La batucada del mediodía

• Mohit tiene dos años y padece parálisis cerebral discinética. Vive con sus padres en una habitación alquilada en Biratnagar, al este del Nepal.

• Gracias al profundo cariño de sus padres y al trabajo incansable de una cuidadora, el pequeño muestra grandes avances que son un motivo de orgullo.
Parálisis cerebral
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En Biratnagar, al este de Nepal, los bananos y las plantaciones de arroz adornan un paisaje de climatología cálida. Los autorickshaws son los reyes de la calle y las gobiernan a golpe de claxon. Encontrar en esta zona un parecido con la India es inevitable al hallarse a escasos kilómetros de la frontera. En el entramado de callejuelas, en un pequeño departamento de planta baja, una familia de tres personas vive en una humilde habitación. Ellos son Mohit, su madre Shova y Lok, el padre.

En la estancia se respira un cariño acogedor. Los padres miran a su hijo con una ternura incondicional. Lok llama al hijo por su nombre, y este es capaz de reconocerlo, esbozando una enorme sonrisa. Mohit sufre parálisis cerebral discinética: movimientos involuntarios se apoderan de él; pueden ser lentos y contorsionales o rápidos y espasmódicos. En esos escasos metros cuadrados que se convierten en cocina, comedor y dormitorio, los padres se las han ingeniado para crear un oasis de cuidados. En el suelo hay juguetes caseros para la fisioterapia. Unos tejanos rellenos de algodón que, con imaginación, se convierten en un cojín para que pueda erguir la cabeza; una jimball, la pelota terapéutica con la que lo estimulan y, en el rincón, un tambor desgastado. Por como lo mira Mohit, apasionadamente, se intuye que en él se han practicado un número incontable de redobles. 

Y no solamente redobles. Ese tambor ha sido el artífice de cientos de conciertos. Lok trabaja en una tienda cercana al departamento. Cada mediodía, en la pausa para la comida, se apresura a salir para estar más rato con su familia. En esos momentos es cuando la percusión se adueña de las cuatro paredes para mayor deleite de Mohit, viendo a su padre repicar con las manos a un ritmo contagioso. Es la batucada del mediodía. Entretanto, la madre hace la comida y se encarga de la casa. Se ha convertido en una centinela implacable de su hijo que necesita ayuda para hacer cualquier tipo de actividad. Al echar la mirada un año atrás, el optimismo de los padres crece y se hace notable. “Mi hijo al nacer no lloró. Su cabeza estaba hinchada y se lo llevaron a cuidados intensivos. Estuvo muy grave, sin embargo, ahora nos reconoce, siente nuestra voz y nos sonríe”, cuenta Shova orgullosa.

Bárbara Mompó
Mohit, Shova y Lok/Bárbara Mompó

El profundo cariño de unos padres que están presentes en cada síntoma de evolución y desarrollo de su hijo se mezcla, en esa pequeña habitación, con los cuidados de una fisioterapeuta de unos de los centros con los que trabaja la Fundación Vicente Ferrer en Nepal.

La vocación de Gita

“Desde que Gita viene a vernos hemos aprendido mucho. Sabemos cómo mejorar con Mohit y cada día es una pequeña victoria”, comentan los padres. Gita es paciencia y creatividad. Viene un par de veces al mes a visitar a la familia. Juntos forman un equipo coordinado e imparable. Entre cuidados, la relación con la familia y la trabajadora se ha estrechado. “Es una persona fundamental en la historia de nuestras vidas, es mi amiga”, expresa Shova emocionada. Gita fue la arquitecta de ese oasis de cuidados; les enseñó a preparar los artilugios caseros para desarrollar las capacidades de Mohit y descubrió que estallaba de júbilo cada vez que ese tambor irrumpía en el silencio de la estancia.

La cercanía, el cariño, los cuidados y la dedicación más absoluta quizás hayan sido las claves para la mejoría de Mohit. Posiblemente esta fórmula se ha interpuesto a los malos pronósticos que lo acompañaban desde su nacimiento. Quizás gracias a ello ahora las esperanzas para mejorar su vida son reales y palpables. Lo que es seguro es que Gita, Shova y Lok no se hacen preguntas. Sus vidas están regidas por un denominador común y los tres hacen lo imposible y un poquito más para que Mohit tenga todo lo que necesita. Sin condiciones.

Bárbara Mompó
Shova sosteniendo la cabeza de su hijo/Bárbara Mompó 

La Fundación Vicente Ferrer trabaja en Nepal para la protección y escolarización de la infancia más vulnerable y para ofrecer asistencia y rehabilitación a menores con discapacidad, con el foco puesto en la parálisis cerebral. Además,  trabaja por el empoderamiento de las personas cuidadoras de familiares con problemas de salud mental, en su mayoría mujeres y adolescentes.

Texto: Josep Romaguera | Foto: Bárbara Mompo | Entrevista: Eva Galindo y Katia Álvarez | Traducción: Sarna Maharjan