Kunjani Pariyar Pyasi, abogada: "Quiero ser la primera presidenta dalit del Tribunal Supremo de Nepal"

Kunjani es la única abogada dalit que ejerce activamente en Pokhara
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Kunjani Pariyar Pyasi (Lamjung, Nepal, 1995) se estrenó en abogacía ganando su propio caso. Con tan solo 19 años, logró obtener los derechos de ciudadanía que le eran negados por ser hija de madre soltera. Años más tarde, se convirtió en la Presidenta de una ONG nepalí que apoya a familias monomarentales como la suya. Como activista y abogada de derechos humanos, lucha para restaurar justicia a las víctimas del conflicto armado que azotó Nepal entre 1996 y 2006 y ofrece asistencia jurídica gratuita en los casos de discriminación de castas. En la actualidad, es la única abogada dalit que ejerce activamente en Pokhara, la segunda ciudad más grande de Nepal.

¿Cuál es la problemática entre los derechos de ciudadanía y las madres solteras?

En Nepal, incluso si la ley ya lo permite, es muy difícil obtener la ciudadanía solo con el registro del nombre de la madre. Se necesita el nombre del padre. Si no tienes madre, puedes obtener la ciudadanía fácilmente con el nombre de tu padre. Pero si no tienes padre, no consideran a tu madre como tal.

¿Podemos decir que si no tienes padre no eres ciudadano/a de Nepal?

Exacto, es bastante complicado. Para cada caso, se debe presentar una petición ante el juzgado. La Corte Suprema se pronunció sobre esto, pero, incluso después de tener una presidenta en el país, los funcionarios administrativos no quieren otorgar la ciudadanía solo con el nombre de la madre debido a una mentalidad patriarcal.

¿Puedes contarnos tu historia personal y tu lucha por los derechos de ciudadanía?

¡Por supuesto! Cuando tenía cuatro años, mi padre nos abandonó. Se escapó con otra mujer y nunca más lo volví a ver. Con trece años, terminé el décimo curso y tuve que elegir una carrera. Mi madre siempre había querido ser enfermera, así que me decanté por Enfermería. Estaba en clases de preparación para el examen, pero necesitaba mi carnet de identidad. Le pregunté a mi profesor cómo podía inscribirme, teniendo en cuenta mi caso, y me dijo: “Una madre puede ser una amiga, pero nunca una madre si no puede transmitir su identidad”. Eso me rompió por dentro.

Abandoné mis planes de convertirme en enfermera y lloré durante días. Tras completar dos años en Humanidades y Sociología, empecé a estudiar Derecho. Quería hacer algo por las mujeres que no son consideradas madres por estar solteras. En mi segundo año, la Corte Suprema de Nepal dictaminó sobre un caso llamado “Sabina Damai” por el cual, desde entonces, cualquier niño o niña podía obtener la nacionalidad a través del nombre de su madre. Tan pronto como se emitió el veredicto, acudí a mi pueblo a solicitar la ciudadanía. Tardé cinco días en convencer a los funcionarios de que la Corte Suprema se había pronunciado al respecto y que yo tenía derecho a la ciudadanía con el registro del nombre de mi madre.

¿Fue este tu primer caso?

¡Fue mi primer caso, obtuve la victoria y la ciudadanía! Tras convertirme en abogada, he luchado en tres casos más en los últimos cinco años, proveyendo servicios de asistencia legal gratuita, y en todos gané. Esa es mi victoria. Pasé de ser la persona que buscaba y lloraba por su identidad a ser quien lucha por los derechos de ciudadanía de los demás.

Tu experiencia demuestra la importancia de luchar por la propia comunidad y representar a las personas más excluidas. ¿Puedes decirnos quiénes son los dalits?

Los dalits son los llamados “intocables”. Entre el 14% y 15% de la población de Nepal es de casta dalit. Históricamente, han existido cuatro categorías en las zonas de montaña: los brahmin-kshatriya son la casta superior; luego, los pueblos indígenas; extranjeros y musulmanes; y por último, la comunidad dalit. Se considera que un dalit nunca puede cruzar por delante de una persona de casta superior. Nadie puede tocarnos, ni comer o beber con nosotros, ni mucho menos casarse con nosotros.

Nos encontramos en lo más bajo de la dinámica de poder, mientras otras personas gozan de privilegios estructurales en educación, empleo, servicios sociales y política. Existía una ley que nos prohibía acceder a la educación, a los servicios sociales… ¡Ni siquiera podíamos vestir mangas largas hace tan solo 150 años! El patrón ha cambiado, pero todavía hoy nos enfrentamos a la discriminación.

Las niñas y los niños dalit se enfrentan a una enorme discriminación. Recuerdo un incidente de mi infancia: vivíamos de alquiler y, de repente, el padre del propietario de la casa falleció de un ataque al corazón y su hermano también murió poco después. Los vecinos nos culparon de sus muertes y el dueño nos dijo que debíamos abandonar la casa. Fue una época terrible, no teníamos adónde ir.

Finalmente, encontramos otra casa pero sin agua corriente. Todas las casas de alrededor tenían suministro, pero nadie quería ofrecernos agua. Les dijimos que les pagaríamos, pero se negaron. Mi hermano y yo empezamos a ir a una fuente pública, cargando dos cubos en cada viaje. Si nos encontrábamos a una mujer de casta alta, teníamos que esperar a que ella llenase sus cubos primero. De lo contrario, se hubiera originado un problema. Siempre teníamos que esperar y llegábamos tarde a la escuela.

¿Cuál es el origen de las castas?

Tradicionalmente, el sistema de castas se dividía según el trabajo. En el caso de los dalits, trabajos manuales. Hay tres grandes comunidades dalits en las montañas: los “kami”, que son los que forjan joyas, adornos de oro o armas de hierro; los “damai”, mi casta, que somos los sastres; y, por último, los “sarki”, que fabrican zapatos y artesanías de cuero.

Los jóvenes de ahora piensan que si dejamos de trabajar en lo que hacían nuestros antepasados, ya no sufriremos discriminación. Eso tiene un impacto muy negativo. Históricamente, los dalits somos emprendedores. Como suelo referirme a mí misma: ¡soy una diseñadora de moda nata! Mi abuelo era capaz de confeccionar ropa sin medir a nadie, tan sólo echando un vistazo. Ahora las personas de casta alta se han adueñado de nuestro trabajo y ganan mucho dinero, mientras que los dalits seguimos en la misma situación de exclusión socioeconómica.

Tu historia resulta inspiradora, especialmente para niñas que no ven ningún futuro por delante. Pero, ¿quién te inspiró a ti a ser la persona que eres hoy?

De niña, mi madre me decía: “Quiero que hables y te defiendas siempre porque yo nunca pude hacerlo por mí misma. Mis padres me casaron con una persona que nunca había visto, mi marido me dejó y a mis suegros poco les importé”.

En Nepal, a las mujeres se les enseña a ser pacientes desde la infancia. Con trece años, cuando me dijeron que mi madre era mi amiga en lugar de mi madre, no pude hacer nada. Desconocía mis derechos y tampoco tenía a nadie que me apoyara. Entonces, me di cuenta de que la gente de mi comunidad, las personas que se parecen a mí, no tienen a nadie. No conocen sus derechos, así que mucho menos se plantean defenderse. Necesitan a alguien que sea como ellos.

El día que me gradué en Derecho y le mostré el diploma a mi madre, me dijo: “Lucha siempre por la gente que no tiene voz. No pidas dinero, pero estate ahí para las personas que son como tú”. Esto siempre me ha inspirado. Así que, como no tengo presión para ganar dinero, ¡puedo ayudar a la gente!

Entonces, tu mayor inspiración proviene de otra mujer valiente.

¡Siempre! Mi madre es mi gran apoyo. Ahora tengo 28 años y, en mi barrio, todo el mundo me presiona para que me case. Pero mi madre me dice: “Si no quieres casarte, está bien”. Ser económicamente independiente lo es todo; mi madre aprendió esto a raíz de una dura experiencia. Si eres independiente, no necesitas callarte nada, puedes defenderte.

Recuerdo la primera vez que escuché las palabras de Martin Luther King, “I have a dream”. Pensé… ¡Yo también tengo un sueño! Aprender sobre Ambedkar en la India y Martin Luther King en Estados Unidos me inspiró y me hizo darme cuenta de que debemos unirnos para luchar contra la discriminación y la violencia. Es algo que únicamente los dalits podemos hacer, nosotros somos las víctimas. Las personas que perpetúan esto deben darse cuenta de la gravedad, no se puede permitir.

¿Cómo trabajas para concienciar a las personas de origen dalit sobre sus derechos?

Tenemos leyes maravillosas en Nepal, pero las personas beneficiarias no tienen acceso a la información sobre las mismas. Los problemas legales son muy similares a los problemas de salud. Si un problema de salud no se diagnostica a tiempo, la persona se ve perjudicada. Si un problema legal no se diagnostica a tiempo, la persona, la familia y la sociedad salen perjudicadas.

Quiero organizar un campamento legal para ofrecer servicios gratuitos de asistencia legal. Estoy pensando en colaborar con algunas ONGs locales para concertar reuniones con las victimas y, si necesitan más batallas legales, las lucharé. Este es mi plan para 2024.

Dijiste que tienes un sueño. ¿Cuál es?

Siento que el poder judicial no es inclusivo en absoluto, ni en términos de género ni de castas. Así que las personas no lo ven como su lugar: tienen miedo de acudir a los juzgados, de ir a la comisaría... No es dalit-friendly. Por eso, quiero ser jueza. También tengo un sueño, otro mayor: quiero ser la primera presidenta dalit del Tribunal Supremo de Nepal.

Quiero que las personas dalit se den cuenta de que estoy aquí, representándolas, comprendiéndolas. Somos alrededor del 15% de la población y nuestra representación es muy baja, nuestros problemas se dan por sentados. Cuando planteamos cuestiones de igualdad, la gente dice que nos han lavado el cerebro y que todo es cosa de la influencia occidental, del dólar y dinero de Europa… Estoy trabajando para que todo el mundo se de cuenta de que somos iguales. No estamos por encima de nadie, pero tampoco por debajo, somos iguales. Somos una parte importante de este país, nadie puede olvidarnos.

 

Entrevista: Eva Galindo Soriano | Fotografía: Bárbara Mompó Salvador