Una mirada artística hacia la inclusión social

• Ocho artistas de las Islas Baleares forman parte de la tercera edición de “Mata Ombres” (Mata Sombras), una iniciativa que tiene por objetivo impulsar el arte y la educación como herramientas de transformación social.
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Aún siendo un espacio exterior, nada más cruzar la puerta de la Escuela Profesional de Kuderu, el aire se entremezcla con partículas de pintura. Los alumnos de la escuela ríen a carcajadas mientras delinean el universo de Doralice Souza, del que hacen también un espacio propio. Multitud de colores y animales aparecen retratados sobre un fondo que era blanco, todas las figuras han sido creadas por ellos mismos. "El mural representa el colorido de la India y también hace referencia al medio ambiente con la frase "love and respect", que está en inglés y en telugu. Quería que fuera un mural participativo”, comenta la artista.

Un total de ocho artistas baleares forman parte de la tercera edición de “Mata Ombres” (Mata Sombras), una iniciativa que aúna arte por la transformación social. El proyecto nació en 2017 de la mano del comisario de arte Antoni Torres y se ha convertido en uno de los eventos anuales más dinámicos del territorio Anantapur. La presente edición ha contado con la participación y el talento de Amparo Sard, Tomeu Coll Ramon, Doralice Souza, Pep Guerrero, Cristina Torbellina, Rif Spahni, Albert Pinya y Zulema Bagur.

Esta iniciativa artística se divide en tres partes. Antoni Torres cuenta que la primera “es la realización de obras gráficas por parte de reconocidos artistas de baleares, cuya distribución y venta sirve para recaudar dinero y construir una escuela en el área de actuación de la FVF”. La segunda es “el viaje a Anantapur, donde cada artista realiza una obra de arte que permanecerá en las instalaciones de la Fundación”. Y la última “consiste en una exposición itinerante con las obras que hacen los artistas, inspirándose en su experiencia en la India”.

Miradas hacia el futuro

Las casas de la infancia de Bathalapalli, donde residen niñas y niños huérfanos, ahora cuentan con una pared abierta al patio teñida de flores y pigmentos. “Me he inspirado en las flores de la India. Es un mural con mucho movimiento que expresa también un país en marcha, dentro del cambio”, explica la pintora Zulema Bagur. En su obra, las niñas han colaborado recortando las flores.

A pocos metros de las casas, en el centro de parálisis cerebral, nace otro mural del artista Albert Pinya. “El arte va más allá de lo estético, también está relacionado con el compromiso social”, explica. Además añade que, acostumbrado a pintar solo, ha ido viendo cómo el espacio se iba llenando de niños y sus reacciones. “Quiero contagiar una sonrisa a los niños y niñas a través de estos personajes [del mural], que sea un juego para ellos, que les pongan nombre y que formen parte de su día a día. Quiero que sea una mirada hacia el futuro”, dice.

Arte y crítica

La tercera edición ha culminado con un conjunto de murales en la Escuela Inclusiva donde ha participado el alumnado y los artistas. Los uniformes han pasado de ser granates a multicolor, mientras la pintura se extendía por las manos, el cuerpo e incluso las trenzas de algunas niñas. Los artistas, emocionados ante tal celebración, disfrutaron tanto como los niños. “Esto da sentido a todo nuestro trabajo”, comentan entre ellos. La obra de la artista Amparo Sard, realizada con plásticos reciclados, ya cuelga en la Escuela Inclusiva de secundaria. Predomina el blanco y el negro como crítica a una sociedad que no reacciona a las injusticias. Hemos acostumbrado nuestros ojos a ver dolor ajeno, ya sea en los medios, en Internet... Actuamos de manera hipócrita”, añade la artista.

Texto: Núria Meseguer Ferré y Aurora Díaz