La Escuela Profesional estrena curso para estudiantes con distintas capacidades

El programa incluye clases de inglés, informática, mecanografía y se complementa con la formación en habilidades comunicativas para favorecer el acceso al mercado laboral.

Se trata de un curso piloto enfocado exclusivamente a chicos y chicas con distintas discapacidades con el objetivo de fomentar su inserción en el mercado laboral con opciones de éxito y de forma autónoma”, explica José Antonio Hoyos, coordinador del curso. Un total de 70 jóvenes de 20 a 28 años han recibido durante dos meses clases intensivas de inglés, que se han complementado con lecciones de mecanografía e informática, orientadas a crear un perfil de habilidades profesionales. Estas últimas sesiones fueron impartidas por personal de la organización india Youth4Jobs, dedicada a la inserción laboral de personas con discapacidad en la India.

 

Sara López y Marta Moreno han sido las profesoras responsables de llevar a cabo esta desafiante experiencia. La clase de Sara era exclusivamente de chicas, mientras que el grupo mixto fue de la mano de Marta. Ambas voluntarias confiesan que esta experiencia les ha aportado emociones que van mucho más allá de lo estrictamente profesional. “Me quedo con el amor incondicional que he recibido de todas y cada una de mis alumnas; una generosa compensación por todas las dificultades que hemos podido tener durante el curso”, reconoce Sara con emoción.

 

De igual manera, Marta revela el vínculo que ha llegado crear con su grupo. “Para mí se han convertido en una gran familia. Hubieron muchos momentos en los que me he llegado a sentir casi como una madre, por lo que no dudé en viajar con ellos a su primera entrevista laboral”, subraya. Marta ha ido siguiendo casi al minuto los exitosos resultados de las entrevistas realizadas por sus alumnos. Me siento muy contenta porque cerca del 90% de mis alumnos ya tienen trabajo y todavía no ha acabado el curso, comenta sonriente.

 

A pesar de la buena predisposición, tanto por parte de los alumnos como de las profesoras, la adaptación no fue fácil al principio.En las primeras clases me quedaba con la incertidumbre de si realmente me entendían, ya que ante cualquier pregunta, la respuesta siempre era afirmativa. No tuve más remedio que incorporar un método de exámenes semanales para comprobar si lo habían entendido”, explica Sara. 

 

Para Marta, los primeros días de clase tampoco fueron fáciles: A pesar de que tenían un nivel aceptable de inglés, les costaba entender mi acento y a mí, el de ellos. A la dificultad lingüística, hay que añadir la diferencia cultural. “Al principio no comprendía la forma de expresarse, sobre todo en sus redacciones. Finalmente he llegado a comprender que su manera de racionalizar es completamente diferente a la nuestra.

 

Tras el horario de clases, las dos profesoras prepararon sesiones de técnicas de estudio con un enfoque lúdico y dinámico a través de películas, canciones, juegos o debates. Sin embargo, la timidez, sobre todo de las alumnas, ha creado a las dos voluntarias momentos de frustración. “He tenido una chica que, tras más de un mes de clase, aún no había pronunciado palabra. ¡Hoy, por fin, lo ha hecho!”, cuenta Sara, emocionada.

 

El coaching y la educación emocional han estado presentes a lo largo de todo el curso. “Contrario a lo que podía esperarse, ninguna de las discapacidades de mis alumnos han impedido que progresen. El primero de la clase ha sido un chico con discapacidad visual. Un ejemplo para todos y todas, concluye Marta.

 

Aprender y hacer amigos

Lakshmidevi, Mahadevi, Ramanjinamma, Anitha y Vannuruswamy son algunos de los alumnos y alumnas que, tras finalizar la clase, se muestran deseosos de comentar sus experiencias. Coinciden en confesar que ellos también sufrieron muchas dificultades de adaptación en las primeras clases y que los dormitorios se convirtieron en el sitio idóneo para compartir y resolver dudas entre los mismos estudiantes.

 

El curso intensivo y su estancia en el campus han permitido al alumnado aprender una segunda lengua, despertar otras inquietudes y ver otras realidades. “Estamos contentos por haber hecho muchos amigos con chicas y chicos”, apunta Anhita. “También nos ha servido para entender que las chicas y chicos somos iguales. Al principio, al salir de clases nos reuníamos en grupos separados; ahora vamos todos juntos” apunta sonrojado Vannuruswamy. “Nos gustaría que el curso continuara”, reclaman entre risas a pocos días de su final.

 

Las voluntarias han decidido prolongar su estancia. Sara, por unos meses más, y Marta impartirá el nuevo curso escolar en la Escuela Profesional de Idiomas.

 

 Texto: Fátima Yráyzoz Aranda