La odisea de volver a casa

MIGRANTS COVID-19
felita
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El confinamiento sorprendió a miles de migrantes y sus familias en el camino de vuelta a su casa. Sin transporte, sin comida y sin un lugar donde dormir, la Fundación se puso en marcha para atenderlos. Miles de historias que, lejos de los hospitales, también son la crónica de la pandemia en India.

 

Son las doce menos cuarto de la mañana y hace muchísimo calor, cuando Mallikarjuna ve acercarse en bicicleta a un grupo de unas quince personas. Mallikarjuna es el director regional de la Fundación Vicente Ferrer en India y con todo su equipo han montado un puesto de avituallamiento en la carretera que va de Bangalore a Hyderabad, para provisionar de alimentos y bebidas a los trabajadores migrantes que se encuentran atravesando cientos de carreteras por todo el país.


"Salimos de Bangalore hace dos días y ahora nos dirigimos a Uttar Pradesh", explica Govinda, uno de los miembros del grupo, mientras bebe algo frío. Todos ellos trabajaban en restaurantes, hoteles o como personal de limpieza en Bangalore, pero cuando comenzó el confinamiento por el coronavirus en la India, el 25 de marzo, los despidieron y con ello se esfumaron su salario y opciones de supervivencia. "La situación en la ciudad Bangalore era muy complicada para nosotros, así que nos reunimos y decidimos comprar entre todos bicicletas de segunda mano", explica. 

“Vamos en bici durante todo el día, porque no tenemos luces, pero cuando llega la noche es muy peligroso. El otro día, un grupo de personas nos golpearon mientras dormíamos porque nos dijeron que estábamos ocupando espacio de su propiedad. Fue muy duro”, confiesa Govinda. Sin embargo, durante su periplo también se han topado con la generosidad de muchas personas y eso les ha ayudado a superar los momentos de más tristeza. "Hemos podido continuar este viaje gracias a la gente de los pueblos, que nos ha estado ofreciendo comida", añade.

Esperan llegar a Uttar Pradesh en unos veinte días y no quieren pedir ayuda. “Ya no confiamos en nadie”, agrega Mallikarjuna. Cuando le preguntamos a Govinda por qué decidió comenzar este viaje y no esperar, enseguida nos contesta: “Si tengo que morir, quiero hacerlo en mi pueblo, con mi familia".

La situación se repite en distintos puntos de la carretera nacional. Diferentes ubicaciones, distintos destinos y nombres propios pero el mismo deseo: llegar a casa y estar con sus familias. “Es especialmente difícil para las mujeres. No solo llevan consigo todas sus pertenencias sino también les acompañan niños pequeños”, dice Rameshwary, director regional de FVF en Madaksira. “El otro día, de camino a mi oficina, vi a una mujer que llevaba en brazos a un niño de aproximadamente un año y  una niña de unos tres años y caminaba junto a ella, un niño de cinco. Ninguno de ellos llevaba zapatos y la mujer, sobre todo, parecía extenuada, a punto de desmayarse. El marido caminaba delante, llevando el equipaje. Paré mi coche de inmediato”, explica Rameshwary. 

Shantama, cuyo nombre cambió para proteger su identidad, y su familia formaban parte de un grupo de 75 personas que, después de días de no recibir ninguna paga por parte de su contratista, decidieron tomar el camino de regreso a casa, desde Madakasira a Aadhanki Mandal en el distrito de Prakasam (estado de Andra Pradesh), recorriendo unos 435 kilómetros. “Los traje a ella y a su familia a mi oficina; les compré zapatos y comida. Encontramos al resto del grupo e inmediatamente me puse en contacto con la policía que acordó organizar su viaje de regreso a casa". Mientras se realizaban los arreglos para su vuelta,-durante unos tres días más o menos-, todo el grupo se quedó en una escuela estatal y la Fundación les proporcionó comida. "El Gobierno organizó su transporte y les realizó a todos las pruebas de COVID-19, que fueron todas negativas”, puntualizó. “Antes de que se fueran, Shantama me dijo algo que le dio sentido a todo el sufrimiento que estábamos presenciando en los últimos días”:  “Muchas personas me vieron pero nadie se paró a ayudarme, excepto usted. Gracias por cuidarme".

“Nos encontramos a diario con grupos de migrantes, les proporcionamos alimentos y les informamos sobre las posibilidades que el Gobierno ha dispuesto para que regresen a sus hogares. Estamos constantemente en contacto con las oficinas de ingresos del distrito, pero lo más importante sobre todo es tratarles con la dignidad y el respeto que cualquiera de nosotros merecería", afirma.

La Fundación Vicente Ferrer está reforzando los esfuerzos del Gobierno para facilitar el transporte para el regreso de todas las personas a sus hogares. “Ayer recibimos una solicitud de las autoridades del distrito para hacer 5.000 chapatis y 1.500 paquetes de aloo chole (curry de garbanzos y patata) para un grupo que viajaba de regreso a Uttar Pradesh, en un tren especialmente habilitado para el regreso de migrantes. Hoy también viajan unas 750 personas que regresan a la ciudad de Patna y tenemos que preparar sus provisiones para el viaje”, explica Visha Ferrer, responsable de la atención a los migrantes en esta emergencia. Además añade que "nos complace poder desempeñar este papel en la lucha contra esta crisis".