Los promotores del cambio en Anantapur

La sensibilización es una de las estrategias principales de la Fundación Vicente Ferrer para lograr el desarrollo integral de la sociedad en la India rural
Rammana, Shakuntala y Ragu llevan 20 años trabajando directamente con las comunidades desfavorecidas para fomentar su empoderamiento

Pocos serían los logros de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) si  sus proyectos no hubieran ido acompañados por campañas de concienciación. La educación es la base del desarrollo, el instrumento que capacita a cualquier persona a tomar conciencia de su situación, actuar y mejorar su vida y la de los demás a su alrededor. Esta educación no solo se limita a los centros educativos, sino también tiene cabida en los sangham (asociaciones), las reuniones informativas y de asesoramiento, los eventos culturales y, en general, todas en las interacciones que el personal de la FVF en el terreno tiene con los destinatarios.

Día a día, 2.221 empleadas y empleados de la Fundación en la India dialogan con las comunidades más desfavorecidas para concienciarles sobre higiene y sanidad, la importancia de la escolarización o la discriminación de género. Es a través de estos promotores del cambio que la filosofía de la Fundación llega a sus más de tres millones de beneficiarias y beneficiarios.

Organizadores de la comunidad, el primer contacto

Los organizadores de la comunidad son el nexo entre la FVF y los comités de desarrollo de la comunidad (CDC), unas organizaciones locales formadas generalmente por 6 mujeres y 6 hombres del pueblo. Actúan como portavoces de los problemas y retos comunitarios y se aseguran del cumplimiento y adecuación de los proyectos. Ramanna Mangala es organizador de la comunidad en el área de Rapthadu, cerca de la ciudad de Anantapur, aunque durante sus 17 años de experiencia en la Fundación ha trabajado en seis áreas más. Tiene varios CDC a su cargo y entre sus responsabilidades está el identificar a las personas destinatarias de los proyectos, apoyar la implementación de los programas, detectar las necesidades de la comunidad y formar a los comités para su fortalecimiento. Se asegura también de que las reuniones de los sangham tengan lugar y asiste a los sectores a resolver problemas y concienciar a la población.

Ramanna Mangala, organizador de la comunidad de la FVF.

En las asambleas de los pueblos, aparte de hablar de los proyectos y del desarrollo de la infraestructura, también tratan un tema en particular para cada reunión, como por ejemplo el acceso a la sanidad. “Debido a creencias y supersticiones muy arraigadas en la cultura local, es difícil convencer a la población para que modifiquen hábitos nocivos. A veces tenemos que hacer cinco o seis reuniones”, relata Ramanna.

Uno de los problemas más recurrentes tiene que ver con los derechos de la mujer. “Muchas veces tenemos que hacer reuniones conjuntamente con los maridos de las mujeres, ya que muchos se niegan a que su esposa acuda a los sangham. Les concienciamos de la importancia que tiene para mejorar su autoestima y confianza. Es algo bueno para el desarrollo de toda la familia”, cuenta. La insistencia vale la pena: “El caso de Pallavi, una chica de décimo curso que era muy buena deportista, es un buen ejemplo. Su madre quería que participara en actividades deportivas, pero su padre creía que era algo solo para chicos. Hablé con él muchas veces hasta que comprendió que su hija tenía todo el derecho de competir y que era algo positivo para ella. Recientemente Pallavi quedó la primera en atletismo a nivel de área, y ahora está participando en el equipo femenino de criquet”.

Venciendo estigmas sociales

Shakuntala Byalla conoce bien los problemas a los que se enfrentan las mujeres de Anantapur. Lleva 19 años trabajando para la Fundación Vicente Ferrer y forma parte del Sector Mujeres desde 1999, año en que se creó este sector del que ahora es directora adjunta. Una de las experiencias más complejas que ha vivido durante estos años ha sido en la región de Kadiri, una zona fronteriza con altos índices de emigración y donde las redes de tráfico de mujeres se aprovechan de la precaria situación de muchas familias.

Shakuntala Byalla durante una sesión de asesoramiento en el centro de Gandlapenta de la FVF.

Shakuntala ha llevado a cabo campañas de prevención de la migración y reintegración de mujeres que se habían visto atrapadas en la prostitución. “Al principio no sabíamos cómo teníamos que hablar a las víctimas. Así que recibimos formación en asesoramiento, sobre salud y prevención de enfermedades de transmisión sexual.”, explica.

Proveniente de un pueblo del distrito de Anantapur, Shakuntala ha vencido los prejuicios de una sociedad conservadora. “Las mujeres pierden el respeto de la comunidad una vez migran. Yo no pienso en el contexto, solo pienso en cómo ayudarlas. Tenemos que escucharlas con paciencia y empatía, ya que se trata de un trabajo a largo plazo y hay que crear un vínculo de confianza. Y muchas veces tenemos que trabajar con el riesgo del estigma social, si me ven con alguien que trabaja en la prostitución pueden llegar a pensar mal sobre mí. Pero no hay que tener vergüenza”, confiesa orgullosa.

Herramientas culturales para el cambio

El diálogo no es la única forma de fomentar el desarrollo y el cambio en la sociedad. Con su trabajo en el área cultural de la Fundación Vicente Ferrer, Ragavendra Rao ha comprobado que las canciones, la danza o el teatro son herramientas muy eficientes para la sensibilización. “La población ve una escena con la que se puede identificar. Al final de cada actuación mucha gente viene a hablar conmigo, a veces emocionada. Por ejemplo, en el caso de los matrimonios infantiles, vienen y me dicen ‘¿Qué he hecho? ¿Cómo he podido pensar en casar a mi hija tan joven?”, cuenta Ragavendra.

Ragavendra en el festival cultural para niñas y niños con discapacidad.

Con estas representaciones tratan temas sensibles y prioritarios, colaborando de forma transversal con casi todos los sectores de la FVF. “Sobre el sector Sanidad hablamos de higiene y también sobre el VIH/Sida, explicamos las posibles formas de transmisión de la enfermedad de manera que lo pueda entender todo el mundo. También temas de gestión del agua. Explicamos cómo conservarla, los mejores sistemas de regadío... Todo se puede explicar a través de la cultura”, afirma. Normalmente las representaciones se organizan por la noche, para maximizar la asistencia, y en general se invita a las comunidades más desfavorecidas, excepto cuando se trata de un tema que afecta a toda la población.

Preparaciones para el día mundial contra la violencia de género.

Otro papel importante del área cultural es la participación en las manifestaciones del Día Mundial de la Mujer y el Día Mundial contra la Violencia de Género. Cada año, Ragavendra coordina la creación de una obra de teatro en la que tratan temas que afectan la vida de las mujeres, por ejemplo el maltrato psicológico o el aborto selectivo.

Cambios visibles

El resultado de estas acciones de sensibilización, en sus diferentes formas, es una ciudadanía más consciente de los recursos a su alcance. “En 17 años de trabajo he visto una evolución formidable. Antes solo podíamos hablar con el líder del pueblo, que era quien tenía más educación. Hoy en día todo el mundo es capaz de expresar sus necesidades y también de moverse dentro del sistema, de pedir ayudas del Gobierno. Se han dado cuenta de la necesidad de educar a sus hijos y también sus hijas”, relata Ramanna.

Shakuntala cree que el cambio más visible se encuentra en las mujeres: “Si concienciamos y educamos a la mujer, ella comparte el conocimiento con el resto de la familia. Y las mujeres aprenden del ejemplo de otras mujeres, es una cadena. Veo como en muchos hogares, el marido comparte las tareas domésticas. Las parejas toman decisiones conjuntamente, algo impensable hace años”, cuenta.