La empresa comprometida con su entorno se convierte en eje de cambio

Las empresas tienen que ser sostenibles y éticas o no serán empresas.
Entrevista Federico Buyolo. Ex Director de la Oficina Alto Comisionado para la Agenda 2030 en el Gobierno de España.
Federico Buyolo
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Entrevista con Federico Buyolo

Director Adjunto- Gabinete del Ministerio de Educación y Formación Profesional. 
Ex Director de la Oficina Alto Comisionado para la Agenda 2030 en el Gobierno de España.
 

Hablamos en una entrevista con Federico Buyolo, ex director de la Oficina Alto Comisionado para la Agenda 2030 en el Gobierno de España. Mientras nos expresa su preocupación por que, según él, lo que estamos ahora viviendo con la situación en India, que está enfrentándose a su parte más dramática, y la gran solidaridad surgida a raíz de ella, nos lleve a construir un modelo para poder salir de esta crisis. 

 

2020 y lo que llevamos de 2021 han supuesto un gran reto para todo el mundo. Pero después de todo lo que está sucediendo, ¿cuáles son los grandes desafíos a los que se está enfrentando la Agenda 2030?

Esta pandemia nos ha descubierto dos cosas. La primera, que vivimos en un mundo global, que por lo tanto no podemos pensar solo en acciones a nivel local, sino que la contribución que todos hacemos, desde instituciones y empresas, repercute también en lo global. Y, en segundo lugar, que después de esta crisis tenemos que ir a lo esencial. Durante estos últimos meses, nos hemos dado cuenta que, en algún momento, hemos perdido el concepto de lo que era primordial en nuestras vidas. Hemos llegado a pensar que ya éramos super hombres o mujeres y que la tecnología nos iba a convertir en todopoderosos; y lo que hemos descubierto realmente es que somos humanos, débiles y que, además, la solidaridad, el trabajo conjunto, el entender al otro, la empatía, la amabilidad son esenciales para nuestras vidas. Esta crisis, no es una crisis más. Es una crisis, sobre todo, que demuestra que el sistema tiene que cambiar y que nosotros somos parte fundamental de ese cambio que se tiene que dar.

Siempre hemos considerado que la sociedad está ahí para nosotros y es así y  hemos tenido manera de salir de esta crisis a través, en muchos casos, de la solidaridad. Lo que estamos ahora viviendo con la situación en India, que está enfrentándose a su parte más dramática,- la que vivimos nosotros hace un año-, (…) esa solidaridad nos lleva a construir un modelo para salir de las crisis.  Nos hace además entender lo que apunta la Agenda 2030, “nadie puede quedar atrás”. Ese concepto indica que todos somos parte de esa sociedad que queremos construir y conforme nosotros nos comportemos, surgirá ese modelo de sociedad que tanto anhelamos.

 

La globalización, y en estos momentos la crisis que estamos viviendo, han supuesto que la sociedad exija un mayor compromiso a las empresas.  Antes se valoraba a las compañías solo por las buenas prácticas y la implementación de políticas de transparencia. Ahora, ¿cómo crees que  las compañías tendrían que asumir el reto de contribuir con su acción a un desarrollo sostenible económico, social y medioambiental...pero real?

Muchas empresas han entendido la RSE como la externalización de su buen hacer; pero hemos entendido que esto ya no puede ser así. Es el momento de repensar todo, no sólo desde el punto de vista de cómo es nuestra buena actuación, si no cómo la incluimos dentro de la parte nuclear de nuestra empresa. Las empresas tienen que ser sostenibles o no serán empresas. Las empresas tienen que ser éticas o no serán empresas. Ahí tenemos el ejemplo de lo que hemos vivido en esta pandemia. Empresas que han pasado de hacer vestidos a hacer mascarillas; empresas que han pasado de hacer coches a hacer respiradores. Durante la pandemia, en este país no hemos tenido grandes problemas de abastecimiento en los mercados gracias a un sistema logístico y un compromiso que ha sido compartido por todos: agricultores, comercializadoras, distribuidores, empresas y, por supuesto, el público para que esto no pudiese llegar a pasar.

Cuando la empresa tiene un compromiso serio con el entorno en el que está viviendo es cuando  verdaderamente la empresa se convierte en ese eje del cambio. Cuando hablamos de Agenda 2030, hablamos de dos cosas distintas. Una,  hacia fuera, qué puede hacer mi empresa para generar ese cambio; y, dos, hacia dentro, cómo yo transformo mi empresa para que mis trabajadores, clientes, proveedores puedan sentirse en ese concepto de que somos verdaderamente una empresa comprometida con el desarrollo sostenible.

Yo creo que este momento nos ha enseñado a saber qué es lo esencial, qué es lo superfluo y, sobre todo, qué hace que generemos dinámicas de cambio que retroalimentan  todo ese compromiso social que va más allá de la cuenta de resultados.

El compromiso de nuestros consumidores y de las empresas cada vez es mayor. La información de los ciudadanos y ciudadanas también ha ido en aumento, por lo tanto lo que pedimos, exigimos y censuramos es todo aquello que no vaya en línea con lo que estamos trabajando y entendiendo de este nuevo mundo que queremos;  que, como empresa, efectivamente no podemos atribuirnos solo los beneficios y las pérdidas para los demás.

Creo que las empresas están entendiendo verdaderamente ese cambio, y esa necesidad de sentirse no solo útiles a sus socios si no a la sociedad, y lo están integrando en su ADN, como algo intrínseco a ellas.

 

Las empresas no sólo deben preguntarse que pueden aportar al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sino cómo deben de configurarlos en su misión y visión. ¿A priori, qué recomendarías a las empresas para se convirtieran en socias para el desarrollo?

Es muy fácil. Todas las empresas que conozco, grandes y pequeñas,  que están trabajando en esta línea y con unos resultados, tanto económicos como de reputación muy importantes, tienen algo en el frontispicio de su acción: sentido común. Es decir, entender que yo no puedo tener unos beneficios grandes si lo que estoy haciendo está devastando el planeta, o explotando a mis trabajadores o dando al consumidor algo inferior a lo que les estoy ofreciendo. Sentido común para entender que con mi acción, no solamente  tengo que ganar beneficios, si no que puede influenciar con mis acciones para que ese desarrollo llegue para que conjuntamente fortalezcamos la sociedad.

Sin sociedades fuertes, sin sociedades económicamente empoderadas, difícilmente vamos a tener  empresas fuertes. Necesitamos que las empresas sientan de verdad que, por primera vez en la historia de las agendas internacionales, son pieza clave de desarrollo económico, social y medioambiental del entorno en el que viven. Esto tiene tres lecturas importantes. Por una parte, la rentabilidad económica, y lo  podemos ver en esas empresas que han apostado por esa sostenibilidad…y sus beneficios han aumentado; en segundo lugar, una reputación como empresa comprometida con la ciudadanía, ya que son empresas comprometidas por el bien de todos. Y tercero, reputación interna, hoy cada vez más los jóvenes deciden a qué empresas quieren ir y no las eligen por sus bienes económicos, si no porque esas empresas cumplen con esos fines para poder construir el mundo que ellos quieren.

Hoy en día, la juventud nos está pidiendo que cambiemos el modo de hacer las cosas. Aquellas empresas que entiendan esto,- que son algo más que un sistema para obtener beneficios para unos socios-,  sino  que son piezas fundamentales para una transformación, conseguirán esa sostenibilidad en el tiempo.