Renacer tras 57 días de cuidados intensivos

• La devastadora segunda ola de covid-19 golpeó la India a mediados de abril hasta alcanzar más de 400 mil casos diarios durante la segunda semana de mayo
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Era 8 de abril de 2021 cuando Kishore* llegó a urgencias. El silencioso principio de una terrorífica segunda ola que todavía no había estallado. Los centros sanitarios operaban a su ritmo habitual y no se podían ni imaginar lo que iba a ocurrir en unos pocos días. El Hospital de Bathalapalli de la Fundación Vicente Ferrer era su única alternativa. Se había gastado todos sus ahorros en visitas al hospital privado más cercano a su casa y en medicamentos que no le habían hecho ningún efecto.

 “Cuando llegó, le hicimos un primer diagnóstico de lo que parecía ser una neumonía aguda”, explica doctor Harish, responsable de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Bathalapalli. Los niveles de saturación de oxígeno en sangre estaban por debajo de 60 y decidieron hacerle una prueba PCR. Hacía meses que no recibían pacientes afectados por la covid-19, pero querían descartar la posibilidad. El resultado fue positivo. Y aunque el Hospital de Bathalapalli todavía no había sido declarado centro exclusivo para el tratamiento de la covid-19, lo admitieron. Estaba muy débil.

Le llevaron a la sala de aislamiento. No había pacientes. “Estando ahí solo sentía miedo. No podía pensar en nada más que no fuera el miedo”, confiesa Kishore. No pasaron siquiera 48 horas cuando un par de enfermeras lo trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde le proporcionaron soporte respiratorio no invasivo a través de una máscara facial. “Allí, tumbado en la cama, empecé a pensar en mi familia. ¿Cómo van a conseguir dinero si no puedo trabajar? Si no trabajo no hay dinero. No van a poder comprar comida. Si no puedo coser, mis hijos no tendrán nada que comer…”, admite Kishore con la mirada fija en el suelo.

Él es tejedor de sarees. Fue el oficio de su padre y ahora es el suyo. Tiene el telar en casa y con el apoyo de su mujer y sus hijos, quienes preparan los tintes para los hilos y los dejan bien desenredados, confecciona las prendas. Es un proceso artesanal que le ofrece la posibilidad de trabajar en casa para poder pasar más tiempo junto a su familia, pero solo le permite ganar lo necesario para vivir al día. 

“Recuerdo que estaba muy débil, no tenía esperanza… Y después nada. Mi cabeza se convierte en un gran vacío”, relata Kishore. Tan solo un día después de ingresar en la UCI, los doctores tuvieron que recurrir a la ventilación artificial, intubándole y sedándole para asegurar una correcta ventilación pulmonar. Durante más de 40 días el ventilador asistió su respiración.

“El día que le vi entrar a la UCI por primera vez no tenía ni un 1% de esperanza”, admite doctor Harish mientras cuenta que desgraciadamente ha vivido muchos casos como este y rara vez se recuperan. “Le expliqué a su mujer la gravedad de la situación, y le dije más de cinco y más de seis veces que su marido no iba a sobrevivir. La quería preparar, pero ella nunca perdía la esperanza”, explica el doctor.

 

RESISTIR AL OTRO LADO DEL CRISTAL

Sharmila*, la mujer de Kishore, no se iba a rendir. Día tras día, sin descanso, se levantaba a las 3 de la mañana para rezar. Dos, tres horas de oraciones antes de ir a coger el autobús dirección Bathalapalli. Y una vez en su asiento seguía. “Rezaba a dios para que encontrará la manera de salvar a mi marido, nadie confiaba en que se podía recuperar… En el pueblo ya le daban por muerto, pero yo no podía ni imaginármelo. Le necesito. Mis hijos le necesitan, somos una familia, sin él no podemos seguir adelante.”, afirma Sharmila con las manos temblorosas.

Ella marchaba de casa cada mañana para ir al hospital, sin excepción alguna. Sabía que no podría acercarse a su marido, a veces ni siquiera verle de lejos, pero podría hablar con el doctor Harish para saber su evolución. “Había días que la dejaba asomarse a la ventana de la UCI para que pudiera ver a su marido” explica el Harish. Ponía la mano en el cristal, y aunque su marido no podía verla, le mandaba ánimos con gestos y señas. Eres muy fuerte, le decía. Los niños y yo estamos contigo, repetía. Y las enfermeras le explicaban a su marido que ella estaba allí, y le transmitían todo su apoyo. “Nos asegurábamos que Kishore supiera que su mujer venía a visitarle cada día”.

Una mañana, cuando Sharmila ya había perdido la cuenta de los días que llevaba cogiendo el mismo autobús dirección Bathalapalli, los doctores la recibieron con varios papeles que necesitaban su signatura y consentimiento. Su marido necesitaba que le realizaran una traqueotomía percutánea –procedimiento quirúrgico para crear una incisión en la tráquea y poder inserir un tubopara facilitar el paso del aire a los pulmones–. “Cogí los papeles, los firmé y lo único que pude hacer fue rezar para que todo saliera bien”, admite Sharmila.

Treinta minutos más tardes ya habían acabado. Todo había salido bien, pero Sharmila seguía nerviosa. Dr. Harish decidió hacer la vista gorda, le dio un Equipo de Protección Personal y la dejó sentarse al lado de su marido dentro de la UCI. Sharmila se sentía feliz, era la primera vez que estaba físicamente cerca de su marido y él podía escuchar su voz.  Compartió su coraje y esperanza con él, y le recordó, como cada día, que pronto se iba a recuperar y podría volver a abrazar a sus hijos. “Fue extraño porque estaba contenta de estar a su lado, pero sentí más miedo que nunca. Vi que había perdido muchísimo peso, no era ni la mitad de lo que solía ser”, afirma con preocupación.

Los días pasaban y Kishore seguía entubado. La mujer le seguía enviando toda su fuerza a través del cristal. Un día tras otro. Y de golpe, un paro cardiaco. El tubo que le ayudaba a respirar se había bloqueado. Los médicos hicieron todo lo posible, y sobrevivió. La mujer no perdía la esperanza. Pasaban los días, y seguía allí. Hablaba con los doctores, y les pedía que por favor no se rindieran, asegurándoles que su marido no lo haría tampoco. Kishore sufrió un segundo paro cardiaco. “Estaba aterrorizada, los pacientes que compartían UCI con mi marido se iban muriendo y él seguía allí. Yo no quería perder la esperanza, pero tenía muchísimo miedo”, confiesa Sharmila. Un tercero. “Sufrió tres paros cardiacos, los dos últimos a causa de infecciones secundarias, que se convierten en uno de los mayores peligros cuando los pacientes están tan débiles”, explica el doctor Harish.

 

ANTE EL DESCENSO DE LA SEGUNDA OLA

Hoy ya hace 18 días que Kishore salió de la UCI. “Lo primero que vi al despertarme fue a mi mujer. Juntos llamamos a mis hijos, y aunque yo todavía no podía hablar, escuchaba sus voces”, explica Kishore con lágrimas en los ojos y una sonrisa sincera. Desde que salió, los niños le llaman diez veces al día, como mínimo. Quieren recuperar todo el tiempo y no perder ni un segundo más. Le hacen todo tipo de preguntas, quieren saberlo todo. ¿Cómo estás? ¿Qué has comido hoy? ¿Qué medicina has tomado? ¿Ha venido el doctor a verte? ¿Qué te ha dicho? Quieren saber que todo va bien y que pronto volverá a casa con ellos. “Los niños han sufrido mucho, han pasado mucho tiempo solos porque yo tenía que venir al hospital”, explica Sharmila. Sus vecinos más cercanos han ofrecido un apoyo esencial a la familia durante uno de sus peores momentos. Les han dado comida, han jugado con los niños y han organizado oraciones conjuntas, sin importar la religión, con la intención común de conseguir que Kishore se recuperara.

“Días después de salir de la UCI mi hija mayor me preguntó que cuando podría volver a trabajar” explica Kishore  mientras se le va rompiendo la voz. Los médicos le han recomendado reposo absoluto durante 3 meses, como mínimo. Tiene que volver a coger fuerza, su cuerpo ha sufrido muchísimo. “Le dije que de momento no podría trabajar, y ella me dijo que no me preocupará, que no les importaba comer solo una comida al día en vez de tres si me recuperaba.”, relata emocionado. Para él es esencial poder proveer a su familia, poderles alimentar. Pero ahora quiere priorizar el cuidado de su salud, y confía en que alguien les apoyará para poder conseguir comida nutritiva.

Durante 57 días Kishore ha estado ingresado en el Hospital de Bathalapalli. Se contagió, ingresó, y revivió 3 veces mientras ese mismo sufrimiento que él y su familia estaban viviendo afectaba cada día a más y más personas. El 8 de abril de 2021, India reportaba 131 mil casos que se convirtieron en más de 400 mil un mes después. Todos los hospitales del país estaban desbordados, no había camas, no había oxígeno. Sólo sufrimiento. “En la UCI más de un 60% de los pacientes no han sobrevivido y ni siquiera es gente mayor, la media es de unos 35 años”, explica doctor Harish mientras compara las cifras con la primera ola, cuando más del 65% de los pacientes se recuperaron. “Es devastador ver a pacientes morir sin siquiera poder hacer nada para salvarles. Pero cuando no podíamos más, mis compañeros y yo íbamos a visitar a Kishore. Cuando el desaliento nos ganaba la partida él era nuestra inspiración”, cuenta Dr. Harish asintiendo la cabeza. 

“Hoy todos hemos venido a despedirnos y a celebrar el nuevo aniversario de Kishore, el inicio de su nueva vida, su tercera reencarnación”, dice Dr. Harish mientras bromea con los médicos que le han cuidado durante su larga recuperación. Sharmila sonríe y agradece a todo el equipo el apoyo médico y emocional que les han brindado. “Si se ha recuperado es gracias a ti, a tu optimismo. Los días que escuchaba tu voz su saturación aumentaba”, afirma el doctor Harish mientras giña un ojo a Kishore y le dice que tiene una mujer muy fuerte a su lado. Las risas y la emoción inundan la habitación, y mientras Sharmila se agacha para coger la mochila les dice a los médicos: “Mañana ya no me veréis bajar del autobús. Hoy me vuelvo a casa con mi marido y me encargaré de que no tenga que volver”.

*Los nombres de este reportaje han sido cambiados con el objetivo de preservar la identidad de sus protagonistas.