños con discapacidad tiene un importante peso en el progreso de su personalidad, autoestima y capacidad de liderazgo. En paralelo, los espectáculos sobre cuestiones candentes que afectan a la vida diaria de los aldeanos se han consolidado como potentes herramientas de concienciación. Son obras de teatro, shows de magia o proyecciones de cortometrajes, elaborados y protagonizados por empleados de la Fundación, que suben el telón al caer el sol, cuando quienes tienen trabajo regresan de sus jornadas laborales. Pero durante el día existen otros espacios donde actuar, en los que la audiencia no puede ni acudir a la escuela ni trabajar. Se trata de los tres hospitales que gestiona la FVF. Con una nariz roja y un sombrero como carta de presentación, varios profesionales pasean periódicamente por las áreas pediátricas de Bathalapalli, Kalyandurg y Kanekal, buscando levantar la moral de los más pequeños y aprovechando para concienciar a sus familias. También en Anantapur existen payasos hospitalarios.

“Todo empezó en 2010 y fue un concepto absolutamente nuevo para nosotros. Hasta entonces sólo lo habíamos visto en el circo o en las películas”, cuenta Xavier Ely, director del área de Cultura. Y es que los clowns de hospital son una figura conocida en las plantas de Pediatría de los centros de España, pero no pasa lo mismo en la India rural. La idea, recuerda Xavier, llegó de la mano de un grupo de cuatro profesionales españoles que voluntariamente se ofrecieron a formar a los empleados de la Fundación. Durante dos meses estuvieron trabajando con una treintena de miembros del equipo de Cultura y más tarde se dedicaron concretamente a aquellos que habían mostrado mayor talento para convertirse en payasos hospitalarios. Desde 2011 esos profesionales indios visitan en meses alternos las áreas de pediatría de los hospitales de Kalyandurg y Kanekal, y una vez al mes la Unidad Pediátrica de Bathalapalli, el centro más especializado en sanidad infantil del distrito de Anantapur.

Raghavendra y Sreeramulu, o Kuchikuchio y Pachikuchio en su papel de clowns, son dos de los artistas indios del área de Cultura que acuden cada mes a Bathalapalli, donde anualmente se registran cerca de 5.500 ingresos de niñas y niños. Antes de empezar están serios y hablan sobre los mensajes de concienciación que van a transmitir a madres y padres. Después se visten, se colocan la nariz roja e inmediatamente cambia su forma de moverse y de hablar. Es el momento de entrar en dos de las salas de hospitalización con que cuenta Bathalapalli, que además dispone de una UCI pediátrica y otra neonatal equipadas con alta tecnología y de seis habitaciones para consultas. “Cuando entramos, todos nos miran con sorpresa y saben que va a pasar algo especial”, cuenta Raghavendra, quien se dirige a niños y mayores en un idioma ininteligible que, acto seguido y entre risas, Sreeramulu traduce al telugu, la lengua que hablan los ciudadanos de Andhra Pradesh.

Dar fuerzas y reforzar los mensajes de educación sanitaria

Ante la llegada de los payasos, el personal sanitario se muestra discreto y cómplice. Para Chinnakka, responsable de enfermería del área de hospitalización pediátrica de Bathalapalli, “cuando un niño sonríe todos estamos más contentos, nosotros y los padres, y eso suma fuerzas a la lucha contra la enfermedad”. Lo ratifica Raghavendra: “Los pequeños están muy bien atendidos por el personal sanitario, pero esta otra figura que aparece de repente y que asocian con el juego les suma fuerzas. Además, las madres y padres pertenecen mayoritariamente a comunidades desfavorecidas, algunos son analfabetos y es importante transmitirles consignas positivas y claras”. En este sentido, Chinnakka confirma que pacientes y familiares tienen muy presentes los mensajes de educación sanitaria que los payasos les hacen llegar entre risas.

En su paso por las salas de hospitalización, cama tras cama, Kuchikuchio y Pachikuchio conocen a niñas y niños con patologías infecciosas varias, problemas respiratorios o picaduras de escorpión. También saludan a un pequeño con talasemia, una enfermedad de la sangre muy relacionada con la frecuente consanguinidad de los padres en la India rural. “No olvides tomar la medicación tal y como los médicos te han indicado. ¡Es muy importante!”, traduce Pachikuchio. En uno de los extremos de la sala se encuentra, ya bastante recuperada, una joven que lleva 9 días ingresada por un episodio de diarrea. Kuchikuchio le recuerda que para las mujeres es importante estudiar antes de casarse. Lo mismo que a otra chica, a quien sugiere que, después de la boda, la mujer también puede trabajar y tener un salario propio.

Antes de despedirse, los payasos saludan a todos desde la puerta e insisten en una consigna que han repetido durante toda la visita: “Por favor, recordad que es importante que mantengáis esta sala limpia y sin restos de comida”. Después salen al exterior y también conversan con los pacientes y acompañantes que se encuentran en la sala de espera. Y se despiden hasta el próximo mes. Para el director del área de Cultura, “podríamos llevar a cabo esta acción con más frecuencia si nuevos voluntarios se animaran a formar a nuestro personal, puesto que el éxito está más que demostrado con las sonrisas de las niñas y niños”. Y es que “sonreír siempre abre las puertas para comunicarse mejor”, concluye Raghavendra.