Jambugumpala: crónica de una transformación

• La Generalitat Valenciana y el Gobierno de Navarra financian un programa en estas aldeas del sur de la India para garantizar la sostenibilidad en la producción de alimentos y poner en valor el papel de las mujeres en la agricultura
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Para los habitantes de la microcuenca de Jambugumpala (Andhra Pradesh) -- una de las zonas más afectadas por el cambio climático en sur de la India – cuidar del ecosistema y del entorno en el que viven se ha convertido en un imperativo. En un mundo cada vez más contaminado, las nuevas generaciones deben hallar el método para recuperar las prácticas resilientes de antaño y asegurar la sostenibilidad en la producción de alimentos.

En esta zona, pleno corazón de la India rural, se ha puesto en marcha un programa de ecología diseñado por la Fundación Vicente Ferrer en colaboración con la Generalitat Valenciana y el Gobierno de Navarra. El resultado en los primeros ocho meses de ejecución arroja muchas respuestas específicas a preguntas globales: ¿cómo se ha transformado nuestro entorno a lo largo de los años? ¿Cuál es la razón de que nuestro paisaje, nuestros recursos y nuestro sustento se hayan visto alterados?

La Fundación Vicente Ferrer sigue luchando para que aldeas como estas avancen hacia un desarrollo sostenible. A lo largo de sus 54 de recorrido se han ganado miles de hectáreas al desierto que ahora son de cultivo. Las más de 1.000 estructuras hídricas construidas hoy mejoran la disponibilidad del agua.

Jambugumpala: la herencia de la Revolución Verde

En la década de los 60 el sistema industrial indio se modernizó. La Revolución Verde trajo con ella la esperanza para millones de familias que dedicaban su vida al trabajo del campo. Se adoptaron nuevas técnicas como el uso de semillas de alto rendimiento, aperos de labranza o instalaciones de riego. Sin embargo, el movimiento que en su día salvó al país de la hambruna gracias al aumento de la productividad, también dejó una herencia amarga: dificultades en la distribución artificial del agua – insuficiente debido a su escasez extrema; o el uso masivo de fertilizantes y químicos, que perjudican el medio ambiente, aumentan la contaminación y empobrecen los suelos, en los que crece menos vegetación y se erosionan.

Vasu | Proyecto Ecología Jambugumpala
El fruto de la agricultura ecológica en Jambugumpala / Vasu

Agricultoras y agricultores se endeudaron para poder adquirir fertilizantes, de esta manera cambiaron sus cultivos diversificados por cultivos comerciales expuestos a las variaciones de precios del mercado de alimentos poniendo en riesgo su seguridad alimentaria.

Uno de los objetivos de este programa es aspirar a convertirse en un manual de uso para que las nuevas generaciones echen una mirada al pasado, se reconcilien con el entorno y emprendan técnicas sostenibles.

Desmarcarse de una utopía sin fundamentos

El programa que se lleva a cabo en la microcuenca de Jambugumpala y Nizavalli a un total de 4.500 personas. Las acciones se han estructurado en torno a cuatro bloques de acción. El empoderamiento y la equidad: gobernanza y participación, el rol de las mujeres en la agricultura; el uso del agua y los recursos naturales: mejora de los recursos hídricos, los suelos y la cubierta vegetal y biodiversidad; la agricultura orgánica: la incorporación de prácticas respetuosas en la agricultura convencional y que cada vez más familias dediquen parte de sus tierras el cultivo ecológico; y la conciencia medioambiental.

En sus primeros ocho meses, el programa ha puesto de relieve su espíritu transformador. Uno de los más evidentes fue la equidad e igualdad de género. El trabajo de las mujeres en la agricultura suele ser invisible, generalmente se enfocan en las tareas pesadas y manuales, que no involucran tecnologías o conocimientos específicos. Dado que estos trabajos están mal pagados y generalmente forman parte de la economía informal, no se valoran como el de los hombres. En el distrito de Anantapur, mientras el 58,62% de las mujeres están empleadas en labores agrícolas, el porcentaje entre los hombres desciende a 32,63%. Aunque la cifra de trabajadoras sea más elevada, solo el 12,8% de la tierra productiva en la India es propiedad de mujeres y cuando lo poseen, no siempre controlan este activo.

Precisamente con el objetivo de visibilizar su rol protagonista en el trabajo de la tierra, más de un centenar de  mujeres salieron a las calles de Jambugumpala para celebrar el Día Internacional de las Mujeres Rurales.

Vasu | Proyecto Ecología Jambugumpala
 Campesinas y campesinos asisten a los talleres del proyecto / Vasu 

Cuidar del planeta y tener conciencia del peso que acarrean nuestras acciones. En ello se enfocaron los participantes del programa en una jornada de recogida de residuos en la misma aldea. 150 personas se pusieron manos a la obra para dejar limpio el entorno en el que viven. Alejar los plásticos del ecosistema es una victoria para todos. En esta jornada también se impartieron talleres para educar a las futuras generaciones de la importancia que tienen los recursos que nos ofrece la tierra y saber mantenerlos.

El primero de estos actos – y el más significativo por lo que a la participación se refiere -- surgió a través de la observación de especies animales y vegetales de la zona. Las generaciones jóvenes recogieron la información base para crear un inventario de biodiversidad que ayude a priorizar los recursos naturales frente al plástico.

Harappa y Aparna: generaciones contrapuestas

Harappa tiene 72 años y lleva toda la vida viviendo en Jambugampala. Él ha vivido el antes y el después de una zona que se ha visto contaminada por  el abuso del plástico y el uso de fertilizantes artificiales – que en su uso excesivo contamina el agua--  que se usan para aumentar la productividad de los cultivos. “En nuestra familia no usamos plástico. De cara al futuro será muy importante que en las escuelas se den charlas de sensibilización a las niñas y niños para que entiendan la gravedad del problema”, argumenta Harappa. “Hace más de 20 años empecé a ver cómo el plástico aparecía en nuestro pueblo. Ahora la situación es peor, las calles se llenan de basura, después la barren y la queman; ese olor es muy fuerte y afecta a nuestra salud”, dice mientras mira a su alrededor.

Para Harappa es de vital importancia tomar cartas en el asunto. “El medio ambiente depende del peso de nuestras acciones”, concluye.

Aparna tiene 25 años, vive en Jambugumpala desde hace cuatro, y se acaba de licenciar en Bellas Artes. El uso de los pesticidas y los fertilizantes también aumenta el uso del plástico. “Es muy importante concienciar a los agricultores, para que usen fertilizantes ecológicos. De esta manera produciremos alimentos de calidad”, expresa convencida.

Katia | Proyecto Ecología Jambugumpala
Harappa y Aparna se miran / Katia Álvarez