Tadimarri: el pueblo que celebra, por primera vez, una manifestación por el Día de las Mujeres

Niñas y mujeres de esta pequeña aldea del sur de la India alzan la voz con un grito unánime: "Queremos Igualdad".
Paloma Navas
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Los tambores empiezan a sonar a cargo de un grupo de percusionistas, hijos y hermanos de las mujeres presentes, quienes encaminan la manifestación hacia la calle principal del pueblo de Tadimarri.  Junto a ellos, la gran pancarta “Prosperidad para las mujeres”, avanza con firmeza a manos de las más jóvenes. Ellas no están solas, van acompañadas de unas 200 mujeres y sus mejores sonrisas. Porque en Tadimarri hoy es un día de lucha, sí, pero también de celebración. “Me siento feliz porque para mí el día de hoy es una fiesta, es un día especial, para compartir, pero sobre todo es el día de la libertad”, remarca la lideresa de uno de los 15 sangham que participan en la concentración, Sujatha. Su grupo, Vijayalakshmi, en castellano significa victoria. “Los sanghams me han dado la oportunidad de plantearme cosas que nunca había imaginado, como la independencia económica”, explica la miembro del sangham, de más de 60 años, Kullayamma.

El sol ya empieza a brillar con fuerza, y los colores parecen más vivos que nunca.  Saris azules, verdes, rosas, rojos, con infinitos estampados. Pelos trenzados con cariño y garra, decorados con ramilletes de pequeñas flores anaranjadas que se dejan caer junto al recogido. Bindis rojos y adornos doradosꓼ pendientes, colgantes, brazaletes. Y, entre sus mejores galas, se levantan pequeñas pancartas, todas con un claro mensajeꓽ igualdad.

En medio del bullicio hacen un pequeño corro, como para empezar a calentar. Y las mujeres, entre miradas cómplices,  se empujan las unas a las otras para acabar en el centro del círculo y bailar con una mezcla de timidez y poder. El desfile no decae, todo lo contrario, cada vez coge más fuerza y va impregnando cada pequeño rincón de la ciudad con su mensaje de lucha y celebración.  Avanzan a paso lento pero con decisión. “Igualdad entre mujeres y hombres”,  gritan.  Y en dos hileras a medio hacer  siguen el recorrido por el centro del pueblo, que tiene como objetivo visibilizar toda la opresión que sufren las mujeres y concienciar de la importancia de construir un cambio.  Juntas avanzan. “Prevención de las bodas precoces”, gritan.

Y desordenadamente, en medio de la agitación de la calle principal, se forma un gran círculo, que bloquea el tránsito, creando un  pequeño caos que no apacigua, ni por un momento, las reivindicaciones.  “Queremos el retiro de la dote”, vitorean. “Educación para las niñas”, repiten otras. A medida que cantan las consignas se van creciendo. No dudan, lo tienen claro, y lo van decir tan fuerte como sea necesario. “Y que vivan los grupos de mujeres”, gritan todas.

El 8 de marzo como enseñanza

Y entre el alboroto y los canticos, tres niñas, sin ni siquiera sonrojarse, convierten el corro en una pista de baile. Se colocan en el centro y continúan con la celebración. Bailan “Saauson”, una danza característica de los pueblos y de celebraciones que tienen como punto común la unión. Hoy se baila en homenaje a la unión de las mujeres. Cada movimiento  desprende seguridad y gozo. Los tambores no dejan de sonar, y una de las manifestantes, Nagarthnamma, explica: “vengo con mis hijos e hijas porque esta es la mejor enseñanza que les puedo regalar”.

Todas relucen, y no solo por la lluvia de purpurina que ha bañado a todas las asistentes, también por su energía. Las pancartas siguen alzándose entre las dos filas que fallidamente intentan  ordenar a las mujeres. Y encabezando una de ellas, Sindu de 9 años, mientras sujeta una pancarta en contra la violencia de las mujeres, “estoy feliz de poder participar en el cambio de mi futuro”, cuenta. Y junto a ella, Shantamma explica que la unidad de las mujeres es fundamental, ya que esta ayuda a prevenir la violencia o a terminarla. Sin dudar, afirma que “la unidad de las mujeres debe seguir y crecer porque eso las hace más fuertes”.

Juntas siguen avanzando hasta llegar al final del recorrido, en una de las escuelas de la FVF, donde luego compartirán todas juntas el almuerzo.  Se reúnen bajo una carpa que cubre de mandalas y colores a todas las mujeres y niñas. Allí, recogidas bajo la sombra, reposa la intensidad de aquel preciado momento, la primera manifestación de mujeres en el pueblo de Tadimarri. Un día de celebración y de unión. Y como si del destino se tratase, en el centro de cada mandala bordado en la carpa, dentro de un círculo verde, se descubría la palabra “AMAR”- nombre de la compañía de tejidos-. El verbo que las había llevado hasta allí. Y, casi sin darnos cuenta, entre esos destellos de color esperanza, se construía el futuro. El futuro de las mujeres, el futuro de las hijas.

Texto: Núria Navarro

Fotos: Paloma Navas