Parvathi: “La violencia de género se combate con educación”

Parvathi, mediadora de violencia machista
Bárbara Mompó
• Desde hace casi diez años, Parvathi trabaja como mediadora de violencia de género para la FVF

Parvathi se graduó en Enfermería, pero el contacto con la Fundación Vicente Ferrer cambió la trayectoria de su vida desde que le propusieron, en 2010, incorporarse al equipo de mediación para luchar contra la violencia de género en la región de Bukkaraya. “Con este trabajo me percaté de la magnitud de este problema”, reconoce Parvathi. Se trata de una lacra complicada de erradicar “si no es a través de un cambio social que emana de la educación”, añade. Satisfecha con su trabajo, a Parvathi le gusta apoyar a las mujeres de su entorno. Reconoce que algunas situaciones no son agradables en su trabajo, pero que le inspira “la valentía de las otras mujeres”.

Llevas casi 10 años tratando casos de violencia de género, ¿cuál es el principal problema que encuentras en la India rural?

Sin duda, la falta de educación en las familias y el peso de la tradición. Esto afecta a los hombres y a las mujeres por igual. Hay más probabilidades de que, si una mujer estudia, no consienta ciertas conductas. La educación es el escalón a la independencia de las mujeres y las niñas. Una vez traté un caso de una adolescente que se había casado con 16 años. Su marido le pegaba porque la niña no quería trabajar ni hacer las tareas domésticas, ella quería pasar tiempo con sus amigas, algo normal porque ella aún era una niña.

¿Qué actividades de sensibilización se realizan? O, ¿en qué consiste tu trabajo?

Principalmente la base de mi trabajo es de mediación, pero también las charlas de concienciación a hombres y a mujeres. Estas reuniones son muy importantes para identificar la violencia género y señalarla como lacra. También para empoderar a las mujeres, no tienen que tolerar ni un golpe. Tienen que aprender desde que son pequeñas, educarlas para que no consientan la violencia.

¿Qué rangos de edad acuden a estas charlas?

De todas las edades: jóvenes y mayores. Tengo la esperanza de que en las futuras generaciones haya un cambio. Gracias a las charlas, las mujeres son más fuertes, más conscientes. Esto se lo enseñarán a sus hijas y es entonces cuando habrá un cambio.

¿Cómo se detectan los casos?

Los sanghams –asociaciones de mujeres- son fundamentales en las comunidades. Normalmente las lideresas de los sangham y el Comité de Desarrollo de la Comunidad me comentan el caso y después intervenimos. La mayoría de las familias no tienen educación y el alcohol es uno de los principales detonantes de violencia de género.

En todo este tiempo, ¿has presenciado algún cambio positivo?

La realidad es que todavía queda mucho por hacer, y veo que todo evoluciona a un ritmo muy lento. Las mujeres han salido a la esfera pública, pero todavía son muchas las que no cuentan que sufren violencia. Todavía hay muchos cambios que hacer en la estructura social. Un aspecto a destacar es que el número de mujeres que se casan antes de los 18 años se ha reducido notablemente. Esto es vital, porque permite que ellas mismas puedan crecer hacia la edad adulta y terminar con su educación. Ahora las mujeres son más valientes. Aunque a veces hay factores que también juegan en su contra. Muchas mujeres trabajan fuera de casa y esto incrementa los celos del marido y su desconfianza. Piensan que están en contacto con otros hombres, y a veces esto puede convertirse en un argumento para infligir malos tratos. El cambio en la mentalidad en los hombres es necesario.

Texto: Núria Messeguer y Aurora Díaz

Foto: Bárbara Mompó