¿Quién cuida a la cuidadora?

En las zonas rurales, los problemas de salud mental se traducen en una crisis de cuidados que obliga a niñas y adolescentes a abandonar la escuela.
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Kalpana es la menor de cuatro hermanas y la única que queda en el hogar familiar. Vive en Baglung, una de las zonas más rurales de Nepal donde las carreteras desaparecen con las lluvias torrenciales y las aldeas quedan incomunicadas hasta que alguna grúa retira las rocas desprendidas de los caminos.

Apenas se ha recuperado del susto. Hace menos de 48 horas, una manada de simios asaltó su casa y apaleó a su padre, que todavía anda encorvado del dolor. “Eran una treintena de monos, nos robaron toda la comida”, cuenta.

La joven vela por restaurar la calma en casa, mientras cuida a dedicación completa de sus padres, ambos con problemas de salud mental. El diagnóstico de ambos es incierto, como sucede con la mayoría de personas que habitan estas montañas verdinegras del oeste de Nepal marcadas por la pobreza, los terremotos y las secuelas de una guerra civil. 

Cada día, la pequeña de la familia Sharma se levanta a las 06:00, prepara el desayuno, cuida del huerto y proporciona las medicinas a su madre, en tratamiento desde hace más de 20 años. “Si se despierta y no ve a nadie, sufre ataques de pánico. Me gustaba estudiar, pero tuve que dejarlo para cuidar de mi madre”, añade.

Kalpana solía repartirse las tareas del hogar con sus tres hermanas mayores, pero, una tras una, se fueron casando, abandonando el hogar y desentendiendose de tal responsabilidad. Ahora se encuentra sola al cargo del cuidado de sus padres, cada vez más mayores y en peor condición: “Nadie cuida de mí. La última vez que me sentí cuidada fue hace unos 15 años, cuando era pequeña. Me puse muy enferma y mi hermana Laxmi me llevó a cuestas hasta el hospital. Caminó durante 4 o 5 horas”, recuerda.

En el interior de su casa, Kalpana guarda con cariño su libro de lengua, que hojea con asiduidad. No pierde la esperanza de retomar los estudios un día para convertirse en profesora de nepalí.Yo no puedo marcharme de casa, no sé qué acontecerá en el futuro. Mi único deseo es que mi madre se recupere. Si eso sucede, la escuela, el trabajo y todo lo demás irá bien”, dice a sus 21 años.

Kalpana ha tenido que abandonar los estudios para cuidar de su familia

Texto: Eva Galindo Soriano | Fotografías: Bárbara Mompó Salvador | Traducción: Kunjani Pariyar Pyasi