Gollapalli Thanda: el camino hacia la igualdad y la dignidad

  • Este pueblo, donde la FVF ha desarrollado simultáneamente todos sus programas, es un ejemplo de transformación y progreso en estos 50 años de historia

“¿Qué necesitáis?”, nos preguntó. “No supimos qué responder. Era la primera vez que alguien nos planteaba esa cuestión”. Así cuenta Gangadhar Naik, maestro y agricultor de Gollapalli Thanda, uno de sus primeros encuentros con un trabajador de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) hace casi treinta años. “Vino a nuestro pueblo en repetidas ocasiones y siempre le echábamos, hasta que un día nos habló de su familia y de lo que la organización había hecho por él. Nos demostró con hechos que ellos eran diferentes”. El inicio del cambio Los sugalis, al igual que otros grupos tribales de la India, estuvieron sometidos durante la época colonial británica a una fuerte represión, que supuso el fin de su forma de vida tradicional, nómada en algunas ocasiones y basada en el intercambio. “Nuestros abuelos nos contaron cómo los británicos habían arrasado con todo”, cuenta Vinot Kumar, agricultor de 25 años, lo que, según él, explica las reticencias de los habitantes del pueblo a la entrada de la Fundación. Con el fin de la época colonial la situación no mejoró y los habitantes de Gollapalli Thanda pasaron a vivir bajo el control de los grandes propietarios agrícolas. “No podíamos hablar directamente a los terratenientes ni mirarles a la cara. Comíamos lo que nos cabía entre las manos y nos indicaban lo que debíamos hacer con sus pies, no nos merecíamos ni el respeto de que nos lo indicaran con su mano” cuenta Lakshmana, vecina del pueblo de mediana edad. “Vivíamos en chozas hechas de barro, el techo era de hojas secas de palmera y siempre estaban llenas de insectos y cuando llovía se inundaban”, añade Piru, miembro del Comité de Desarrollo de la Comunidad de la aldea. Eran tiempos de miedo y sumisión, pero algo empezó a cambiar.

 

"De mi infancia recuerdo el hambre. Espero que mi nieto recuerde las canciones y bailes que aprende en la escuela". Naik

“Lo primero que hizo la FVF cuando vino fue construir una escuela para nuestros hijos e hijas. No nos lo podíamos creer. Eso era revolucionario en esos tiempos”, añade Shankira Naik. La educación, concebida como el primer paso del desarrollo y el medio necesario para transformar la sociedad, era y es uno de los pilares de la acción de Vicente Ferrer y de la Fundación. “De mi infancia yo recuerdo el hambre, espero que mi nieto recuerde las canciones y bailes que aprende en la escuela”, sentencia Gangadhar, sentado en la misma escuela que la organización construyó hace años. La puesta en marcha de la escuela fue el punto de partida de muchos otros proyectos: el programa de apadrinamiento, las asambleas de mujeres, las charlas de sensibilización sobre higiene y sanidad, la construcción de casas, la asistencia en el Hospital de Bathalapalli, la creación del vikalangula sangham (grupo de personas con discapacidad) y las actividades culturales.

 

La Fundación había plantado ya la semilla del cambio con el valor añadido de tener más de 20 años de experiencia a las espaldas. “Hemos aprendido de nuestros errores y aciertos y esto nos ha permitido mejorar año tras año”, recuerda Anna Ferrer, fundadora y presidenta de la FVF.Recuerdo que en mi casa solo teníamos dos platos y éramos nueve, así que nunca comíamos juntos. Hoy, cada persona tiene un plato y yo tengo una casa a mi nombre”, relata Nirmala, de 26 años, madre de dos niños y campesina. Para ella el cambio ha sido tanto colectivo como individual. “Me casé con 14 años. Me sentía sola y extraña en casa ajena” .

"Ahora las mujeres de Gollapalli Thanda estamos unidas" Nirmala.

Un día una vecina le habló del sangham (grupo de mujeres) y decidió probar, cuenta mientras se arregla el colorido sari. “En esa época mi marido me pegaba y creía que era lo normal”, relata. “Pero eso es pasado”, añade. “Ahora las mujeres de Gollapalli Thanda estamos unidas, y yo estoy orgullosa de ser mujer, de ser sugali y de pertenecer a este pueblo”. Sin embargo, aunque la situación en su casa ha mejorado, Nirmala cuenta con tristeza el delicado estado de salud de su hijo menor. “Una vez al mes tenemos que ir al Hospital de Bathalapalli para hacerle diálisis, mientras esperamos un donante de riñón”. El doctor Balasubaia, director de la red de hospitales de la Fundación, le hace el seguimiento. “Sin los hospitales de la FVF muchas de estas familias estarían condenadas a contraer deudas astronómicas en hospitales lejanos o a morir por enfermedades que en otros sitios son curables”, asegura. A pesar de los avances, la falta de agua ha sido, desde el inicio, una de las mayores amenazas para la aldea. “En 1984, sufrimos una gran sequía y muchas familias migraron, dejando la tierra sin cultivar. Pero en 2003, gracias a los cuatro embalses construidos por la Fundación, volvimos a cosechar”, relata Gangadhar, propietario de 30 acres de tierra destinados exclusivamente a la agricultura ecológica. La aldea recuperó el agua y con ello volvió a la vida y hoy es un ejemplo de transformación y fuerza. Este pueblo no es único, es uno de los más de 3.600 pueblos que mantienen viva la imparable revolución silenciosa que Vicente y Anna Ferrer comenzaron hace 50 años.

Texto y fotos: Aina Valldaura