"Todo lo que le ocurra a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra"

• En el DM del Medio Ambiente, la FVF recuerda que la protección de la naturaleza es un compromiso de individual y colectivo
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“Todo lo que le ocurra a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra”. Estas palabras las pronunció el líder tribal Jefe Seattle en 1854, en respuesta al entonces presidente de EE.UU. Franklin Pierce, que le había comunicado que adquiriría sus territorios, esos que hoy conforman Washington. Los nativos llevaban mucho tiempo sufriendo las amenazas y asesinatos de los colonos para invadir sus tierras. También conocían la voracidad con la que las aniquilarían y las consecuencias que esto tendría en nuestros descendientes.

Hoy, científicos y líderes en incidencia política de todo el mundo advierten de que debemos cambiar nuestros hábitos irrespetuosos con la biodiversidad, nuestro antropocentrismo respecto a la naturaleza, pulmón de la tierra y encargada de protegernos incluso de pandemias.

El calentamiento global y el cambio climático son hoy incuestionables y la mayoría social escucha el grito de socorro del planeta, así que poco a poco vamos asumiendo que somos responsables de mantener el ecosistema. Eso obliga a replantear fórmulas de explotación tan asentadas como las plantas de carbón para satisfacer la demanda de energía, la ganadería industrial o tratamiento y reciclaje de residuos como el plástico que tanto están afectando a las especies oceánicas. Este compromiso necesita de acción por parte de las instituciones públicas, privadas y, por su puesto, nuestro compromiso individual.

La India, entre los principales emisores de dióxido de carbono

La India, junto a China y EE.UU. son los principales emisores de dióxido de carbono, responsable del calentamiento global. Al tratarse de países con densidades poblacionales enormes, todo lo que ocurra allí tiene consecuencias en todo el mundo. En la India, los niveles de contaminación son muy altos en las zonas urbanas, donde reside tan solo el 30% de la población.

Para la Fundación es esencial que el trabajo con las comunidades parta de iniciativas que favorezcan el crecimiento sostenible

El resto, el 70%, vive en zonas rurales y es población eminentemente agrícola y ganadera. Para la Fundación Vicente Ferrer es esencial que el trabajo con las comunidades parta de iniciativas que favorezcan el crecimiento sostenible. Por esto, el planteamiento respetuoso con el medio ambiente se ha convertido en un eje transversal en todos sus programas de desarrollo, desde la construcción de viviendas o escuelas con materiales locales y sostenibles, hasta la instalación de letrinas para paliar la defecación al aire libre, pasando por la instalación de plantas de biogás, sistemas de aprovechamiento del agua, la reforestación y plantación de árboles frutales hasta, algo fundamenta, la formación del campesinado en buenas prácticas y gestión de residuos. De esa manera, son las propias comunidades las que impulsarán la transformación necesaria en las aldeas para conseguir un desarrollo que se pueda mantener en el tiempo.

En Anantapur los niveles de oxígeno son muy bajos para la población. Por eso plantamos alrededor de un millón de árboles al año

Cada año, la Fundación y su red de colaboradores plantan cerca de un millón de árboles, entre frutales y autóctonos. Teniendo en cuenta que Anantapur es la segunda región más seca de la India después del desierto de Rajastán, la reforestación es esencial. La leña sigue siendo el combustible más utilizado para cocinar y se talan centenares de árboles cada día. Desde el Programa de Ecología de la Fundación, Satia Narayana explica: “un territorio necesita un 30% de vegetación para proporcionar oxígeno suficiente a la población y en Anantapur solo contamos con un 10% de superficie arbolada”. Llegará un momento que todo árbol plantado permanezca en su sitio para atraer la lluvia, aumentar los niveles de oxígeno, alimentar a los animales, permitir que aniden las aves, o den sombra y humedad a la tierra y no solo para reponer lo talado.

El trabajo de la Fundación es un ejemplo de cómo el enfoque local, si se multiplica, tendrá beneficios globales y permitirán a la naturaleza seguir el curso de su vida, protegiendo a las futuras generaciones que asimilarán de manera natural que la tierra es el hogar de toda la humanidad.