Juanjo: "Los hombres con discapacidad no cumplen los estándares del patriarcado y eso les deja secuelas"

Es profesor de la nueva Escuela de Oficios, dirigida a formar hombres con discapacidad en albañilería y mantenimiento
El curso, que comenzó el pasado mes de enero, tendrá una duración de un año y aspira a tener continuidad.

Juan José Coiradas o Juanjo, cómo le llaman sus alumnos, es un gaditano de 54 años que llegó a Anantapur el pasado mes de diciembre cargado de ilusión y ganas de aportar su conocimiento. Carismático y con amplia experiencia como restaurador  y formador ocupacional, en menos de un año ha logrado ilusionar a una veintena alumnos con discapacidad en la nueva Escuela de Oficios de Bathalapalli, inaugurada en enero de este año. Juanjo imparte un taller profesional cuyo objetivo es estimular y motivar a estos jóvenes en el aprendizaje de un oficio con el propósito de que puedan entrar en el mundo laboral y eliminar así las barreras de la exclusión. “Ellos mismos son a menudo quienes se autolimitan, y eso lo debemos cambiar” asegura. 

 

¿Cómo surgió la idea de hacer este proyecto?

Este proyecto fue impulsado directamente por Anna Ferrer, presidenta de la FVF. Hasta ahora, la Fundación había trabajado muy intensamente en la integración en el mercado laboral de mujeres con discapacidad. Sin embargo, apenas se habían desarrollado cursos dirigidos  específicamente a la inclusión de los hombres. Si bien es cierto que en el caso de las mujeres con discapacidad hay que sumarle una discriminación de género, en el caso de los hombres, el hecho de no “cumplir” con los estándares de lo que se espera de un hombre en una sociedad patriarcal les hace arrastrar importantes secuelas. Se sienten excluidos. Para la puesta en marcha de esta iniciativa la Fundación buscaba un perfil muy específico, y yo sentí que por mi formación, el puesto se ajustaba a mi medida.

 

Los inicios nunca son fáciles. ¿Cómo lo estás viviendo?

Llevamos apenas unos meses trabajando y tenemos previsto que esta primera edición dure un año. Como es el  primer curso lo hemos querido considerar como una experiencia piloto. Confío en que tenga éxito y pueda continuar. A pesar del poco tiempo transcurrido, cada día me emociono ante los gestos de gratificación que recibo, de manera incondicional, por parte de mis alumnos. Muchos de ellos llegaron muy desmotivados con reacciones muy reacias a integrarse en un grupo de trabajo e incluso violentos. Tenían mucha rabia dentro. Ahora trabajan en grupo y participan. Es reconfortante.

 

¿Cuántos alumnos tienes actualmente en el taller?

El grupo está formado por 20 alumnos jóvenes de entre 18 y 33 años, con diversos tipos de discapacidad física y en algunos casos,  presentan discapacidad intelectual.

 

¿Qué tipo de especialidades trabajan?

Les intento enseñar  a resolver problemas y buscar o proponer soluciones. Los introduzco en oficios como albañilería, fontanería, carpintería, pintura, herrería y algo de electricidad. También trabajamos mucho con materiales como el papel maché y el cartón y utilizamos muchos recursos reciclados.  Al igual que ellos, yo también me encuentro con mis barreras a la hora de enseñar, ya que muchos de ellos desconocen por completo las herramientas y su funcionalidad. En muchos de los casos, nunca se les había dado la oportunidad de realizar ninguna labor, por lo que lograr cosas sencillas que consigan fijar su atención y motivación es mi principal reto.

 

¿Dónde consigues los materiales?

Todo lo que tenemos en el taller lo hemos hecho nosotros. Reciclamos materiales que encontramos en nuestro entorno. Los reformamos, acondicionamos y restauramos. Soy de los que piensan que cualquier cosa, si tienes ingenio y sabes aprovechar lo que tienes, se puede transformar en materia prima y darle una nueva vida.

 

¿Cómo impartes esta formación ante un grupo tan diverso?

No contemplo tanto sus discapacidades, sino que me detengo más en considerar sus capacidades o actitudes. “¿De qué eres capaz? ¿Para qué vales? ¿Cuál es tu potencial?” .Estas son las preguntas que les insisto en inculcar. Confieso que no dejo de sorprenderme al descubrir el potencial de todos y cada uno de ellos. No obstante a pesar de que cada uno muestre su destreza en un determinado campo de trabajo, intento iniciarlos y darles una base genérica de cada oficio.

Paralelamente, intento crear un ambiente en el que libremente sean capaces de decir en qué labor se sienten más cómodos. De esta manera intento transmitirles su valía y su capacidad para decidir. Lo que realmente me importa es llegar a conseguir que afloren sus motivaciones para aprender y querer estar aquí.

 

¿Cuáles pueden ser los hándicaps con los que sueles enfrentarte?

Los problemas de estos jóvenes no provienen de sus discapacidades sino que son principalmente emocionales. La gran mayoría, por no decirte todos, llegan con la autoestima por los suelos, debido a que arrastran los estigmas de haber sufrido algún tipo de discriminación. Por eso el principal objetivo del taller es combinar la enseñanza con la atención emocional. Intento motivarles para que cada día se sientan más integrados en el grupo e independientes. Estoy contento con los  resultados que estamos obteniendo porque cada día se muestran más motivados, comprometidos e ilusionados.

 

Texto: Diana Pastor