Meehanski: “Mi discapacidad no me ha impedido realizar mis sueños”

© FVF / Aina Valldaura

Meehanski se define a ella misma como una mujer luchadora y obstinada, pero sobre todo independiente y feliz. A pesar de su discapacidad visual y de las numerosas barreras que la vida le ha puesto, nunca se ha rendido. “Desde pequeña tenía un sueño: ser autónoma y ayudar a los demás a serlo también. Creo que lo he logrado y quiero seguir viviendo mi vida de forma plena”. Meehanski domina cinco idiomas (inglés, kanara, telugu, tamil e hindi), aprendió karate cuando era joven, aunque asegura que hace tiempo que no lo practica, y a día de hoy forma parte del equipo docente de la Escuela Inclusiva de Primaria de Kadiri.

 

Naciste en Bangalore, una gran urbe de más de 12 millones de habitantes y a 200 km de Anantapur. ¿Cómo llegaste a la Fundación Vicente Ferrer? ¿Y a Kadiri?

Antes de unirme a la FVF, trabajé durante ocho años en una ONG del ámbito de las personas con discapacidad. Sin embargo, cuando pedí un ascenso a Coordinadora de Terreno, rechazaron dármelo. No porque pensaran que no pudiera hacerlo, sino porque era mujer y con una discapacidad. Dimití y decidí empezar una nueva etapa de mi vida.

Tras varias entrevistas de trabajo, me decidí por la FVF. Me habían comentado que aquí fomentaban el empoderamiento de las mujeres y su rol en posiciones de poder.

 

¿Era esa la primera vez que por ser mujer y tener una discapacidad te negaban una oportunidad? ¿Qué apoyo has recibido por parte de tus padres a la hora de estudiar o vivir por tu cuenta?

Por desgracia, no. Hace algunos años tuve la oportunidad de trabajar como instructora de Braille para el Gobierno, pero no lo pude aceptar por la total oposición de mis padres. No querían que me fuera lejos porque ya eran mayores, temían que les pasara algo y que me fuera muy difícil atenderlos. En la India, se espera que las hijas y las nueras cuiden de las personas mayores. Los hijos varones están totalmente exentos de responsabilidad.  De nuevo, me sentí frustrada.

 

¿Cómo es tu vida en Kadiri?

Aquí soy feliz. A nivel laboral siempre  me he sentido una más del equipo docente de la escuela y en el plano personal también. Hace unos años me casé, también con un profesor de la FVF con discapacidad visual. Tenemos un niño de 11 años y una hija de 13.  Ambos son maravillosos. Puedo decir sin miedo que disfruto de la vida.

 

¿Qué tipo de educación reciben estas niñas y niños?

Muchos de los niños con discapacidades que llegan a esta escuela provienen de entornos muy hostiles, en los que jamás han recibido una palabra amable. Para mí son como un libro en blanco, ya que vienen marcados por una infancia concreta y unas experiencias particulares. Por ello, la forma de enseñarles se debe adaptar a ellos, al tiempo que yo aprendo de ellos.  Ninguno de ellos es igual a otro, y es ahí, donde radican sus riquezas.

 

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?

Tengo muchos, pero no muy buenos. Al nacer, al igual que muchas niñas indias, no fui aceptada ni como hija, ni como miembro de la familia. Mis padres nunca llegaron a quererme. El único deseo que tenían era deshacerse de mí y abandonarme cuanto antes. Sobre todo, mi madre.

Me crié con mis tíos, quienes no entendían mi ceguera. Tal era su desconocimiento, que llegaron a pedir consejos a un vidente. Afortunadamente, les auguró un buen futuro para mí y además les predijo que sería yo quien acabaría cuidando de mis padres. Tras esta predicción, mi madre me aceptó y permitió que fuera a la escuela. Tristemente, allí no me dejaron ni entrar por el hecho de ser ciega. Me discriminaban y me decían: “Vete de aquí, eres ciega, nunca llegarás a aprender nadar“. A pesar de todo, no me rendí. Me quedaba en el porche de la escuela para escuchar las lecciones de la profesora.

Finalmente, y en contra de la voluntad de mi padre, tanto mi madre como mi tío decidieron mandarme a una escuela para personas con discapacidad visual en Bangalore. Fue allí donde puse todo mi entusiasmo y logré ser la primera de clase hasta séptimo curso. En octavo, mis notas bajaron considerablemente debido a las responsabilidades familiares que tuve que asumir. Cuando terminé décimo curso, a pesar de que mis notas seguían siendo buenas, mis padres, de nuevo, se opusieron a que siguiera estudiando. Pensaban que jamás tendría oportunidades y llegaron a prometerme que si me quedaba con ellos, siempre estaría a salvo.

 

¿Cómo reaccionaste en ese momento?

Me quedé decepcionada, pero con mi valentía les convencí para que me dejaran terminar mis estudios. En ese momento, decidí que trabajaría para que jamás ningún niño ni niña fuera marginado ni sufriera situaciones similares.

 

En la India rural, las personas con discapacidad tienen que hacer frente a una fuerte discriminación y estigma. ¿Cómo ha sido esto para ti?

Mi discapacidad nunca me ha limitado sino al contrario, ha sido un gran reto al que enfrentarme cada día. A pesar de sufrir malas experiencias, nunca me he rendido y me siento orgullosa de ello. Siempre he tenido la convicción de que lograría ser independiente. Creo firmemente que cualquier persona que se proponga y desee algo de corazón, puede llegar a conseguirlo. Me siento una mujer valiente.

 

Texto: Aina Valldaura