"Tholu bommalata": teatro de sombras y despedidas

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Nimmalakunta es conocida como “la aldea de las marionetas”, cuna de cuentacuentos y titiriteros, un lugar en el sur de la India donde lo ancestral convive con lo fantástico.

Allí habita Aswani, marionetista y madre de una hija y dos hijos. Con la vuelta a las clases, se despide del verano y de su hija Bhuva, quien vive a kilómetros de distancia durante el curso escolar. “En casa nos arreglamos bien, pero Bhuva está mucho más segura en el colegio. Todo está adaptado, recibe atención constante de las cuidadoras y está rodeada de niñas y niños como ella. Es duro echarla de menos, pero sé que es feliz, comenta.

Hace casi una década que Aswani se separó. Desde entonces, es ella sola quien saca adelante a la familia alternando varios empleos. Además de la creación de marionetas, la joven madre trabaja como cocinera en una escuela pública. “Mi madre es muy buena. Trabaja en dos sitios para poder ahorrar y así pagar mi operación de pierna”, cuenta la pequeña, que nació con una dismetría.

Aswani, marionetista y madre de tres

Bhuva camina con la ayuda de una prótesis, pero, a sus nueve años, nunca se está quieta. “Siempre está revoloteando a mi alrededor, aunque no quiero que camine demasiado porque luego le duele la pierna. Me gustaría que no tuviera que preocuparse por eso nunca más”, afirma Aswani.

El verano transcurre entre paseos por los campos de mangos, juegos en familia y tholu bommalata, el teatro de sombras. Madre e hija se sumen en el diseño y la elaboración de títeres de piel, un arte que se transmite de generación en generación desde hace siete siglos.

Entre pinceladas y recortes, ambas comparten anécdotas y confidencias. Charlamos sobre el colegio y sus amigas y, a veces, se queda dormida en mi regazo. Le explico lo importante que es su educación y que tiene que aprender mucho de sus profesoras. A veces, me pregunta por su padre. Yo le cuento que ya no es parte de la familia y lo entiende. Me dice que no necesita conocerle y que nosotras ya somos suficiente”, añade, emocionada.

Bhuva aprende a confeccionar las marionetas de tholu bommalata

Mientras Aswani repasa con un pincel negro la silueta de una nueva marioneta, Bhuva aplica el color. Sus vivencias en la Escuela Inclusiva de la Fundación Vicente Ferrer colman de alegría a su madre. Yo me casé muy pronto y no tuve la oportunidad de estudiar. Bhuva es mi única niña y quiero que estudie mucho para que sea independiente y tenga una buena vida”, remarca.

La escuela es un lugar donde no existen barreras arquitectónicas ni cognitivas y donde 269 estudiantes con y sin discapacidad aprenden juntos en un entorno libre de discriminación. Bhuva recibe una educación personalizada y de calidad orientada a maximizar todas sus capacidades e independencia. 

En Nimmalakunta, cuando cae la noche, las marionetas cobran vida y los marionetistas actúan como pequeñas divinidades en el diminuto universo de un escenario. Es el momento donde, tradicionalmente, se representan las grandes epopeyas indias como el Ramayana, el Mahabharatha y el Bhagavatha. Entre claroscuros, Aswani hace danzar a los títeres al tiempo que interpreta otra gran gesta: la suya, la de una heroína anónima que cada fin de verano se despide de su hija y lucha para que goce de las oportunidades que ella nunca tuvo.

Aswani y sus tres hijos

Texto: Eva Galindo Soriano | Entrevista: Katia Álvarez Charro | Fotografías: Katia Álvarez Charro y Cristóbal Sánchez