¿Igualdad de género en cuarentena?

Ramamohan
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La pandemia amenaza con revertir décadas de avances en igualdad de género y poner freno a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Este año se conmemora el 25 aniversario de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing de la ONU, considerado el plan más progresista para promover los derechos de las mujeres. Sin embargo, epidemias anteriores demuestran que crisis como la actual conllevan un grave impacto en la vida de mujeres y niñas y perpetúan la vulneración de sus derechos.

Los casos de violencia de género se han incrementado exponencialmente desde el inicio de la pandemia. La ONU calcula que, por cada tres meses de confinamiento, hay un aumento de 15 millones de casos a nivel mundial. Las casas de acogida para mujeres y los equipos de atención de la Fundación Vicente Ferrer han seguido trabajando activamente y ofreciendo asistencia durante este tiempo.

Las autoridades reconocieron a nuestro equipo como trabajadoras esenciales para sensibilizar sobre la COVID-19. Cada vez que iba a un pueblo donde había una mujer que necesitaba apoyo, aprovechaba para visitarla y hacerle saber que no estaba sola”, explica Vasantha, consejera contra la violencia de género en el área de Kadiri. Hasta la fecha, Vasantha ha hecho seguimiento a más de 50 mujeres que se encuentran en situación de violencia de género y de extrema vulnerabilidad con llamadas semanales y visitas.

Otro de los repuntes que ha generado la COVID-19 son los matrimonios precoces, especialmente en la India rural. La línea de ayuda y protección a la infancia Childline, que cuenta con el apoyo local de la FVF, ha registrado un 50% más de llamadas y ha conseguido parar 5.584 matrimonios con niñas en todo el país en el primer trimestre desde el inicio del confinamiento.

Tras haber logrado reducir los matrimonios con menores en un 50% en la última década, la India podría experimentar un incremento significativo en los próximos años. Este tipo de matrimonios suelen aumentar en contextos de crisis humanitarias, especialmente entre familias empobrecidas, ante la creencia de que casando a sus hijas asegurarán su futuro. En la práctica, los matrimonios precoces suponen la interrupción de la educación de las niñas, ponen en riesgo su salud con embarazos prematuros y las exponen a mayores probabilidades de sufrir violencia de género; son una vulneración de los derechos de la infancia con consecuencias que se prolongan a lo largo de generaciones.

Los abortos selectivos, una práctica penalizada en la India pero todavía vigente, también se podrían incrementar debido a la crisis. El Gobierno indio estima que actualmente faltan 63 millones de mujeres en el país y la COVID-19 es susceptible de agudizar este desajuste demográfico. La preferencia por el varón se traduce en una discriminación que empieza antes del nacimiento y se continúa manifestando a lo largo del crecimiento: las familias invierten menos recursos en alimentación, educación y sanidad para las niñas.

Asimismo, la pandemia pone en riesgo la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las desprovee de sus derechos. El doctor Balasubbaiah, director de hospitales de la FVF, apunta a una mayor presión asistencial en la atención ginecológica y partos debido al cierre de centros privados y a la reestructuración de recursos y personal sanitario para hacer frente a la emergencia. Actualmente, el Hospital de Kalyandurg, donde está centrada toda la atención de Ginecología y Obstetricia, asiste 800 partos al mes en lugar de los 600 de media antes de la pandemia. “Tenemos un equipo comprometido, pero es humanamente imposible asumir el volumen de pacientes actual”, comenta.

Desde el inicio del confinamiento, el hospital redujo el número de visitas de seguimiento y canceló todos los servicios que no fueran de emergencia. “Son medidas de prevención de COVID-19 que conllevan un coste en la salud de las mujeres. Estamos perdiendo oportunidades de diagnosticar riesgos y enfermedades de forma temprana y eso es un gran paso atrás, añade el Dr. Bala. A lo largo de estos meses, también ha aumentado el número de partos en casa sin supervisión médica y la falta de planificación familiar y acceso a métodos anticonceptivos está provocando un mayor número de embarazos no deseados.

En la India rural, existen otros factores que hacen que las mujeres se encuentren desproporcionalmente más expuestas a la pandemia y la pobreza: la crisis de cuidados. Han incrementado los trabajos de atención a personas enfermas, ancianas y también a menores (debido al cierre de escuelas), una labor que acostumbra a recaer en las mujeres, las obliga en muchos casos a abandonar sus trabajos y las expone a un mayor riesgo de pobreza.

La COVID-19 no es solo un desafío sanitario, sino también social, político y económico que agrava las desigualdades de género y pone en riesgo el desarrollo humano sostenible. Es necesario actuar ahora para proteger los avances logrados y no dejar a nadie a atrás.

COLABORA para no dar ni un paso atrás en la lucha por la igualdad de género. #JuntasSomosMásFuertes