Generación en peligro

Miles de niñas y niños han suspendido su educación porque sus colegios cerraron durante la pandemia. La FVF trabaja para reintegrarlos en las escuelas y evitar que esta crisis sanitaria, que tanto ha marcado su presente, marque también su futuro.
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Bhargavi no quiere casarse. Al menos, no todavía. En los últimos años, ha visto cómo sus amigas, una tras otra, se comprometían y abandonaban Thimmanna Kottala, su aldea, para irse a vivir con las familias de sus maridos. Con su marcha, muchas renunciaron también a un sueño: estudiar.

Cada vez que Bhargavi se despedía de una, se preguntaba cuándo llegaría su turno. Sin embargo, su padre siempre estaba ahí para confortarla. “Los padres de mis amigas empezaron a organizar sus bodas y a mandarlas a casa de sus esposos. Nosotras somos tres hermanas. Ninguna familia puede permitirse pagar nuestra educación, pero mi padre quería hacerlo para asegurarnos un buen futuro”, cuenta.

Cuando la segunda ola de la covid llegó a la India, a Bhargavi se le cayó el mundo encima. Su padre falleció. Repentinamente, a su madre empezaron a llegarle voces para que casara cuanto antes a Bhargavi y a sus hermanas más pequeñas, de 19, 17 y 14 años, respectivamente.

Mucha gente del pueblo me ha dicho que tenía que apresurarme y casar a mis hijas, pero yo seguiré dándoles una educación mientras pueda”, explica Neelamma, madre de Bhargavi.

Su sueldo de jornalera apenas les permite llegar a fin de mes. Desde que enviudó, encontrar trabajo es todavía más complicado para esta joven madre. En la India rural, se cree que las mujeres viudas traen mala suerte y nadie quiere contratarlas. Esta superstición, fuertemente arraigada, las condena al ostracismo y arrastra a toda la familia a vivir en la pobreza.

“Trabajaré horas extra en el campo, pediré préstamos y haré todo lo que sea necesario para cumplir el sueño de mis hijas, de mi marido y también mío”, afirma con determinación.

En el hogar, una foto del difunto padre de Bhargavi preside la estancia principal. Sus últimas palabras resuenan con fuerza en la mente de su hija mayor.

Siempre pensamos que una herencia es recibir tierras, pero la verdadera herencia es la educación. Si tenemos estudios, nadie nos los puede robar. Mis hermanas y yo queremos estudiar para ser independientes y tener un futuro”, explica Bhargavi.

El sueño de esta joven es el mismo que comparte Sirivalli, una niña de 12 años a quien se le ilumina el rostro cada vez que le preguntan qué quiere ser de mayor.¡Doctora!”, responde sin dudarlo.

Sirivalli

Tras dos años de pandemia, Sirivalli ha crecido teniendo como grandes referentes al personal médico y sanitario, héroes anónimos que han arriesgado su vida por la de los demás. Ella tiene claro que quiere ser una más. Así podré curar a mi familia y a mis vecinos cuando se pongan enfermos”, cuenta.

Sin embargo, sus ilusiones se dan de bruces con la realidad. “Somos cuatro hermanas y, en casa, la situación es complicada. Somos muy pobres y no tenemos casi nada”, dice.

La pandemia ha dejado a la familia de Sirivalli en una situación todavía más precaria. No es la primera vez que se plantean emigrar, como tantos otros jornaleros, o que se enfrentan a decisiones todavía más complicadas sobre la educación de sus hijas.

Sirivalli se siente feliz de haber vuelto a las clases y, de alguna forma, un poco más cerca de su meta. A pesar de su juventud, es muy consciente también de que sus aspiraciones penden de un hilo. Sé muy bien que quizás nunca llegue a ser doctora, confiesa con voz temblorosa.

Bhargavi y Sirivalli son el exponente de una generación de niños y niñas marcados por la pandemia, una crisis que amenaza en revertir décadas de avances y donde la educación y los sueños han quedado confinados.

APOYA SU EDUCACIÓN AHORA para no dejar a nadie atrás.