Kyra Carbonell, voluntaria: “Es la primera vez en mi vida que vivo el presente”

• Profesora de inglés en la Escuela Profesional, afirma que ha aprendido más que sus alumnos y que sigue sorprendiéndose cada día que pasa en la India.
Kyra Carbonell
FVF / Bárbara Mompó
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Son muchas las historias que hay detrás de cada voluntaria. Sin embargo, la vida de Kyra merece una película al más puro estilo Hollywood. “Cuando me preguntan dónde he nacido, siempre respondo: en Brasil, pero de padre español y madre inglesa, de abuelo argentino hijo de un húngaro y abuela irlandesa”.

Kyra Carbonell es profesora voluntaria de inglés en la Escuela Profesional. “Los chicos dicen que aprenden mucho de mí, pero creo que soy yo la que más aprendo”, dice. Lleva cinco meses en Anantapur y ha decidido quedarse un mes más. “Es la primera vez en mi vida que vivo el presente”, confiesa.

La vida en la carretera

Eran los 80 y Kyra cursaba el segundo año de Sociología cuando se quedó embarazada de su primer y único hijo, Nicolas. Madre joven y soltera, se puso a dar clases de inglés en un colegio de adultos hasta que una de sus alumnas le ofreció ser manager local de James Taylor.  A partir de entonces, participó en diferentes producciones de Brasil y conoció a artistas como Michael Jackson, los Rolling Stones, James Brown, Little Richard, Chuck Berry, BB King y Madonna. “[A Madonna] Fui a comprarle una peluca porque quería pasear sin que nadie la reconociera”, recuerda.

Sin embargo, los únicos que le hicieron temblar el pulso a Kyra fueron los Rolling Stones: “Con ellos, me encargué de la cocina, era la encargada de hacer las compras y controlar los pedidos”. Fue con los Rolling Stones cuando Kyra reconectó con su faceta más social y humanitaria, aquella que la había llevado años atrás a estudiar Sociología y la misma que, en un futuro, la traería a la India. 

Para la cocina de los Stones, Kyra contrató a mujeres y hombres de las favelas. Una de las trabajadoras le comentó que se veían obligadas a tirar comida porque a los Stones les sobraba. Kyra, decidida y furiosa, se dirigió al jefe de cocina y le dijo: “En mi país no puedes hacer esto”.  A partir de entonces, cada día se llevaban la comida sobrante para repartirla entre las personas más empobrecidas.

Con 42 años, a Kyra le surgió la oportunidad de mudarse a España donde recibió una oferta muy difícil de rechazar: ser la tour manager de Buena Vista Social Club.  Aquellos fueron sus años de gloria, su verdadera carretera y también su vida más nómada: “En casa tenía dos maletas sobre la cama, una de inverno y otra de verano”.

Con ellos, Kyra aprendió y obtuvo “una increíble percepción del envejecer”. “Trabajar con Buena Vista fue muy fácil porque eran cubanos, los viejos no se quejaban de nada”, cuenta. Pero toda leyenda llega a su fin y alguno de los “viejitos”, como Kyra los llamaba, pasaron a mejor vida. “Cachao y Galbán murieron en mi época y eso te afecta, es tu familia”. Aunque después del llanto, llega la fuerza de “Hoy vamos a tocar por él”, una fuerza más poderosa que el dolor e innata del artista.

El retorno a los orígenes  

Cuando terminó con Buena Vista Social Club, siguió trabajando en el mundo de la producción, pero con un gran vacío por dentro. Eso la llevó de regreso a sus orígenes, a reencontrarse con la chica que años atrás había empezado a estudiar Sociología, la que empatizaba con las personas más desfavorecidas. Con 64 años, mandó el currículum a la Fundación.

“En la India, siempre hay algo nuevo. Después de cinco meses, aún sigo mirando por la ventana como si fuera el primer día”, revela. Kyra adora dar clases en la Escuela Profesional. Además de recibir mucho cariño de sus estudiantes, aprende de su coraje y fuerza de superación.

En la Escuela Profesional, los chicos aprenden inglés, francés o alemán, informática y soft skills, disciplina que les enseña habilidades para integrarse en el mundo laboral. Recientemente, han estado de exámenes y Kyra se siente orgullosa con los resultados: “Hicimos un examen oral de inglés y fue chocante: hablaron sobre sus vidas de una forma muy íntima y sincera. Era un prueba sorpresa, no se habían preparado nada, fue una maravilla”.

En su voluntariado, Kyra se ha reencontrado de nuevo con esa energía que tanto anhelaba del escenario: “A mis alumnos les expliqué que vine aquí con una maleta de 20 kilos y me llevo otra de 60 llena de cariño, orgullo, aprendizaje, gratitud y vivencias”.  El voluntariado, al igual que la música, genera una energía social y transformadora, que no deja indiferente a nadie.

 

Texto: Núria Messeguer Ferré

Fotografía: Bárbara Mompó