Kamala: “La gente con VIH está perdiendo el miedo, sabe que la Fundación está aquí y que la enfermedad no va a ganar”

• Su marido le ocultó que tenía VIH para poder casarse con ella. Kamala se enteró de que contrajo el VIH cuando dio a luz a su hija, también infectada.
• Ahora participa en el sangham de mujeres viudas con VIH de la FVF y tanto ella como su hija, se apoyan para luchar contra el estigma social y de género de esta enfermedad.

Kamala, vestida de color lavanda, entra por la puerta del despacho de Radha*, un lugar rodeado de plantas que parece un pequeño pulmón. Se sienta a su lado y ambas se agarran la mano. Kamala ha decidido esconder su nombre por miedo cómo pueda reaccionar su familia. Según un estudio publicado por Naciones Unidas, en la India 880.000 mujeres sufren VIH. El mismo estudio señala que desde el año 2000 los casos del Virus por Inmunodeficiencia Humana se redujeron en un 60%.

Ser una mujer viuda con VIH en la India rural no solo implica luchar contra una grave enfermedad. Es también enfrentarse al rechazo social dentro de la familia y la comunidad. “En el pueblo si yo cogía el agua de un sitio, ya nadie bebía de allí; y si yo cocinaba nadie probaba mi comida”, explicaba. Kamala contrajo VIH hace 10 años. Como la mayoría de las mujeres, lo contrajo a través de su marido, que le ocultó la enfermedad. Él había tenido un matrimonio anterior, con el que tuvo dos hijas; su primera mujer lo abandonó. Fue entre sus dos matrimonios cuando Kamala piensa que su marido contrajo VIH. Si lo hubiera sabido, si hubiera sabido que él tenía VIH no me hubiera casado, cargaré siempre con esa culpa”. Kamala supo que tenía VIH cuando dio a luz a su segunda hija. Ahí descubrió que las dos estaban infectadas: madre e hija. “En ese momento pensé en quitarme la vida”.

Aislamiento social y culpa

A los 25 años, Kamala se quedó viuda, con cuatro hijas a cargo (dos de ellas del primer matrimonio de su marido) y lamenta que su hija vea condicionado su futuro por tener el virus. “Ella se hará mayor y deberá vivir con esta herida, esta herencia de su padre. Tendrá una vida limitada y todo por mi culpa. Las mujeres del pueblo no dejaban a sus hijas jugar con las mías porque creían que se iban a contagiar, estábamos solas”. En esta situación de aislamiento social la Fundación llegó al pueblo y acogió a la hija pequeña en un centro de Bathalapalli. Yo al principió no quería venir al Hospital, no quería más miradas, más cuchicheos; me daba miedo”.

Fue su hija pequeña la que poco a poco la animó y le enseño que no podían vivir así y que debían aceptar y normalizar la enfermedad. “En el centro de la FVF, ella está con más niñas en la misma situación, van cada día a la escuela y les dan muchas charlas de sensibilización y les informan sobre la enfermedad”. La Fundación se encarga de garantizar el acceso a la atención sanitaria de calidad y ofrecer servicios de apoyo al paciente y sus familias. Los servicios, incluyen desde un programa nutricional que tiene como objetivo procurar una dieta equilibrada.

Afortunadamente la situación, en 10 años ya ha cambiado mucho, “ya no me escondo”, respondía ella. “La gente ya no le tiene miedo, sabe que la Fundación está allí y por eso la enfermedad no va a ganar”. En los pueblos en los que actúa la Fundación, se motiva a las mujeres viudas con VIH a reunirse para apoyarse unas a otras. Estos grupos se llaman sanghams. “Allí compartimos nuestros problemas, nos ayudamos, cantamos y nos distraemos juntas”. Actualmente 540 mujeres con VIH forman parte de estos sangham.

La enfermedad y la unión

“Cada domingo mi hija me llama y me recuerda que tengo que tomar la pastilla”. La joven se desvive para ayudar a la madre, y esta sufre por miedo a lo que le puede pasar a la hija. Y aunque Kamala no puede olvidar el sentimiento de culpa, poco a poco se va contagiando del coraje de su hija: “Ella me motiva mucho. Está muy pendiente de mí”. Puesto que la unión con su marido fue fruto de un acuerdo, Kamala tiene claro que no quiere lo mismo para sus hijas. “Una familia querían a mi hija mayor de 15 años para casarla, pero mi cuñado se negó, dijo que ya habíamos cometido ese error y que mejor que estudiara”.

Kamala está muy orgullosa del progreso y la inteligencia de su hija pequeña, quien probablemente, formará parte de una nueva generación de jóvenes sin miedo.

 

*Coordinadora de los trabajadores sociales en el Hospital de enfermedades infecciosas de Bathalapalli.

 

Foto: Aurora Díaz

Texto: Nuria Messeguer y Aurora Díaz